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viernes, 29 de octubre de 2010

Un paseo por Lovaina (y 3)

Groot Beginjhof, Lovaina.


Muy cerca de la Iglesia de San Quintín, donde dejamos nuestro paseo, aparece ante nosotros el Groot Beginjhof (Beaterio Mayor), uno de los lugares más encantadores de Lovaina. Fundado hacia 1230, llegó a ser uno de los mayores beguinajes de Bélgica.

El acceso al mismo se produce por un portal de estilo neoclásico que nos conduce a un auténtico remanso de paz y tranquilidad. Las aproximadamente sesenta o setenta casas de ladrillo rojo que componen este conjunto, fueron levantadas durante los siglos XVII y XVIII y muestran un aspecto muy sobrio, propio de la Contrarreforma católica. Allí donde antiguamente hacían su vida retirada y pidadosa las beguinas o beatas, hoy hacen la suya los estudiantes (no cuesta mucho imaginar que bien distinta), ya que la Universidad adquirió el conjunto en el año 1961 y lo convirtió en viviendas para ellos.


Groot Beginjhof, Lovaina.


Sus calles adoquinadas, el césped de sus pequeñas plazas y jardines, el rumor de las aguas del río Dilje que transita entre ellos, ... hacen del Groot Beginjhof, declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad, un auténtico regalo para cualquiera que, con un mínimo de sensibilidad, visite Lovaina, por eso, después de disfrutar del silencio y del frescor de este mágico lugar, cuesta abandonarlo para ir retornando sobre nuestros pasos.


Si ascendemos por la empinada calle Ramberg pasaremos por delante de la Capilla de San Antonio y alcanzaremos nuevamente, una vez más, Naamsestraat, para encontrarnos casi de frente con el Colegio del Rey, fundado por Felipe II en 1579, por la insistencia de Guillaume Lindanus, obispo de Ruremonde, durante su estancia en la corte madrileña.


J. GHENNE. Colegio del Rey (1776 - 1779). Lovaina


El actual edificio se construyó en estilo neoclásico entre los años 1776 y 1779 siguiendo los planos de J. Ghenne. Sobre un cuadrado levantó un edificio de dos plantas, salpicando sus fachadas de ventanas rectangulares enmarcadas en piedra, con una perfecta simetría. El resultado es un conjunto armonioso y equilibrado.

En el centro de la fachada principal se distinguen cuatro pilastras planas de orden jónico cubiertas por un frontón triangular. En el cuerpo inferior, en el espacio entre las pilastras, se abren a cada lado de la puerta dos nichos vacíos, con arcos de medio punto, al igual que la puerta principal.

La fachada lateral del Colegio del Rey mira de frente a la formidable Iglesia de San Miguel, probablemente la mejor de Lovaina. Levantada por los jesuitas en el siglo XVIII, es una joya del barroco flamenco. La obra fue encargada por la Compañía de Jesús a uno de sus propios hermanos, el padre Guillaume Hesius, que además de religioso, era arquitecto, poeta y amigo de Rubens, a quien esta fachada debe algunas cosas. En 1635 el infante Fernando de Austria visitó Amberes, y la ciudad encargó a Rubens el diseño de las arquitecturas efímeras habituales en estos fastos. Tuvieron una gran acogida, y llegaron a publicarse los dibujos en un libro en 1641. De allí tomó Hesius no pocos detalles para la iglesia de San Miguel. Su estructura, en cambio, deriva de modelos romanos como la iglesia de Santa Susana, de Carlo Maderno.



GUILLAUME HESIUS. Iglesia de San Miguel (1650 - 1666). Lovaina


La iglesia fue construída a mitad del siglo XVII. Presenta planta de cruz latina y ábside semicircular. Su fachada es un auténtico altar barroco, grandioso, pleno de dinamismo y con una exultante decoración en sus pilastras y columnas, en los frontones rotos, en las volutas y frisos, donde se repiten motivos naturalistas como racimos de uvas, palmas, angelotes o los dos grandes ángeles haciendo sonar sus trompetas del cuerpo superior. Lamentablemente mi visita a Lovaina coincidió con uno de los días que el templo permanecía cerrado y no pude admirar su interior, que por las fotografías y las referencias, puede calificarse de soberbio.

Oude Markt, Lovaina
A un paso de San Miguel está la populosa Oude Markt. Esta plaza adoquinada cuenta con un elevado número de edificios de ladrillo rojo adornados con los típicos gabletes de la arquitectura popular del norte de Europa. Algunos de ellos son del siglo XVIII, aunque la mayoría son modernos. Los bajos de todos ellos están ocupados por bares y terrazas, prácticamente llenos a cualquier hora del día por los estudiantes, universitarios y constituye un magnífico lugar para disfrutar de un café, una cerveza o una copa, según el momento del día.




 ALPHONSE VAN HOUCKE. Edificio de Correos (1893 - 1895). Lovaina


Llegados a este punto hemos terminado prácticamente nuestro paseo, ya que al salir de la Oude Markt entramos en la Groot Markt y emprenderemos el camino de regreso a la estación, dejando de visitar algunos otros lugares de interés. Si bordeamos San Pedro por su fachada principal tendremos ocasión aún de admirar en uno de los ángulos de la Smordesplein el pintoresco edificio de la Oficina de Correos, construída a finales del siglo XIX en estilo ecléctico por el arquitecto e ingeniero Alphonse Van Houcke. Los distintos tipos de materiales empleados le dan un aire muy colorista, con el negro de las pizarras, el rojo y el blanco de las piedras de la fachada. En el ángulo posee una curiosa de formas bulbosas y rematada por una aguja. La organización de la fachada presenta claras disimetrías que, sin embargo, no perjudican el conjunto.

Si pensais visitar Lovaina o teneis interés en alguna de las obras que hemos mencionado en este paseo, os recomiendo la obra de Edward van Even, Louvain dans le passé & le present, un clásico de 1895 con una importante cantidad de datos e información sobre las maravillas de la ciudad.

martes, 21 de septiembre de 2010

La Place du Petit Sablon: arte, historia y naturaleza en Bruselas

PAUL HANKAR (diseño).  Verja de hierro de la Place du Petit Sablon, (Bruselas)


No han pasado ni siquiera tres semanas que mis pasos se hundían entre la gravilla y la arena del Petit Sablon. Sin embargo, el vertiginoso comienzo de curso, hace que al contemplar estas fotografías parezcan mucho más lejanas en el tiempo. La vuelta a las rutinas cotidianas ha sido este año especialmente dura por mis nuevas obligaciones laborales, y la evocación de esta pequeña plaza de Bruselas me hace añorar la tranquilidad, el sosiego, el descanso y la  belleza que desprenden cada uno de sus rincones y que tan difícil me resulta encontrar en estos días.

Entre los muchos atractivos artísticos que nos ofrece la capital belga, está esta pequeña plaza, situada en la parte alta de la ciudad, en el selecto y elegante barrio del Sablon.  A escasos metros del Museo de Bellas Artes y del Museo Magritte, rodeada de tiendas de anticuarios, selectas chocolaterías y agradables terrazas en el verano donde tomar un café o una cerveza viendo pasar a la gente, la coqueta y tranquila Place du Petit Sablon constituye un punto de encuentro perfecto de arte, historia y naturaleza. Veremos por qué.

A lo largo del siglo XIX Bruselas, como tantas otras capitales europeas en aquel siglo, sufrió profundas transformaciones urbanísticas. Una de ellas fue la prolongación de la Rue de la Regence, para unir la monumental Place Royale con el Palais de Justice. La reforma urbanística separaba la preciosa iglesia gótica de Notre-Dame du Sablon, de un terreno que durante la Edad Media sirvió de cementerio al Hospital de Saint-Jean, que por entonces ocupaba aquellos terrenos. A lo largo del siglo XV los enterramientos en aquel lugar se fueron espaciando cada vez más, hasta que acabó convirtiéndose en un espacio público en el que llegó  a establecerse incluso un mercado de caballos.

HENRI BEYAERT. Place du Petit Sablon, (1890). Bruselas.


Las autoridades municipales de la ciudad decidieron aprovechar la reforma urbanística para levantar sobre el solar un pequeño parque con la pretensión de que se convirtiera en un monumento de exaltación patriótica, en un país que acababa de alcanzar la independencia unos años antes.

Para lograrlo, confiaron el trabajo a Henri Beyaert, uno de los mejores arquitectos belgas del momento. Buena parte del reconocimiento que goza la obra de Beyaert radica en que fue de él de quien Paul Hankar y Víctor Horta,  dos de las figuras más importantes del art nouveau, adoptaron el uso del metal, tanto en la construcción como en la decoración, la combinación de materiales ricos en color, la fluidez de líneas, el juego de claroscuros, la importancia del moderno confort y, sobre todo, la idea que toda construcción debe ser una obra de arte hasta en los menores detalles.

Como tantos arquitectos de su tiempo, encuadrados en la arquitectura historicista, de tanto éxito en Europa, la propuesta de Beyaert mira hacia el pasado, hacia la historia. En la mayor parte del continente, el gótico o el clasicismo son los referentes artísticos más habituales, pero Beyaert, en cambio, apuesta por un estilo más relacionado con las particularidades de la región y elige lo que los historiadores llaman neorrenacimiento flamenco. Un estilo que le permitirá llevar a cabo una nueva lectura de la historia y el arte del siglo XVI en la que se presenta a Bélgica como un país libre, opuesto a la dominación española. Para conseguir dicho propósito, a Beyaert no se le ocurrió nada mejor que colocar en aquel lugar un monumento con las estatuas de los condes de Egmont y de Hornes, que capitanearon una revuelta de los Países Bajos contra España. Su aventura se pagó con su ejecución pública en la Grande Place de Bruselas en 1568, convirtiéndose en un símbolo de la resistencia flamenca.

CHARLES FRAIKIN. Monumento a los Condes de Egmont y Hornes (1864) en la Place du Petit Sablon, Bruselas.


El grupo principal, situado en el centro de la plaza sobre una fuente, viene acompañado de otras diez figuras que se disponen alrededor del mismo, en el jardín. Si las figuras de los condes representan la libertad política, estas otras, como la de los geógrafos Ortelius o Mercator, el botánico Dodonnée, y las demás, representan la libertad científica y religiosa.

En el momento que Beyaert realizó el proyecto, tenía entre sus colaboradores al joven arquitecto y escultor Paul Hankar, que entonces daba sus primeros pasos y que con el tiempo terminaría por convertirse en uno de los grandes arquitectos del art nouveau.

La participación de Hankar en el proyecto se concretó en el diseño y ejecución de la espectacular verja de hierro fundido que cierra el jardín. Una forma de integrar el espacio en el tejido urbano y, al mismo tiempo, disminuir el efecto de la fuerte inclinación del terreno. La reja está compuesta de diferentes tramos, separados por 48 columnas o pedestales de estilo neogótico, sobre las que se colocan otras tantas figuras en bronce. Cada una de ellas representa a los diferentes gremios medievales que había en la ciudad, como los cerveceros, albañiles, pizarreros, techadores, etc. Para el diseño de las figuras, Hankar se inspiró en los dibujos de Xavier Mellery y encargó su ejecución a algunos de los mejores escultores belgas del momento, como Lambeaux.

Por todo ello, la Place du Petit Sablon puede decirse que es "una enciclopedia viviente, un catecismo estatal, que permite aprender la historia, o una historia, sin esfuerzo. Sin embargo, si la obra de Beyaert proyecta al espectador hacia las raíces de la Bélgica independiente, también los sumerge igualmente en los orígenes de la vanguardia. Al privilegiar un trabajo artesanal y al llamar a Hankar, Mellery, Vander Stappen y Lambeaux, Beyaert anuncia todo a la vez, los últimos fuegos del historicismo y las premisas del Art nouveau" (Manöelle Wassige. Le Petit-Sablon: une  histoire de la Nation, en Art et architecture publics).

En esta página puedes ver todas las esculturas del Petit Sablon, y en esta otra una pequeña ficha con los autores y los gremios representados, así como la planta del jardín. Por último os dejo aquí una colección de fotografías de la Place du Petit Sablon.




sábado, 4 de septiembre de 2010

JOAN MARTORELL i MONTELLS, "Palacio de Sobrellano" (Comillas)

JOAN MARTORELL i MONTELLS. Palacio de Sobrellano (1888). Comillas (Cantabria)


En el año 1878 D. Antonio López y López, uno de los hombres de negocios más ricos e importantes de España, era distinguido por el rey Alfonso XII con la concesión del título de Marqués de Comillas. Tres años después, en 1881, coincidiendo con la visita del rey a Comillas, elevaba el título con la concesión de la dignidad de Grande de España, y al año siguiente designaba al Marqués como senador del reino.

Estas distinciones eran para el monarca la manera de pagar los muchos servicios que el empresario había prestado a la Corona a lo largo de su vida, especialmente en la financiación de las campañas militares en Cuba para acabar con los sueños independentistas de la isla. En cualquier caso, esos servicios no eran desinteresados, ya que la independencia cubana suponía un serio quebranto a los negocios del empresario.

D. Antonio López y López constituye un claro ejemplo en la España del siglo XIX de lo que los americanos llaman self made man. De orígenes muy humildes, con tan sólo catorce años emigró a América en busca de fortuna, como tantos y tantos españoles hacían por aquellos años. Allí terminaría por convertirse en un indiano, es decir, uno de aquellos afortunados que lograban su sueño y regresaban ricos a la península.


JOAN MARTORELL i MONTELLS. Palacio de Sobrellano (1888). Comillas (Cantabria). 


El Marqués había labrado su fortuna en los negocios emprendidos en la isla caribeña, entre los cuales se encontraba el despreciable comercio de esclavos. Su matrimonio con Luisa Brú Lassús, una rica cubana de orígenes catalanes, le ayudó también a levantar su imperio comercial. Entre los muchos negocios que emprendió, probablemente el más importante de todos fue la fundación en 1850 de una naviera, la Compañía de Vapores Correos de A. López  que luego pasaría a denominarse Compañía Trasatlántica Española. Pero su actividad abarcó otros muchos campos, como el financiero, llegando a presidir primero el Banco de Crédito Mercantil y más tarde el Banco Hispano Colonial, que él mismo fundaría. Tuvo igualmente negocios tabaqueros, fundando la Compañía General de Tabacos de Filipinas; invirtió en negocios mineros, a través de Hullera Española; se involucró en los nacientes ferrocarriles españoles, con su participación en Ferrocarriles del Norte; y aún podríamos añadir alguno más.

Poseedor por tanto de una inmensa fortuna, y premiado por el rey con un título nobiliario, decidió construirse una residencia y un panteón familiar en su villa natal de Comillas acorde con la posición social que ahora ostentaba, y que no dejara dudas de su poderoso status. El arquitecto elegido para el doble proyecto fue el catalán Joan Martorell i Montells, uno de los principales representantes del estilo neogótico en España. En Comillas dejó muestras de su forma de entender la arquitectura, con un marcado carácter goticista y ecléctico al mismo tiempo. Sus obras más importantes, no obstante, las había desarrollado en el terreno religioso, y entre ellas podemos citar la Iglesia de San Francisco de Sales, en Barcelona, o el Convento de las Adoratrices, también en la Ciudad Condal.


JOAN MARTORELL i MONTELLS. Palacio de Sobrellano (1888). Comillas (Cantabria).

Algunos investigadores destacan que la arquitectura de Martorell i Montells se distingue por la artificiosidad, la preparación técnica y ciertas dosis de atrevimiento en la realización de sus obras.  El neogótico dispuso de una gran aceptación tanto en Francia como en Inglaterra, por lo que no debe extrañar la influencia que tuvieron en su trabajo el francés Viollet-le-Duc, quizá el máximo difusor del estilo, y arquitectos ingleses como William Butterfield.

A su vez, Martorell fue uno de los maestros del joven Gaudí, colaborador suyo en estos dos trabajos para el Marqués de Comillas, encargándose del diseño del mobiliario del panteón familiar, situado a escasos metros de donde años después el propio Gaudí levantaría El Capricho. Fue de Martorell, precisamente, de quien tomaría Gaudí según la mayoría de los historiadores los elementos góticos que impregnan su arquitectura; y sería también Martorell la persona que propuso en 1883 el nombre de Antonio Gaudí como responsable de las obras de la Sagrada Familia en Barcelona.


JOAN MARTORELL i MONTELLS. Capilla - Panteón del Marqués de Comillas (1881). Comillas (Cantabria)


De los dos edificios que encargó Antonio López a Martorell, el primero en realizarse fue la Capilla, que integra igualmente la función de panteón familiar. La idea de la misma se plantea tras la muerte del primogénito del Marqués en 1876. Dos años después se inicia el proyecto, que concluye en 1881, el mismo año en que Alfonso XII elige Comillas por primera vez como lugar de veraneo.

El edificio, con una impecable ejecución neogótica, tiene una sola nave y está cerrada por una galería calada de planta poligonal que separa el presbiterio. La nave se ensancha por dos ábsides laterales que forman un falso transepto. En su interior, además del mobiliario de Gaudí, también hay importantes obras de arte como las pinturas de Llorens y Masdeu, o esculturas de Joan Roig, LLimona y Valtmijana.

El Palacio de Sobrellano se ejecutó más tarde, culminándose las obras en 1888. El resultado fue la obra civil más sobresaliente del arquitecto, y quizá también de todo el conjunto de su producción. En él se puede apreciar un perfecto ejemplo de arquitectura neogótica de clara ascendencia británica, mezclado con elementos tomados de palacios venecianos y del arte hispanomusulmán, que le otorgan ese carácter ecléctico al que antes nos referíamos.



JOAN MARTORELL i MONTELLS. Capilla - Panteón del Marqués de Comillas (1881). Comillas (Cantabria)


Para la fachada, imponente y muy movida, empleó materiales autóctonos, como la piedra de Carrejo. Destacan en ella las tres llamativas galerías abiertas, compuestas por elegantes arcos trilobulados que apoyan sobre finas y esbeltas columnas, y que se prolongan en los extremos en unos pequeños miradores poligonales. La galería central se adelanta y se asienta sobre un pórtico sostenido por arcos apuntados que descansan sobre poderosos pilares. Las suaves rampas que conducen hacia él y la escalinata de entrada, le confieren un carácter majestuoso y monumental.

En su interior se aprecia una estructura que suele calificarse de palladiana, con un recibidor que actúa como distribuidor y una espectacular y monumental escalera de mármol blanco con doble tiro. El espacio se ilumina a través de claraboyas hechas con vidrieras polícromas y resulta de una gran vistosidad.

En esta página podeis informaros algo más sobre la figura del Marqués de Comillas. En esta otra es posible ver fotografías antiguas del interior del palacio. Para saber más sobre la obra de Martorell i Montells, recomiendo el trabajo de Rosa Alcoy, que podeis completar con esta galería fotográfica de El poder de la palabra.
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