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lunes, 5 de octubre de 2015

Pinturas rupestres, ¿expresión de magia simpática?

Panel del unicornio, en el llamado Salón de los Toros de las cuevas de Lascaux (Francia)
Fot. tomada de Redes: Observatorio, análisis y reflexión
"Estas pinturas son tan viejas como cualquier otro rastro de obra humana. Y, sin embargo, al ser descubiertas en las paredes de cuevas y rocas en España y al sur de Francia en el siglo XIX, en un principio los arqueólogos no podían creer que aquellas representaciones de animales tan vívidas y naturales hubieran sido hechas por hombres del período Glaciar. Poco a poco, las rudas herramientas de piedra y hueso que se hallaron en estas regiones fueron dejando en claro que aquellos bisontes, mamuts y renos sí habían sido pintadas por hombres que cazaban a estos animales y que por eso los conocían tan bien. Es una experiencia extraña descender a estas cuevas, pasando a veces por pasadizos bajos y estrechos, siendo necesario adentrarse en la oscuridad de la montaña, para ver de pronto la linterna eléctrica del guía iluminar la pintura de un toro. Una cosa está clara, nadie se arrastraría hasta las pavorosas profundidades de la montaña solamente para decorar un lugar tan inaccesible. Más aún, pocas de estas pinturas se distribuyen con claridad por los techos o las paredes de la cueva excepto algunas pinturas de la cueva de Lascaux. Por el contrario, están colocadas allí confusamente, una encima de la otra y sin orden o designio aparente. Es verosímil que sean vestigios de aquella creencia universal en el poder de la creación de imágenes; en otras palabras, esos cazadores primitivos creían que con sólo pintar a sus presas -haciéndolo tal vez con sus lanzas o sus hachas de piedra- los animales verdaderos sucumbirían también a su poder. 

Naturalmente esto es una mera conjetura, pero encuentra su mejor apoyo en el empleo del arte entre los pueblos primitivos de nuestros días que han conservado aún sus antiguas costumbres. Bien es verdad que no encontramos ninguno ahora -al menos en lo que a mí se me alcanza- que trate de operar exactamente según esta clase de magia; pero la mayor parte de su arte se halla íntimamente ligado a ideas análogas acerca del poder de estas imágenes"

E.H. GOMBRICH, La Historia del arte


miércoles, 25 de septiembre de 2013

Dolmen El Mellizo, Valencia de Alcántara (Cáceres)

Dolmen el Mellizo. Vista frontal del corredor
Ya nos hemos referido alguna vez a la extraordinaria riqueza de Extremadura y el Alentejo, su vecino portugués, en monumentos megalíticos. Vamos a aprovechar para volver hoy sobre uno de los dólmenes mejor conservados de la zona, el Dolmen del Mellizo, en la localidad cacereña de Valencia de Alcántara. El monumento también es conocido por los nombres de Aceña Borrega, Anta de la Marquesa o Datas III.

Para acceder al mismo se ha de llegar hasta el pequeño pueblo de Aceña de la Borrega y seguir las indicaciones que nos conducen por una pista de tierra hasta nuestro destino. Aunque está en una finca privada, se permite el paso al dolmen a través de un camino flanqueado por paredes de piedra. Lo primero que llama la atención al verlo, es la magnífica integración que ofrecen los impresionantes ortostatos de granito que lo componen con los numerosos afloramientos del mismo material que rodean el otero sobre el que se asienta y desde cuya posición se pueden admirar los batolitos de la Sierra de Jola.

Dolmen el Mellizo. Vista de la cabecera.
Fechado entre el IV y el III milenio a.C., es un buen ejemplo de dolmen de cámara con corredor corto, formado en su caso por dos ortostatos apoyados horizontalmente en el suelo. Su proximidad a otros dólmenes de la zona, como el de las Datas y del Corchero, permiten deducir que conformaban un área de necrópolis.

Dolmen el Mellizo. Cámara interior
Es uno de los pocos dólmenes de la región que conserva, no sólo la cubierta de la cámara, sino también la puerta que salvaba la diferencia de altura entre cámara y corredor. Aunque hoy no quedan restos visibles, debió estar cubierto originalmente por un túmulo cuyo diámetro se calcula que fue de unos 15 metros. La cámara interior es circular y está formada por ocho ortostatos, alguno de ellos roto, como el de la cabecera, y otros dañados. Tiene un diámetro de 3 m x 3,60 m., y una altura de aproximadamente 2,50 m. 

Dolmen el Mellizo. Planta

La excavación que realizó en 1985 Bueno Ramírez permitió recuperar algunos restos como puntas de flecha, fragmentos de cerámica y algún pulimentado, que se conservan en el Museo de Cáceres.

Dolmen el Mellizo. Alzado

lunes, 24 de septiembre de 2012

Sobre los orígenes del megalitismo

Menhir da Belhoa (V milenio aC).
Reguengos de Monsaraz, Portugal.
Aprovecho el comienzo del nuevo curso, y el inicio del temario de la asignatura de Historia del Arte, para recordar un viaje realizado al Alentejo durante el otoño pasado en el que tuve la oportunidad de visitar y conocer algunos de los monumentos megalíticos de la región.

El origen del fenómeno megalítico ha sido uno de los temas más estudiados y debatidos por los prehistoriadores. Durante muchos años se impuso la denominada tesis orientalista, que sostenía que el origen del megalitismo había que buscarlo en el Mediterráneo oriental y desde allí, a  través de la búsqueda de los metales y los contactos comerciales establecidos en el otro extremo mediterráneo, el fenómeno se extendió hacia la fachada atlántica. Siguiendo esta tesis, Smith, por ejemplo, afirmaba que los dólmenes no eran más que una síntesis de las mastabas egipcias; Leeds, por su parte, situaba el origen del megalitismo en las islas Cícladas, donde se documenta algún mégaron a finales del Neolítico; y otros, como Obermaier, Almagro y Arribas, pensaban, en cambio, que era en Creta donde había que buscar el origen del megalitismo, al entender que los sepulcros megalíticos de corredor eran una evolución de los tholoi.

A partir de los años 70 del siglo pasado, las investigaciones llevadas a cabo por Renfrew, aplicando técnicas de datación del Carbono 14 en monumentos megalíticos de Bretaña, las islas británicas, Dinamarca y Malta, vinieron a demostrar, contrariamente a lo que se pensaba, que el megalitismo atlántico era más antiguo que el mediterráneo. Los monumentos de este tipo más antiguos se fechan en torno al 4800 aC y se localizan en Irlanda y Bretaña. En la Península Ibérica, los restos más antiguos se remontan al 4500 - 4300 aC, y se encuentran precisamente en el área alentejana, limítrofe con la Extremadura española que también es igualmente rica en restos megalíticos. Así pues, el area alentejana y extremeña registra la mayor concentración de dólmenes de toda la Península Ibérica. Entre ellos el dolmen más grande de Portugal, el llamado Anta Grande do Zambujeiro; el menhir da Meada,  que con sus siete metros de altura es el más alto de la península; y el cromlech de Almendres, el ejemplo más notable de este tipo de megalito en este territorio y que tenía especial interés en conocer. Sin embargo, las lluvias caidas sobre los caminos de tierra que conducen hacia el mismo me obligaron a desistir de mi intento y dejar la visita para otra ocasión.

Cromlech Xarez do Baixo (4.000 - 3.000 aC aprox.).
Reguengos de Monsaraz, Portugal
Sí pude  visitar y conocer, en cambio, en las inmediaciones de Monsaraz, el menhir da Belhoa o Bulhoa y el cromlech Xarez do Baixo, ambos correctamente señalizados y de fácil acceso, a los pies del risco montañoso sobre la que se levanta ese hermosísimo pueblo encerrado entre las murallas de su castillo.

El primero de ellos se trata de un mehir encontrado en 1970. Apareció fracturado y, para restituirlo a su altura original, se le colocó una base de granito. Los arqueólogos lo fechan hacia el V milenio aC. Sobre el sentido de los menhires también han formulado los estudiosos diferentes hipótesis, que apuntan, en unos casos, al carácter funerario, en otros, a un sentido astronómico relacionado con el calendario agrícola, y una tercera que considera que los menhires podían ser una forma de delimitación territorial o de demarcación del territorio. Con esta última se ha querido relacionar el menhir da Belhoa, ya que en su parte superior están grabados líneas serpentiformes, un gran sol,  y báculos, que pudieran remitir, estos últimos, a la actividad pastoril, como una forma de reafirmación territorial.

Cromlech Xarez do Baixo (4.000 - 3.000 aC aprox.). 
Reguengos de Monsaraz, Portugal

Muy cerca de allí, encontramos el cromlech de Xarez do Baixo, fechado entre el 4.000 y el 3.000 aC. Con motivo de la construcción del embalse de Alqueva, el más grande de toda la Península Ibérica, para evitar que quedara sepultado por sus aguas, se trasladó en 2003 a su actual emplazamiento, junto al convento de Orada. Se trata de un recinto megalítico constituído por algo más de cincuenta menhires graníticos, de los cuales algunos alcanzan el metro y medio de altura, que rodean a un menhir central de 4,50 metros decorado por una línea vertical. Llama la atención la disposición cuadrangular de las rocas, en lugar del tradicional círculo, y que ha sido motivo de polémica entre los especialistas. La misma se debe a la reconstrucción llevada a cabo por su descubridor, el arqueólogo Pires Gonçalves, en los años 70 del pasado siglo. Al parecer se basó en las marcas que decoran una de las caras de uno de los menhires pequeños que forman parte del perímetro y que él interpretó como una reconstrucción de la planta del cromlech. La mayoría de los especialistas entienden que esta interpretación carece de base y nunca ha gozado del consenso de la comunidad científica.

Sobre el megalitismo en general, podeis leer un buen artículo en Mundo Historia, y también estos dos Irlanda y los orígenes del megalitismo atlántico I y la segunda parte del mismo. Por último, más información sobre los megalitos alentejanos, en esta otra.

lunes, 6 de octubre de 2008

Megalitismo de las islas Baleares


Taula, Menorca

Una de las manifestaciones más singulares del megalitismo europeo es el que se desarrolla en las islas Baleares y que mantiene correspondencia con la arquitectura megalítica de otras islas del Mediterráneo como Córcega y Cerdeña.

Cronológicamente el fenómeno se produce en plena Edad del Bronce, y viene determinado por una arquitectura en base a grandes bloques de piedra sin desbastar, que se concretan en tres tipos de construcciones: taulas, talayots y navetas.

Las taulas están formadas por dos bloques, uno horizontal y otro vertical que le sirve de soporte. Al parecer debían estar relacionadas con algún tipo de manifestación ritual, ya que en sus proximidades se han encontrado restos de hogueras y de ofrendas de animales.



Talayot, Menorca

Los talayots pueden ser de varios tipos: circulares, cuadrados o escalonados. En principio se les atribuyó exclusivamente una función defensiva, aunque las investigaciones actuales apuntan que también pudieron tener alguna otra de carácter ritual, además de servir como depósito para almacenar y redistribuir la carne.

En cuanto a las navetas, se trata de construcciones longitudinales, que sirvió tanto como vivienda como enterramiento colectivo. Estos últimos constaban de un pasillo que finalizaba en una o dos cámaras sepulcrales superpuestas.

Naveta dels Tudons (2000 - 800 AC), Menorca


En esta dirección puedes encontrar más información sobre las construcciones megalíticas de las islas Baleares.




domingo, 28 de septiembre de 2008

Construcciones megalíticas

Alrededor del quinto milenio antes de nuestra era, en gran parte de la Europa atlántica y meridional, asistimos a una de las manifestaciones más interesantes de la Prehistoria: la construcción de monumentos con piedras de gran tamaño (megalitos). Podemos considerarlos como las primeras muestras de la arquitectura. Fundamentalmente reconocemos tres tipos de construcciones megalíticas: menhires, cromlech y dólmenes.

Si tenemos en cuenta las dimensiones de muchas de esas piedras, el número de ellas empleadas en los monumentos, y los medios humanos y técnicos que entonces disponían nuestros antepasados, podemos hacernos una idea de lo extraordinario del fenómeno y de la complejidad que habían alcanzado aquellas sociedades que transitaban a la Edad de los Metales.



A todos los seguidores de las aventuras de Asterix nos resulta familiar la imagen entrañable de Obelix transportando sobre su espalda una gran piedra, un menhir, ya que ese y no otro era su oficio, repartidor de menhires. La palabra es de origen bretón, y viene a significar algo así como "piedra vertical". Es la más básica de todas las construcciones megalíticas, y consiste simplemente en un monolito vertical que se fijaba en el suelo, y cuya finalidad no está muy clara. Para algunos debía tratarse de un elemento conmemorativo, quizá con fines rituales, fijar el alma de los difuntos a la tierra o rendir culto al sol, como podría desprenderse del impresionante alineamiento de menhires de Carnac, en la Bretaña francesa.



El cromlech consiste en un círculo de menhires, y el más popular de todos es Stonehenge, en Inglaterra. Aunque su explicación sigue siendo un enigma, todo parece indicar que formaba parte de un complejo ceremonial mucho más grande. Se piensa que pudiera tratarse de un templo religioso donde se rendiría culto al sol, o una especie de calendario astronómico que servía para predecir las estaciones, ya que en el ángulo nordeste presenta una abertura que coincide con el punto exacto donde nace el sol cada solsticio de verano.


La más común de todas las construcciones megalíticas es el dolmen, cuya finalidad es claramente funeraria. En su forma más simple, no es más que una cámara funeraria abierta, formada por dos o más piedras que hacen de pared, y una gran losa que las cubre. El conjunto solía recubrirse de tierra, que en la mayoría de los casos está desaparecida.



Pero tomando como referencia su planta, distinguimos otros dos tipos algo más complejos y evolucionados: la galería dolménica y el sepulcro de corredor.
La galería dolménica es un pasillo adintelado, sin distinción entre el corredor y la cámara. Uno de los mejores ejemplares es la llamada Cueva de Menga, en Antequera. Consta de 33 bloques de piedra trabajados y ensamblados con gran precisión, formando un túmulo recubierto de tierra. En su construcción debió trabajar durante años un gran número de personas, allá por el Calcolítico, entre el 2.500 aC y el 2.200 aC.
El sepulcro de corredor, consta de una cámara poligonal o circular a la que se accede mediante un pasillo. En ocasiones, la cámara en lugar de estar cubierta con piedras planas, lo estaba mediante una falsa bóveda. Un buen ejemplo lo podemos ver también en la provincia de Málaga, en el Dolmen de Romeral, con doble cámara, la mayor de 85 m de diámetro y 8 m de altura. Como la anterior, se erigió en el Calcolítico, entre el 2000 aC y el 1800 aC.
En esta dirección puedes encontrar una buena página sobre la cueva de Menga, que incluye animaciones y actividades en torno a ella. Y en esta otra, sobre el megalitismo en general.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

La pintura rupestre levantina

En los tiempos que corren actualmente, con todo lo que venimos oyendo, viendo y leyendo sobre el calentamiento global y el cambio climático, quizá sea un buen momento para recordar que no se trata de un fenómeno nuevo y desconocido, ya que a lo largo de la historia de la Tierra se han producido fenómenos similares a los que ahora venimos detectando, de aumento y subida de las temperaturas medias del planeta. Sólo a lo largo del período Cuaternario (aproximadamente los últimos dos millones de años), los científicos han datado cuatro grandes épocas glaciales (descenso de las temperaturas e intenso frío), y otras cuatro interglaciales (de aumento de las temperaturas y períodos cálidos). Pues bien, durante el Paleolítico Superior, el período en que se desarrolla la pintura franco-cantábrica, fue una época de intenso frío, en el que como puede apreciarse en el mapa, los hielos (de color negro) cubrían gran parte de Europa hasta el punto que el actual Canal de La Mancha era entonces un puente de hielo (punteado gris) entre Gran Bretaña y el continente.

Hace aproximadamente unos 10.000 años, finalizó el último período glacial, y las temperaturas empezaron a subir paulatinamente. Ese cambio climático ayudaría, con toda seguridad, a la modificación de los hábitats de vida de los hombres prehistóricos, entre los cuales debió incluirse el abandono de las cuevas, donde se había desarrollado el arte paleolítico, y el inicio de la ocupación de abrigos rocosos iluminados por la luz del sol, en los que dejó muestras de un nuevo estilo pictórico. La evolución del mismo corre parejo con los cambios que llevarán del Paleolítico al Neolítico.


En la Península Ibérica, cubriendo un arco que va desde Cataluña hasta Andalucía, han aparecido algo más de 900 muestras de pintura de este estilo, lo que pone de manifiesto la importancia de la zona en este período y justifica plenamente la denominación de pintura levantina. Aunque los prehistoriadores mantienen discrepancias en cuanto a la datación cronológica de las pinturas, y algunos como el abate Breuil y P. Bosch Gimpera las fechan a finales del Paleolítico Superior, la mayoría de ellos, actualmente, tienden a considerar que pudieron iniciarse en el Mesolítico y se prolongaron durante el Neolítico y la Edad de los Metales, aumentando el esquematismo de las pinturas conforme avanzamos en el tiempo.


Las diferencias de la pintura levantina con la franco-cantábrica, especialmente son de carácter plástico y narrativo. En general, podríamos decir que la pintura levantina se caracteriza por:

1.- composiciones esquemáticas, abandonando el naturalismo, y reduciendo el cuerpo humano a formas geométricas o simples trazos.
2.- composiciones dinámicas en grupos. Tanto hombres como animales son representados, no de forma aislada y estática como ocurría en el Paleolítico, sino en grupo, formando escenas, y en movimiento. La mayoría de las escenas son de caza, danzas o escenas bélicas.
3.- protagonismo de la figura humana. Si en la pintura franco-cantábrica la aparición de la figura humana era excepcional, ahora adquiere un gran protagonismo junto con la representación de animales (ciervos, cabras montesas, jabalíes, etc.). Destaca, igualmente, la aparición de la figura humana, tanto masculina como femenina.
4.- la técnica de la pintura es monócroma, y las siluetas de las figuras se rellenan en rojo, negro y en algunas ocasiones blanco. La pintura se aplica de manera uniforme, es decir, mediante tintas planas.

Como puede apreciarse en las imágenes, la pintura levantina tiene una especial capacidad para captar gestos y actitudes, lo que hace de ella, en palabras del prof. Antonio Beltrán, "el legado artístico más lleno de vida que nos ha transmitido la Prehistoria europea". Entre los numerosos restos del arte levantino, destacan las pinturas del Barranco de la Valltorta (Castellón) y las de Cogüll (Lérida).

Por su importancia, en 1998 la UNESCO acordó incluir el arte rupestre del arco mediterráneo de la Península Ibérica en la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Arte prehistórico

En esta presentación puedes ver un resumen de algunas de las obras más significativas del arte prehistórico.
Arte de la Prehistoria
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lunes, 18 de agosto de 2008

Las Venus paleolíticas

Venus de Willendorf
Junto con la pintura franco-cantábrica, la otra gran manifestación artística del Paleolítico es el arte mobiliar, constituído en su mayor parte por un pequeño grupo de algo más de 250 estatuillas femeninas, en las que predomina el naturalismo, denominadas venus esteatopígicas o paleolíticas. Están elaboradas en marfil, piedra o terracota, y son de pequeño tamaño (entre los 4 y los 25 cm aproximadamente). 

Los hallazgos de estas figuras se han realizado en una amplia zona geográfica que cubre desde Gran Bretaña hasta Siberia, aunque ninguno de ellos en la Península Ibérica (hay dos figuras pero de muy dudosa atribución).

 La expresión Venus aplicada a estas figuras ha tenido un enorme éxito, aunque no se corresponda con los cánones dominantes en la actualidad de belleza femenina. El término esteatopígica, por otra parte, se refiere a la obesidad o abultamiento de ciertas partes del cuerpo, y de manera especial la de los órganos sexuales, de tal manera que pechos, caderas, glúteos y vientre se muestran de una forma muy exagerada.


Venus de Lespugue
Aunque no todas las venus presentan los mismos rasgos, es posible establecer algunos comunes a todas ellas:

1.- siempre se representa la parte central del cuerpo: senos, vientre, nalgas, muslos y sexo.
2.- apenas se representan por contra, las manos, los pies, los miembros superiores y, en menor grado, las piernas.
3.- la representación del rostro puede considerarse como excepcional, ya que tan sólo la Dama de Brassempouy y la Venus de Dolni Vestonice nos lo muestran.

Venus de Savignano
Como ocurre con todo el arte prehistórico, una de las cuestiones más controvertidas es la interpretación del significado de estas estatuillas. José María Gómez Tabanera (El enigma de las venus paleolíticas, revista Historia 16, nº 17, 1977), recoge las que tienen mayor aceptación entre los investigadores. La más extendida y aceptada es la de considerarlas como objetos de carácter religioso, relacionados con la fecundidad y la abundancia, y por tanto, con la perpetuidad de la especie. Las otras interpretaciones varían entre considerarlas como objetos de magia simpática o mimética; las que las consideran como objetos de un significado chamánico también relacionado con la fecundidad; también hay quien las toma como expresiones votivas que prestarían protección frente a las enfermedades, por ejemplo; finalmente, también hay quien ve en ellas un claro reflejo de una sociedad matriarcal.

A todas ellas, apuntadas en el artículo citado, habría que añadir otra de carácter ornamental, ya que algunas de ellas presentan orificios en alguna parte que permiten suponer que también pudieron ser colgantes.

Junto a estas líneas podemos ver algunos de los ejemplares más sobresalientes de la escultura paleolítica: la Venus de Willendorf, la Venus de Lespugne, la Venus de Savignano y la extraordinaria Dama de Brassempouy.

Venus de Brassempouy

Para acceder a una muestra más amplia de Venus puedes pinchar aquí.

viernes, 8 de agosto de 2008

Las cuevas de Lascaux (Francia)

Junto con las cuevas de Altamira, en Cantabria (España), las cuevas francesas de Lascaux, en la región de la Dordogne, constituyen el más importante ejemplo de la pintura paleolítica de la escuela franco-cantábrica.

Las cuevas fueron descubiertas accidentalmente por cuatro adolescentes (Marcel Ravidat, Jacques Marsal, Georges Agnel y Simon Coencas) el 12 de septiembre de 1940, durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. A pesar de los duros momentos que se vivían en Francia y en Europa, el descubrimiento tuvo eco inmediato entre los investigadores, como el abate Breuil y A. Cheynier, que la visitaron inmediatamente y realizaron las primeras investigaciones. Tras la finalización de la guerra, en 1945, las cuevas se abrieron al público, registrándose desde el principio un gran número de visitas (hasta 1.200 por día y más de 50.000 al año). Tal avalancha de visitantes alteró considerablemente las condiciones ambientales que habían permitido durante miles de años conservar intactas las pinturas, y se impuso tomar algún tipo de medida de protección, que no llegaría hasta 1955, en que empezaron a restringirse las visitas. La medida no fue suficiente, y en 1963, siendo ministro de Cultura el escritor André Malraux, se adoptó una medida drástica, el cierre definitivo de las cuevas al público. Lo que se visita actualmente es una réplica de las mismas (igual que ocurre en Altamira) bautizada como Lascaux II.

El método de datación del Carbono 14, tal como se indica en la página web oficial del gobierno francés, arroja para las pinturas una antiguedad de 15.500 años. Las pinturas más espectaculares se encuentran en un gran espacio conocido como "Sala de los toros" con figuras que impresionan por sus dimensiones, ya que alcanzan hasta los 5 m.; pero además hay otras muchas galerías de menor tamaño. En su interior hay más de 1.500 grabados y unas 600 pinturas, que reproducen las características de la escuela franco-cantábrica: naturalismo; pinturas de gran tamaño con figuras generalmente estáticas; figuras tanto aisladas como en grupo; policromía en tonos amarillos, rojos, negros y marrones, que rellenan la figura por completo; y rara presencia de la figura humana.

En relación a esto último, encontramos en Lascaux la famosa "Escena del pozo", una de las pocas ocasiones en que aparecen figuras humanas. En ella, un hombre itifálico y con cabeza de pájaro se sitúa frente a un bisonte. Suele interpretarse como la representación del éxtasis de un hechicero y se relaciona con ritos de fecundidad y el mundo espiritual. Sin embargo, las interpretaciones, como en tantos otros casos del arte paleolítico, es compleja y varían mucho según los distintos investigadores.

Además de los animales mencionados, la fauna representada en Lascaux es muy variada, con ciervos, caballos, uros, rinocerontes, etc. Llama la atención, no obstante, que sólo se representa un reno, cuando en las excavaciones arqueológicas se constata que el 90% de los restos encontrados pertenecen a este animal.

En la web de las cuevas de Lascaux puede realizarse una interesantísima visita virtual al interior de las grutas, y apreciar imágenes tan interesantes como la "Vaca negra" o el "Caballo chino", entre otras muchas, además de una muy buena información sobre la historia e investigaciones realizadas en torno a las mismas. También en youtube puedes ver este pequeño video en francés.

domingo, 13 de julio de 2008

Altamira, la "Capilla Sixtina" del arte cuaternario

Como ya hemos comentado en otra ocasión, el descubrimiento de las cuevas de Altamira se produjo en 1879, por el arqueólogo, médico y botánico cántabro, D. Marcelino Sanz de Sautuola, aunque no sería hasta 1895, muerto ya D. Marcelino, en que la comunidad internacional aceptó el hecho de que aquellas pinturas eran obra de artistas paleolíticos.

Las pinturas de Altamira responden a diferentes secuencias cronológicas. Las más importantes desde el punto de vista artístico, como son los cérvidos y los bisontes de la Sala de los Polícromos, corresponden al Paleolítico Superior, y los expertos le atribuyen una datación entre 15.000 y 12.000 a.C., pertenecientes por tanto al período Magdaleniense III. Su estilo corresponde al de la escuela franco-cantábrica, caracterizado por el naturalismo, la policromía, y la representación de figuras de animales policromadas de gran tamaño, tanto aisladas como en grupo. Sin embargo, recientemente, aplicando métodos de datación cronológica indirectos, basados en la serie de uranio que se utilizaba para fechar concreciones calcáreas, se ha conseguido fechar un signo pintado en rojo en esa misma sala de polícromos en el Auriñaciense, con una antigüedad de 36.160 años. 

Durante los años 60 y 70 del siglo pasado, los numerosos visitantes hicieron peligrar su microclima y la conservación de las pinturas, por lo que en 1977, se cerró la cueva al público, hasta que en 1982 se reabrió, permitiendo el acceso a un reducido número de visitantes por día. Las esperas para visitar la cueva se alargaban hasta un año, por lo que se optó, siguiendo el modelo francés adoptado en Lascaux, por construir una réplica de la original. Esa réplica, denominada Neocueva, se inauguró en el año 2001.

Las cuevas son de pequeña extensión, y tienen una estructura sencilla, formada por una galería con distintas ramificaciones, en la que se reconocen tres zonas: entrada (lugar de habitación durante el Paleolítico), la Gran Sala de los Polícromos y luego el resto de pinturas repartidas en otras galerías.

El bisonte es el animal más representado en Altamira (hasta 16 ejemplares). Freeman defiende la teoría de que los bisontes representados en el techo de la Gran Sala de Altamira adoptan actitudes propias de su comportamiento real en la naturaleza, llegando a identificarse, dice, posturas de la época de celo, a finales del verano. Sin embargo, la figura de mayor tamaño de toda la cueva es la Gran Cierva, de 2,25 m. y con una representación de una técnica magistral, destacando la firmeza del trazo, el modelado cromático y la estilización de las extremidades. Pero en Altamira, además, podemos encontrar representaciones de caballos, cabras, diferentes signos, estampaciones de manos, tanto en positivo como en negativo, etc.


Para completar la información puedes visitar la web del Museo de Altamira, o ver en youtube este video


jueves, 10 de julio de 2008

¿Por qué pintaban los hombres del Paleolítico?

El abate Henri Breuil en las cuevas de Rouffignac (1957)
Uno de los asuntos más controvertidos del arte prehistórico, y en particular de la pintura, es su significado. ¿Por qué y para qué pintaban los hombres del Paleolítico? Desde luego, no es una pregunta que tenga una respuesta fácil, y los investigadores, como no podía ser de otra forma, manejan diferentes hipótesis, algunas aparentemente con más fundamento que otras, pero todavía hoy continúa siendo un misterio sin resolver.

De entre todas las posibles respuestas que se han dado, hay dos que poseen una mayor aceptación entre los estudiosos, la que aportó en los años 50 el abate Henri Breuil, y la teoría que manejó a partir de los 60 André Leroi-Gourhan, ambos franceses. A ellos dos corresponden las imágenes que ilustran este comentario. En la primera puede verse al abate Breuil en las cuevas de Lascaux (Francia), tumbado y contemplando las pinturas del techo, con un cigarrillo encendido colgando de sus labios. En la segunda Leroi-Gourhan se nos muestra con un aspecto de intelectual elegante y refinado, al que contribuye no poco la pipa que sostiene entre sus manos, mientras mira directamente a la cámara. Desde luego, esas fotografías en blanco y negro producen un sentido evocador de otros tiempos, de un espíritu aventurero y pionero, cercanos a la imagen cinematográfica de un Indiana Jones. Pero también ilustran perfectamente, lo que sufrieron las pinturas paleolíticas durante muchos años, hasta el punto de correr un grave peligro de desaparición y tener que tomar medidas extremas para su protección, como es el caso de las propias cuevas de Altamira y de Lascaux.

André Leroi-Gourhan
Ambos investigadores mantuvieron posturas diferenciadas sobre la interpretación del arte paleolítico, pero coinciden en algo, tanto para uno como para otro, el arte rupestre va más allá de lo puramente artístico, no es sólo un afán estético el que lo guía. Breuil, pensaba que las pinturas tenían un significado mágico y ritual. Nuestros antepasados, al igual que algunas tribus primitivas actuales, pintaban aquello que iban a cazar, y lo hacían pensando que de esta forma la caza les iba a ser más favorable, o abundante, de ahí que también aparezcan figuras de hembras preñadas. Sería por tanto un rito propiciatorio de magia simpática. Esta teoría ya había sido formulada por Salomón Reinach en 1903, pero fue el abate Breuil quien la hizo popular en 1952. En contra de esta tesis se dice que los animales más pintados eran bisontes y caballos, pero que, en cambio, no eran estos los animales más cazados por nuestros antepasados del Paleolítico. A partir de los años noventa, y tomando como referencia las dataciones cronológicas de muchas de las pinturas, esta teoría ha tomado impulsos renovados.

Por su parte, André Leroi-Gourhan, formuló una teoría mucho más compleja, de carácter estructuralista, y a la que no es ajena su propia formación como antropólogo. A partir del análisis in situ de más setenta cuevas europeas, y aplicando métodos estadísticos, creyó encontrar en todas ellas un patrón de comportamiento común. En contra de la opinión sostenida hasta entonces, afirmó que la distribución de las imágenes y su localización en el interior de las cuevas, no era aleatorio ni producto del azar, sino que reproducían una secuencia que se repetía de una a otra. Según él, hay determinados animales, el bisonte y el caballo, que ocupan el centro de las composiciones; mientras que otros, como los ciervos, cabras, etc., tienen una disposición periférica con respecto a los primeros. A partir de ahí, concluyó que el bisonte y el caballo representaban, respectivamente, lo femenino y lo masculino, es decir, las fuerzas opuestas y complementarias del Universo que generan la vida. En su opinión, las cuevas pintadas serían una especie de santuarios religiosos, en los cuales podrían haberse llevado a cabo determinados ritos de iniciación, relacionados con el paso de la adolescencia a la vida adulta. Los detractores de esta teoría argumentan que, de ser cierta, exigiría que todas las pinturas se hubiesen realizado de una vez, siguiendo un "programa", lo que no siempre se corresponde con las dataciones cronológicas de las pinturas, y además en muchas de las cuevas no se encuentra la misma organización.

Sean las explicaciones estas, o cualquiera de las otras que se han dado, la respuesta sigue abierta.

miércoles, 9 de julio de 2008

El descubrimiento del arte prehistórico

Bisonte. Cuevas de Altamira
El Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO, reunido en Québec (Canadá), acaba de declarar al arte rupestre paleolítico de la cornisa cantábrica, como Patrimonio de la Humanidad. Desde 1985 ya formaba parte de esa lista, la más ilustre de todas las cuevas europeas, Altamira (Cantabria), lo novedoso es que, ahora la declaración se amplía a otras diecisiete cuevas repartidas entre las comunidades de Asturias, Cantabria y el País Vasco.

Artísticamente, las pinturas de estas cuevas pertenecen al estilo llamado franco-cantábrico, ya que, aunque no es exclusivo de esta región, las manifestaciones más abundantes e importantes se concentran en Francia y en la cornisa cantábrica peninsular. Cronológicamente, corresponden al Paleolítico Superior, y a las más antiguas se les calcula una edad de 25.ooo años. Junto a la de Altamira, la otra gran cueva de este período es la francesa de Lascaux.

Marcelino Sáenz de Sautuola, descubridor
de las Cuevas de Altamira
La pintura franco-cantábrica se reconoce por una serie de rasgos diferenciadores. El más notable de ellos es el naturalismo, tan sorprendente que llevó a dudar en un principio si eran manifestaciones del hombre prehistórico. La búsqueda del naturalismo llevó a los artistas a valerse incluso, de las protuberancias y salientes de las paredes sobre las que pintaban para producir la sensación de volumen. En general, estas pinturas son estáticas y de gran tamaño, y sólo en raras ocasiones representan a la figura humana, ya que prefieren la figuración de animales como bisontes, ciervos, caballos, etc. Aparecen tanto aisladas como en grupo, y policromadas, en rojo, negro y ocre, rellenando de color toda la figura.

Quizá ahora, con esta declaración de la UNESCO, sea un buen momento para recordar las circunstancias en que se produjo el descubrimiento del arte paleolítico y la inicial desconfianza e incomprensión que suscitó. El descubridor de las cuevas de Altamira fue Marcelino Sanz de Sautuola, médico, botánico y arqueólogo santanderino, quien en 1879, en compañía de su hija María, de doce años, se adentró en el interior de una gruta, en las proximidades de Santillana del Mar, en la que se produjo el hallazgo. Fue María, al parecer, quien llamó la atención de su padre sobre las pinturas del techo.

Un año después, en 1880, dio a conocer el hallazgo, que causó un gran revuelo entre los expertos mundiales. El francés Émile de Cartailhac, lideró la opinión de la comunidad científica, poniendo en duda la autenticidad de las pinturas, por la perfección de las mismas y su estado de conservación. En 1888, murió Marcelino Sanz de Sautuola, sin que su gran descubrimiento le fuese reconocido en vida. No sería hasta 1895, cuando el francés Rivière descubrió unas pinturas similares en la gruta francesa de La Mouthe, que las dudas sobre Altamira se disiparon. Fue entonces cuando Cartailhac y el abate Breuil estudiaron la cueva de Altamira, y el primero de ellos escribió su famoso "Mea culpa de un escéptico", en el que reconocía su error y elogiaba el trabajo y la figura del santanderino.
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