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domingo, 6 de marzo de 2011

"Vincent", de Don McLean

Portada del LP American Pie, de Don McLean
Entre los meses de mayo y junio del año 1971,  un joven cantautor norteamericano se encerraba en los estudios de la United Artists Records para grabar un puñado de canciones que se iban a convertir unos meses más tarde, en octubre, en su segundo LP.  Muy pocos conocían entonces a Don McLean, y lejos estaba él de imaginar  el revuelo que iba a causar aquel álbum, y especialmente la canción  American Pie, que también daba título al mismo. No recuerdo ninguna otra canción en la historia de la música popular contemporánea que haya generado tantos debates, tantas preguntas, tantos interrogantes sobre el significado de sus versos.  Cuarenta años después, el resultado se traduce en libros enteros dedicados a analizar la canción y los aspectos sociales, culturales y políticos a los que se refiere y en los que se produce, y todavía hoy la intensidad  del debate puede seguirse en los nuevos canales de comunicación que proporciona internet.

En el corte número tres del disco, McLean incluía también otra canción destinada a convertirse en emblemática, Vincent, dedicada al pintor Van Gogh, y que, editada en single, pronto alcanzaría el número 1 en las listas de éxitos en el Reino Unido y escalaría hasta el 12 en las de Estados Unidos. El Museo Van Gogh, en Amsterdam, saluda diariamente a sus visitantes con esta canción, que se ha convertido así en una especie de himno oficioso del pintor holandés y que algunos conocen como Starry, starry night, que son las palabras con que comienza.

Portada del single Vincent, de Don McLean
La idea de escribir sobre Van Gogh, se le ocurrió a McLean en el otoño de 1970, en una época en que trabajaba como profesor en una escuela de Massachussets. Una mañana, impresionado por la biografía de Van Gogh que estaba leyendo, sintió el impulso de escribir una canción sobre el pintor en la que se identificaba con su dolor y sufrimiento. McLean convierte la locura de Van Gogh en incomprensión de los demás, incapaces de percibir el mundo con la mirada sensible del holandés y sordos ante el mensaje que nos envía a través de sus pinturas. Cogiendo lo que tenía más a mano, una bolsa arrugada de papel, McLean se sentó en el suelo con su guitarra y una reproducción de la famosa Noche estrellada, y escribió la canción. Con su extraordinaria forma de cantar, el lirismo y la sensibilidad habitual de sus composiciones, McLean traza un retrato de la obra y la vida del artista, que no se limita al cuadro mencionado, sino que incluye numerosas referencias a los temas, los colores y las formas habituales en las obras de Van Gogh, así como el efecto que causan, al menos en el compositor.

Aquí teneis un montaje de la canción para que disfruteis de ella, con subtítulos en español e imágenes de pinturas de Van Gogh.


En el blog de Luis Beltrán podeis encontrar la letra en inglés y su traducción al español. Para conocer algunos detalles más sobre la canción y su autor, lo mejor es que visiteis la página oficial de Don McLean, o este artículo de The Telegraph de febrero de 2010.

viernes, 7 de mayo de 2010

Vincent Van Gogh (y 6): Auvers (1890)

VINCENT VAN GOGH. Retrato del Dr. Gachet (1890), Museo d'Orsay, París.


Los últimos meses de la vida de Van Gogh transcurren en el pequeño pueblo de artistas de Auvers-sur-Oise, al norte de París, donde llega en tren el 21 de mayo de 1890.

A poco de llegar inicia su amistad con el Dr. Gachet, un médico aficionado al arte, coleccionista de pintura y amigo de algunos pintores impresionistas, como Pisarro, que es quien les pone en contacto. De él hará Van Gogh un extraordinario retrato del que hay dos versiones (la primera en una colección privada y la segunda en París ). A su nueva amistad y al retrato se refiere en una carta a Théo fechada en el mes de junio:
"Me pareció en verdad tan enfermo y descorazonado como tú o yo, y es de más edad y perdió hace algunos años a su mujer; pero es muy médico y su profesión y su fe lo sostienen, sin embargo. Somos ya muy amigos [...]
Trabajo en su retrato, la cabeza con un gorrito blanco, muy rubio, muy claro, las manos también con una encarnación clara, un frac azul y un fondo azul cobalto, apoyado sobre una mesa roja, sobre la cual hay un libro amarillo y una planta de digital con flores púrpuras. Sigue la misma línea de sentimiento que mi retrato, que cogí cuando me vine para aquí.
El señor Gachet se ha vuelto un fanático de ese retrato y quiere que yo haga uno para él, si puedo, completamente igual, y yo estoy de acuerdo"

VINCENT VAN GOGH. Campo de trigo bajo un cielo de nubes (1890) Museo Van Gogh, Amsterdam


La actividad pictórica de Van Gogh en Auvers siguió igual de frenética que en las épocas anteriores. En los setenta días que permaneció allí, pinta setenta y dos pinturas y hace treinta y tres dibujos, alcanzando el punto culminante con una serie de paisajes en formato apaisado, entre los cuales destaca el célebre Campo de trigo con cuervos, que estaba terminando de pintar cuando muere. Las pinturas se amontanaban en una especie de corral donde se guardaban las cabras.

VINCENT VAN GOGH. Campo de trigo con cuervos (1890) Museo Van Gogh, Amsterdam

A pesar del trabajo constante que realiza, que su obra empieza a gozar de un discreto reconocimiento, y que incluso llega a vender una obra a la pintora belga Anna Boch por 400 francos (hoy en el Museo Pushkin de Moscú), Vincent no logra superar las crisis de melancolía. Durante sus últimas semanas en Auvers, tiene una fuerte discusión con el Dr. Gachet y la soledad que siente a su alrededor termina por sumirle en una profunda depresión:
"Estoy absorto en la inmensa planicie con campos de trigo contra las colinas, ilimitada como un mar [...] son inmensas extensiones de trigales bajo cielos turbulentos y no he tenido que forzarme para tratar de expresar, la tristeza, la soledad extrema"

VINCENT VAN GOGH. La iglesia de Auvers (1890) Museo d'Orsay, París


La noche del domingo 27 de julio de 1890, Vincent salió al campo con su pistola y se disparó en el pecho. Regresó tambaleante, por su propio pie a la pensión donde vivía y agonizó durante dos días, cuidado por Théo que acudió de inmediato de París, y por el Dr. Gachet. Cuando Théo intentaba animarle diciéndole que le salvarían, Vincent le contestó que era inútil, porque "la tristeza durará siempre". A punto de morir, estrechado por los brazos de su hermano, exclamó sus últimas palabras: "Desearía morir así".

Van Gogh tenía treinta y siete años cuando murió, y los diez últimos los había pasado pintando. En la iglesia de Auvers, la misma que inmortalizó en una pintura, se le negó la sepultura por haber cometido suicidio. El funeral hubo de hacerse en Mery, y se enterró en el cementerio de Auvers. Al acto asistieron algunos de sus amigos, entre ellos el pintor Emile Bernard, quien escribió una carta a Aurier en la que daba cuenta del sufrimiento de su hermano Théo, de las palabras rotas del Dr. Gachet al descender el cuerpo de Van Gogh a la fosa y otros detalles conmovedores de aquel trance.

Su hermano Théo sólo le sobrevivió seis meses, y su esposa Johanna ordenó que se le enterrara al lado de Vincent, colocando en medio de sus dos tumbas una rama de hiedra del jardín del Dr. Gachet.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Vincent Van Gogh (5): Saint-Rémy (1889 - 1890)

VINCENT VAN GOGH. Cipreses con dos figuras de mujer (1889) Otterlo, Kröller-Müller Museum



En 1889, Van Gogh ingresa nuevamente en el hospital, en esta ocasión en el sanatorio mental de Saint-Rémy, un pueblecito cercano a Arlés. Como explicábamos en una entrada anterior, este nuevo ingreso se produjo por las crisis, que se venían repitiendo, pero también por las presiones de sus vecinos, que lo denunciaron a la policía como un loco peligroso. La persistencia de esta situación le lleva a pedir ayuda, una vez más, a su hermano Théo, quien deberá hacer frente a los gastos del internamiento, que finalmente se produce a petición del propio Vincent:
"Para fin de mes desearía ir otra vez al hospicio de Saint-Rémy o a otra institución de este género, de la cual el Sr. Salles me habló. [...]. Creo que bastará que te diga que me siento decididamente incapaz de recomenzar, de reinstalar un nuevo taller y de quedarme solo aquí, en Arlés o en otra parte; sigue siendo igual por ahora; he tratado de hacerme a la idea de recomenzar; sin embargo, por el momento no es posible. Tendría miedo de perder la facultad de trabajar, que retorna ahora, forzándome, y cargando además con todas las otras responsabilidades, encima, de tener un taller. Y provisionalmente deseo quedar internado; tanto para mi propia tranquilidad, como para la de los demás. Lo que me consuela un poco es que comienzo a considerar la locura como una enfermedad como cualquier otra y acepto la cosa como tal; mientras que, en las crisis mismas, me parecía que lo que imaginaba era la realidad. En fin, justamente no quiero pensar ni hablar de ello".

VINCENT VAN GOGH. La noche estrellada (1889) Museo de Arte Moderno, Nueva York


Como se aprecia, Vincent empieza a considerar la locura como una enfermedad más, y el contacto con los otros enfermos le ayuda a disipar sus miedos ante ella. Su estado va mejorando poco a poco, aunque teme que algunas de sus ideas sean consideradas como una evidencia más de su estado mental, como cuando plantea la posibilidad de enrolarse en la Legión Extranjera por cinco años, argumentando, no sin cierta amargura:
"Yo estoy atravesado en la vida y mi estado mental no sólo es sino que ha sido también abstracto, de manera que cualquier cosa que se haga por mí, no puedo pensar en equilibrar mi vida. Cuando debo seguir una regla como aquí en el hospicio, me siento tranquilo. Y en el servicio pasaría más o menos lo mismo"

VINCENT VAN GOGH. El jardín de Saint Paul (1889) Colección privada


Afortunadamente, los médicos permitieron a Vincent continuar pintando, y y en el año que permaneció en la clínica, su producción aumentó en unas ciento cincuenta pinturas, si bien es cierto que esta producción no fue constante, sino que alterna períodos de creatividad con otros de ausencia de trabajo, coincidiendo con sus desórdenes mentales.

En sus cuadros aparece ahora su mundo más inmediato y cercano, los pasillos de las habitaciones; los propios residentes de la clínica, enfermos como él; el jardín; o los paisajes de olivos y cipreses de los paisajes circundantes al hospital que pinta cuando le dejan salir del mismo.

Se aprecia en la pintura de este año que el colorido intenso de Arlés, deja paso a otro más fresco y suave, que bien pudiera interprertarse como una prueba más de que su ánimo está más sosegado. Las pinceladas, en cambio, siguen siendo vigorosas, frenéticas y llenas de un sugestivo movimiento ondulante, como se aprecia en la hermosísima Noche estrellada, del Metropolitan.



A la izquierda: V. VAN GOGH. L'Arlesienne (Madame Ginoux) (1890). Museo de Arte de Sao Paulo. A la derecha: V. VAN GOGH. Lirios sobre fondo amarillo (1890). Museo Van Gogh, Amsterdam


Van Gogh, definitivamente, se aleja de los impresionistas, a los que reprocha sus carencias en la representación de la figura humana que, no lo olvidemos, constituía el gran anhelo de Van Gogh:
"¡Ah ... pintar rostros como Claude Monet pinta los paisajes! Eso es lo que falta, a pesar de todo, por hacer, y antes de que en rigor sólo se identifique a Monet con los impresionistas. Porque, en fin, en rostros Delacroix, Millet, muchos escultores han hecho cosas mucho mejores que los impresionistas y aun J. Breton ...

Y así guardaremos siempre una cierta pasión por el impresionismo; pero yo siento que vuelvo más y más a las ideas que ya tenía antes de ir a París..."

VINCENT VAN GOGH. Recogiendo aceitunas (1889) National Gallery, Washington


En enero de 1890, el nombre de Vincent Van Gogh, aunque seguía sin vender ni un cuadro, empezó a disfrutar de un cierto reconocimiento, cuando el escritor Albert Aurier elogia su pintura en un artículo publicado en el Mercure de France. El efecto de aquel artículo tuvo un efecto contradictorio sobre Van Gogh, por un lado se sintió reconfortado, pero a medida que pasa el tiempo le produce una desazón que va en aumento, y termina suplicando a Théo:

"Por favor pídele a M. Aurier que no escriba más artículos sobre mi pintura; insiste sobre todo en el hecho de que está equivocado con respecto a mí, que en realidad estoy demasiado conmovido por la mortificación como para afrontar la publicidad. Pintar cuadros me distrae, pero oír hablar de ellos me hace más daño del que él pueda imaginar"

El 16 de mayo de 1890, un año después de haber ingresado en el sanatorio, Vincent regresa a París, donde se reune con Théo, y conoce a su cuñada y a su sobrino, a quien han bautizado con su nombre. Poco después se traslada a Auvers-sur-Oise, un pequeño pueblecito de artistas situado al norte de París, donde transcurrirán los últimos meses de su vida y la última etapa de su obra.


sábado, 1 de mayo de 2010

Vincent Van Gogh (4): Arlés (1888 - 1889)

VINCENT VAN GOGH. Girasoles (1888) Museo de Arte de Filadelfia.


Después de dos años en París, y cansado de la vida en la gran ciudad, Van Gogh sigue las recomendaciones de Henri Toulouse-Lautrec y en febrero de 1888 se traslada a Arlés, en el Mîdi francés. Todo lo que había aprendido hasta entonces, sobre todo de los impresionistas en París, pero aislado de cualquier otra influencia, le permite dar un salto en su carrera que ahora alcanza la plena madurez. Es en Arlés donde Vincent se convierte en el gran maestro que hoy conocemos y admiramos. La luz del sur se apodera de su paleta y arranca de ella algunas de sus grandes obras maestras.

De todo esto es plenamente consciente el pintor, y de ello va dando cuenta de manera sucesiva a través de la correspondencia con su hermano Théo. A los pocos meses de llegar, a principios de agosto de 1888 escribe de manera reveladora:

"encuentro que lo que he aprendido en París se va, y que vuelvo a las ideas que me habían venido en el campo antes de conocer a los impresionistas.

Y me asombraré muy poco si dentro de un tiempo los impresionistas encuentran qué criticar en mi manera de hacer, que ha sido más bien fecundada por las ideas de Delacroix que por las suyas.

Porque no quiero reproducir exactamente lo que tengo delante de los ojos, sino que me sirvo arbitrariamente del color para expresarme con más fuerza.

En fin, dejemos tranquilo esto como teoría, pero te voy a dar un ejemplo de lo que quiero decir.

Quisiera hacer el retrato de un amigo artista que sueña grandes sueños, que trabaja como canta el ruiseñor, porque su naturaleza es así. Este hombre será rubio. Yo quisiera poner en el cuadro mi aprecio, el amor que siento por él.

Lo pintaré, pues, tal cual, tan fielmente como pueda, para empezar.

Pero el cuadro así no está acabado. Para terminarlo me vuelvo entonces un colorista arbitrario.

Exagero el rubio de la cabellera, llego a los tonos anaranjados, a los cromos, al limón pálido.

Detrás de la cabeza, en lugar de pintar el muro trivial del mezquino departamento, pinto el infinito, hago un simple fondo del azul más rico, más intenso que pueda confeccionar, y por esta sencilla combinación, la cabeza rubia iluminada sobre este fondo azul rico obtiene un efecto misterioso como la estrella en el azul profundo".
Vincent Van Gogh, Cartas a Théo . Madrid, Alianza Ed., 2008 (p. 308)


VINCENT VAN GOGH. Café en Arlés (1888) Otterlo, Kröller-Müller Museum


De este modo, en la búsqueda incesante de la verdad que es la obra de Van Gogh, se percibe en estos meses, un gusto persistente por el detalle expresivo; es decir, por el expresivismo, entendiendo como tal aquello que se nutre no sólo de la apariencia de la realidad, sino de su expresión, de su contenido. Esa expresión provoca cierta deformación llena de sugestiones nuevas.

Definitivamente, Arlés es el encuentro con la luz y con el color: "Ahora por aquí tenemos un calor espléndido y fuerte sin viento -escribe a Théo-, lo que me viene muy bien. Un sol, una luz, que a falta de otra cosa mejor no puedo llamar más que amarilla, amarillo de azufre pálido, limón pálido oro. ¡Qué hermoso es el amarillo!".

El estudio del color y las dificultades económicas son el eje central de su estancia en Arlés. Las cartas a Théo expresan su preocupación por los apuros económicos, por todo el dinero gastado en sus pinturas y la ausencia de beneficios, incapaz de vender ni uno solo de sus cuadros. En ocasiones, la situación es desespereda y le cuenta a Théo que "durante estos cuatro días he vivido principalmente de 23 cafés y con el pan que todavía tengo que pagar. [...] He estado ocupado de tal modo desde el jueves, que de jueves a lunes no he hecho más que dos comidas, por lo demás no tenía más que pan y café, que todavía estaba obligado a beber a crédito y que debo pagarlo hoy. Así que si puedes, no te demores".


VINCENT VAN GOGH. La casa amarilla (1888). Museo Van Gogh, Amsterdam


Son los apuros económicos los que esgrime para convencer a Théo, que se ha convertido en marchante de Gauguin, para que este último vaya a vivir con él a Arlés, ya que de este modo ahorrarían gastos. Vincent está convencido que los pintores modernos, como Gauguin y él mismo, terminarán por triunfar, pero que para eso todavía falta mucho, insistiendo en que considere el dinero que gasta en ambos como una inversión de futuro. Su idea era establecer en el pequeño pueblecito una colonia de artistas, de la que sería su iniciador.

Por fin, en octubre, y después de una insistencia continua por su parte, Gauguin llega a Arlés y se instala en la casita amarilla que Vincent ha alquilado y decorado con sus girasoles. Al principio, las cosas marchan razonablemente bien entre los dos artistas, pero poco a poco, la convivencia se deteriora. Según contó más tarde Gauguin, Vincent empezó a dar señales de un comportamiento extraño, empezó a derrochar el dinero que le mandaba Théo con tanto esfuerzo y sacrificio, y se volvió brusco y ruidoso. Tras varios incidentes, Gauguin decide regresar a París, y es entonces cuando sufrió un intento de agresión por parte de Vincent, que terminó en el célebre episodio en que éste último se cortó la oreja, o parte de ella. Este episodio, por lo conocido y por las sombras que se ciernen sobre él, y por la importancia que puede tener para conocer al personaje, merece que le dediquemos una entrada donde se trate con mayor detenimiento.


Izquierda: VINCENT VAN GOGH. Autorretrato (dedicado a Paul Gauguin) (1888) Cambridge (Mass.), Fogg Art Museum, Harvard University; Derecha: VINCENT VAN GOGH. Mi cuarto de Arlés (1888) Museo Van Gogh, Amsterdam.

A raíz del incidente, Van Gogh es internado en el hospital de Arlés, donde se le diagnostica una especie de epilepsia. Al salir del hospital, vuelve a sufrir una serie de crisis nerviosas y, a petición de sus vecinos arlesianos, que no se sienten seguros con el comportamiento del pintor del que están convencidos que está loco, es internado nuevamente en el cercano sanatorio mental de Saint-Rémy en mayo de 1889.

Como en las entradas anteriores, las imágenes de este artículo han sido obtenidas de La galería de Vincent Van Gogh, una de las mejores páginas que podemos encontrar sobre el pintor. Entre otras cosas allí podreis encontrar la correspondencia completa del pintor en inglés, aunque yo he preferido manejar la edición en español de sus Cartas a Théo publicadas en Alianza Editorial (Madrid, 2008), de donde proceden las citas de esta entrada.

martes, 27 de abril de 2010

Vincent Van Gogh (3): París, 1886-1888

VINCENT VAN GOGH. Jardines de Luxemburgo (1886) Williamstown (Mass.), Sterling and Francine Clark Art Institute



En 1886, Van Gogh decide trasladarse a París, donde reside su hermano Théo. A pesar de que este intenta disuadirle de la idea, el pintor llega a la capital francesa en marzo, de improviso, al punto que escribe a su hermano suplicándole que no le reproche haber viajado de una manera tan precipitada. Unos meses después, en junio, los hermanos se trasladan al número 56 de la rue Lepic, una empinada calle que une Pigalle con Montmartre. La convivencia no será nada fácil, especialmente para Théo.

París es en la pintura de Van Gogh una época de estudio, renovación y experimentación. Los temas de esta época son bodegones, retratos y algunos paisajes de escenas parisinas. Hasta en veintisiete ocasiones se autorretrata en esos dos años, debido en gran parte a sus constantes apuros económicos, que le impiden contratar modelos.



A la izquierda, Autorretrato con sombrero de paja (1887); a la derecha, Japonaiserie: Oiran (1887). Ambas obras en el Museo Van Gogh, Amsterdam


Al principio frecuenta el taller del pintor francés Fernand Cormon, lo que le proporcionará la oportunidad de conocer a jóvenes artistas que sienten inquietudes similares a las suyas, y se enfrentan a la tradición artística académica. Es así como conoce a Paul Signac y, especialmente, a Henri de Toulouse-Lautrec, que hará un retrato de Van Gogh fechado en estos años.


HENRI TOULOUSE-LAUTREC. Retrato de Vincent Van Gogh (1887) Museo Van Gogh, Amsterdam.


En París también, gracias a los contactos profesionales de Théo, que trabaja en Boussod&Valadon, una pequeña galería sucesora de Goupil, en el Boulevard de Montmartre, conocerá también a algunos pintores impresionistas como Monet, Renoir y Pisarro, quien le explicará los conceptos impresionistas de la luz. También a Seurat, que acababa de exhibir La Grande Jatte y había causado una honda impresión a Van Gogh, que calificó el puntillismo como un gran descubrimiento.

De todos ellos, y del estallido de color que fue la pintura impresionista, aprendió Van Gogh el arte de dividir los tonos y el uso de las gamas claras, abandonando los colores oscuros de su etapa holandesa. Con el tiempo, ese colorido irá ganando en fuerza e intensidad. Si en aquella época, Millet había sido su gran influencia, en su etapa parisina, los impresionistas y postimpresionistas, dejan una huella profunda en cuadros hechos a base de pequeños puntos y rayas, en colores claros y brillantes.



VINCENT VAN GOGH. Bodegón con cuatro girasoles cortados (1887), Museo Kröller-Müller, Otterlo


La famosa y turbulenta relación con Paul Gauguin comenzó también en París. La poderosa, magnética e irresistible personalidad del francés, atrajo al fácilmente impresionable Vincent de una manera irremediable.


VINCENT VAN GOGH. Retrato de Père Tanguy (1887). Museo Rodin, París.


En esos años parisinos, Van Gogh frecuenta también la tienda de Julien Tanguy, a quien todos llamaban père Tanguy, un antiguo soldado de la Comuna de París, que tenía una tienda donde comerciaba con colores, y que era el único lugar donde entonces podían verse colgadas las pinturas de Cézanne. De él hará varios retratos Van Gogh, pero uno de ellos, el del Museo Rodin, especialmente magistral. En el fondo, aparecen unas estampas japonesas, una de las pasiones de Van Gogh en esta época. La pintura de Hiroshige y Hokusai despierta su interés y se dedica a coleccionar estampas grabadas en madera, cuya influencia posterior puede seguirse en composiciones de colores vivos y contornos marcados.

Lamentablemente, al vivir con Théo, no existe correspondencia entre ambos, perdiéndose esa valiosa fuente de información que nutre el conocimiento de otras épocas del artista. Sabemos eso sí, por la correspondencia de Théo con otros familiares, lo difícil que resultó para él tener a Vincent en su casa, hasta que finalmente, cansado de París, decidió trasladarse a la Provenza, en el sur de Francia, siguiendo los consejos de Toulouse-Lautrec.

lunes, 12 de abril de 2010

Vincent Van Gogh (2): Holanda, 1880-1885

VINCENT VAN GOGH. Dunas (1882). Colección privada


Los primeros años de la vida artística de Van Gogh, salvo una breve estancia en Bruselas, transcurren en los paisajes de su Holanda natal, en un peregrinaje que le lleva por diferentes ciudades como Ethen, Drenthe, La Haya y Nuenen. Es ahora cuando toma sus primeras lecciones de pintura, con un primo suyo, el pintor Anton Mauve que vivía en La Haya.

El pintor se mueve entre estrecheces económicas que condicionan en gran medida la temática de esta primera etapa. Lo que le interesa a Van Gogh es la figura humana, pero al no poder pagar modelos, no puede más que dibujar bodegones y paisajes, y así le explica a su hermano Théo en una carta: "decididamente yo no soy un paisajista; si hago paisajes, habrá siempre dentro de ellos vestigios de figuras".


VINCENT VAN GOGH. Mujer de blanco entre los árboles (1882) M. Kröller-Müller, Otterlo.


Durante estos años sufre varias decepciones amorosas. Se enamora de Kee, una prima suya que acababa de enviudar, pero es rechazado por ella. Su insistencia será motivo de enfrentamiento con su familia y abandona el hogar paterno. Poco después, conoce a Sien Hoornik, una mujer soltera embarazada a quien recoge de la calle y de quien terminará enamorándose. Esta nueva relación volverá a ser motivo de conflictos con su familia y con su maestro Anton Mauve, del que terminará separándose. En 1883, terminará su relación con la joven.

En esta época, Van Gogh muestra una extraordinaria preocupación por los temas sociales, influenciado por la literatura de Zola y la pintura de Millet (por el que siente una profunda admiración) y Daumier. Sus cuadros empiezan a llenarse de paisajes y campesinos en sus quehaceres cotidianos, hasta el punto que termina por convertirse, en sus propias palabras, en un pintor de campesinos. Se acerca a ellos con una gran dignidad, que le sirve también para poner de manifiesto la situación de abandono social en que se encuentran. El efecto dramático de algunas de estas obras se intensifica con la utilización de una iluminación pobre y una gama de colores oscuros, por lo que le explica a Théo en una carta que "una de las cosas más bellas de los pintores de nuestro siglo ha sido pintar la oscuridad, que es asimismo color".

VINCENT VAN GOGH. Cabeza de mujer (1885). Van Gogh Museum, Amsterdam 

Las numerosas cabezas de campesinos que pinta en esta época, intentan captar su rasgos más característicos, y constituyen un magnífico aprendizaje para la que será su obra más importante de este período, "Los comedores de patatas", un cuadro de marcado carácter realista, en el que huye de cualquier intento de idealismo. En aquella obra, Van Gogh deposita muchas esperanzas para alcanzar el reconocimiento público de su talento, y aunque no lo logró, si que se ganó el respeto y la admiración de algunos pintores como Camille Pisarro y Emile Bernard.

A este cuadro se refiere Vincent en una larga carta escrita a su hermano Théo, en la que explica sus intenciones y propósitos con absoluta claridad:

"He querido dedicarme conscientemente a expresar la idea de que esa gente que, bajo la lámpara, come sus patatas con las manos que meten en el plato, ha trabajado también la tierra, y que mi cuadro exalta, pues, el trabajo manual y el alimento que ellos mismos se han ganado tan honestamente. 

He querido que haga pensar en una manera de vivir completamente distinta a las personas civilizadas. Así pues, no deseo en lo más mínimo que nadie lo encuentre si siquiera bueno ni bello.

Durante todo el invierno he tenido en mis manos el hilo de este tejido del cual buscaba el modelo definitivo, y si ahora se ha vuelto un tejido de aspecto rudo y grosero, no es menos cierto que los hilos han sido elegidos con cuidado y siguiendo ciertas reglas. Y bien podría suceder que esto fuera una verdadera pintura de aldeanos. Yo sé que es así. Pero el que prefiera ver aldeanos almibarados, que pase de largo. Por mi parte, estoy convencido de que a la larga se obtienen mejores resultados pintándolos en toda su rudeza que dándoles un primor convencional.

Con su falda y su camisa azules, cubiertas de polvo y remendadas, y que bajo el efecto del tiempo, del viento y del sol, han tomado los más delicados matices, una muchacha de una granja es, a mi parecer, más hermosa que una dama; que se vista como una señora y todo lo que hay en ella de verdadero desaparecerá.

Un aldeano es más bello entre los campos, con su traje de fustán, que cuando va a la iglesia el domingo, acicalado como un señor.


VINCENT VAN GOGH. Los comedores de patatas (1885) Van Gogh Museum, Amsterdam

Y de la misma manera, sería un error, a mi parecer, el dar a una pintura de aldeanos una pulcritud convencional. Si una pintura de aldeanos huele a grasa, a humo, a olor de patatas, ¡perfecto! No es malsano; si un establo huele a estiércol, ¡bueno!, por eso es un establo; si los campos tienen un olor de trigo maduro o de patatas o de guano y estiércol, allí está precisamente la salud, sobre todo para los ciudadanos. 

De tales cuadros se aprende algo útil. Un cuadro de aldeanos, no debe estar jamás perfumado. [...].

La pintura de la vida de los aldeanos es una cosa seria y, por mi parte, me reprocharía si no tratara de hacer cuadros de tal manera que no provocasen serias reflexiones entre aquellos que reflexionan seriamente en el arte y en la vida"
Poco más se puede añadir tras estas palabras de Van Gogh. Las imágenes que ilustran esta entrada han sido obtenidas de La galería de Vincent Van Gogh, una de las páginas más completas dedicadas al autor, donde puede encontrarse prácticamente toda su obra artística y sus cartas (en inglés), además de otra mucha información.

jueves, 8 de abril de 2010

Vincent Van Gogh (1)

VINCENT VAN GOGH. Autorretrato (1887) Museo Van Gogh, Amsterdam


A pesar de que Vincent Van Gogh vivió tan sólo 37 años, y no se dedicó a pintar más que durante los últimos diez de su vida, entre 1880 y 1890, es uno de los pintores más conocidos por el gran público y uno de los artistas holandeses más famoso de todos los tiempos. Resulta curioso pensar que si su fallecimiento se  hubiese producido tan sólo cinco años antes de la fecha que ocurrió, pocos serían los que hablaran hoy de Van Gogh.

Antes de dedicarse a la pintura, Van Gogh trabajó en La Haya, en una sucursal de la Casa Goupil, que se dedicaba a la venta de grabados artísticos. Su carácter arisco y difícil explican los sucesivos traslados en el negocio, primero a Bruselas, luego a Londres y, finalmente, a París, donde dedicaría su tiempo libre a estudiar las obras del Louvre.

En 1876,  sintió una repentina vocación religiosa, abandonó su trabajo y se propuso ingresar en la Facultad de Teología de Amsterdam. Sus problemas, especialmente con el estudio del griego, le hicieron desistir de ese propósito, por lo que en 1879 se convirtió en misionero evangelista en la difícil comarca minera de Borinage, en Bélgica. Incapaz de dedicarse a nada en su vida sin una pasión violenta, su exceso de celo asustaba a los mineros.  Su forma de vida miserable, y la falta de sueño por pasar las noches enteras velando a los enfermos, le hicieron caer enfermo a él mismo. Su padre terminaría por arrancarlo de aquel lugar y llevarlo de nuevo al hogar familiar. A partir de aquel momento de 1880, se entregaría a su auténtica pasión, la pintura.

VINCENT VAN GOGH. Autorretrato (1889), Museo d'Orsay, París


En esa única década de su vida como artista, produjo una obra ingente, compuesta por más de ochocientas pinturas y más de mil dibujos, acuarelas y litografías. Además de pintar, Vincent escribió un gran número de cartas, la mayoría dirigida a su hermano Théo, su auténtico ángel de la guarda. Esta correspondencia se ha convertido en la principal fuente de información sobre el pintor.

Aunque en los comienzos de su carrera recibió algunas lecciones de pintura de Anton Mauve, y más tarde, durante su estancia en París, permaneció algunos meses en el taller de Fernand Cormon, puede decirse que Van Gogh fue un pintor autodidacta, y de ello le gustaba vanagloriarse.

Su aprendizaje artístico lo hizo a base de lectura de libros, visitas a museos, consejos de amigos artistas y una dedicación casi obsesiva por la pintura que terminaría por hacer de él uno de los mejores exponentes del movimiento postimpresionista.

Con el paso del tiempo, terminó desarrollando un estilo propio y particular, con pinceladas de una enorme fuerza expresiva, aplicadas en ocasiones con tanta vehemencia que parecen esculpidas más que pintadas. Esta forma de pintar tan peculiar, la acompañaba de un colorido vivo y brillante, tan expresivo como la propia pincelada. Su técnica variaba según el efecto que buscase, acentuando unas veces la línea y otras el color, pero siempre con un característico movimiento rítmico. Sus huellas e influencia se dejarían notar pronto en las nuevas generaciones de pintores que irrumpían en la escena de las vanguardias europeas.

VINCENT VAN GOGH. Autorretrato, dedicado a Paul Gauguin (1888). Fogg Art Museum Harvard University (Massachussets)

Pocos artistas como Van Gogh han dejado a través de su pintura un testimonio tan claro de su trayectoria vital, de sus estados de ánimo, de sus preocupaciones, que se proyectaban en sus cuadros, a veces de una forma directa y otras indirecta, pero siempre de manera consciente. Leyendo su correspondencia con Théo, se aprecia claramente cómo reflexionaba sobre su obra, sus consideraciones sobre el color y sobre los artistas que le interesaban. Además, lo hizo con precisión y coherencia e,  incluso, con una cuidada expresión narrativa, propia de quien era un ávido lector de clásicos y contemporáneos.

El 27 de julio de 1890, domingo, dejó sin terminar una carta a su hermano Théo, salió a los campos de trigo de Auvers y se disparó con su revólver un tiro en el pecho. Apenas si había vendido un cuadro en su vida pero, tras su muerte, empezó a surgir el interés por su pintura. Una vida sentimental desdichada, la falta de reconocimiento artístico, sus transtornos mentales y el trágico suicido que puso final a su vida, forjaron la leyenda del artista maldito. Una exposición celebrada en París en 1901, once años después de su desaparición, colocó el nombre de Vincent Van Gogh en un lugar de privilegio en la Historia del Arte.

En los próximos días iremos publicando una serie de entradas en las que haremos un recorrido sobre las distintas etapas de su carrera, haciéndolas coincidir con los lugares en la que la desempeñó: Holanda (1880-1886), París (1886-1888), Arlés (1888-1889), Saint-Rémy (1889-1890) y Auvers (1890).

lunes, 25 de mayo de 2009

Rubens visto por Van Gogh

PETER PAUL RUBENS. Elevación de la Cruz (1610). Catedral de Amberes.



En noviembre de 1885 el pintor Vincent Van Gogh se encontraba en Amberes. Allí tuvo ocasión de estudiar de cerca dos cuadros de Rubens que se encuentran en la catedral de la ciudad: Elevación de la Cruz y Descendimiento de la Cruz. El efecto que le causan es contradictorio, no le gustan sus composiciones y expresiones afectadas, pero, sin embargo, le causa un profundo impacto el uso y el sentido del color, que ejercerá en la pintura del holandés una fuerte influencia a partir de aquel momento. He aquí cómo recoge él mismo sus impresiones en una carta dirigida a su hermano Theo escrita en Amberes en enero del año 1886 y en la que se expresa con una gran sinceridad, y demuestra su pasión por la pintura.

"El domingo pasado, he visto por primera vez los dos grandes cuadros de Rubens, y, a causa de que había examinado los del museo en diversas visitas y cómodamente, estos dos cuadros, el Descendimiento de la Cruz y la Elevación, me resultaron aún más interesantes. La Elevación tiene una característica que se me apareció de inmediato, especialmente que no tiene ninguna figura de mujer. A no ser en los paneles laterales del tríptico.

En consecuencia, no es el que está mejor. Permíteme que te diga que el Descendimiento de la Cruz me sumerge en la exaltación. No a causa de la profundidad de los sentimientos que se encontrarían en un Rembrandt, o en un cuadro de Delacroix o en un dibujo de Millet. Nada me emociona menos que Rubens desde el punto de vista de la expresión del dolor del ser humano.

Porque te digo de entrada, para explicar mejor mi pensamiento, que las más bellas cabezas de Magdalena o de Mater Dolorosa llorando me hacen pensar siempre en las lágrimas de una hermosa muchacha que tuviera, por ejemplo, una úlcera o cualquier otra "pequeña miseria de la vida humana".

Como tales estos cuadros son magistrales, pero no conviene atribuirles algo más.

Rubens es asombroso en la pintura de hermosas mujeres ordinarias. Pero en la expresión no es dramático. Compáralo, por ejemplo, a la cabeza de Rembrandt en la colección Lacaze, a la figura de hombre en la Novia judía y comprenderás lo que quiero decir, especialmente que sus ocho figuras fornidas que realizan un esfuerzo con la pesada cruz de madera en la Elevación me parecen absurdas desde el momento en que me coloco en el punto de vista del análisis moderno de las pasiones y de los sentimientos humanos. Sobre todo en sus expresiones de hombres (con excepción siempre de los retratos propiamente dichos), Rubens es superficial, hueco, hinchado, o sea, totalmente convencional y semejante a Jules Romain y a otros pintores aún peores de la decadencia.

Sin embargo, Rubens me lleva a la exaltación, porque es precisamente él quien busca expresar y representar realmente -a pesar de que sus figuras sean a veces huecas- una atmósfera de júbilo, de serenidad, de dolor, por la combinación de los colores.

Así, hasta en la misma Elevación de la Cruz, la mancha blanca -el cadáver, con una fuerte intensidad de luz- es dramática en su relación de contraste con el resto, tratado en tintas oscuras.


PETER PAUL RUBENS. Descendimiento de la Cruz (1612). Catedral de Amberes.


De la misma naturaleza, pero a mi modo de ver más bello, es el encanto del Descendimiento de la Cruz, donde la mancha blanca es recordada por los cabellos rubios, el rostro y el cuello blancos de las figuras de mujer, mientras que el ambiente oscuro que las rodea es asombrosamente rico por las diferentes masas de rojo, verde oscuro, negro, gris, violeta, tratadas en poca cantidad y relacionadas con los otros por el tono.

Delacroix ha intentado restituir la fe en la sinfonía de los colores. Y se diría que fue en vano cuando se observa que casi todo el mundo considera que una cosa está bien en cuanto al color, cuando se encuentra en ella la exactitud del color local; una mezquina precisión.

Ni Rembrandt, ni Millet, ni Delacroix, ni ningún otro, ni aun Manet o Courbet han apuntado jamás a ese objetivo, lo mismo que Rubens o el Veronés.

He visto todavía otros cuadros de Rubens en distintas iglesias. Es muy interesante estudiar a Rubens, precisamente porque su técnica es, o parece ser, la simplicidad misma. Porque le es necesario tan poca cosa, que la hace con una mano tan lenta, y que pinta y sobre todo dibuja sin ninguna vacilación. Pero su fuerte son los retratos y las cabezas o figuras de mujeres. Entonces aparece profundo y también íntimo. Y estos cuadros siempre conservaron una fuerza, precisamente por la simplicidad de la técnica".

Vincent Van Gogh , Cartas a Theo (Alianza Editorial, Madrid 2008)


viernes, 12 de septiembre de 2008

"El loco del pelo rojo", de Vincente Minnelli

FICHA TÉCNICA

Título original: Lust for life
Nacionalidad: USA (1956)
Director: Vincente Minnelli
Guión: Norman Corwin
Reparto principal: Kirk Douglas, Anthony Quinn, James Donald, Pamela Brown, Everett Sloane, Jill Bennett, Henry Daniel, Niall McGinnis

Tomando como base una novela de Irving Stone, esta interesantísima película narra la vida trágica, atormentada y apasionada del pintor holandés Vincent Van Gogh, desde su juventud, con fuertes inclinaciones religiosas, pasando por las relaciones con otros artistas y su propio hermano, hasta el suicidio.
Muchas películas de Hollywood centradas en personajes o acontecimientos históricos adolecen de rigor o fidelidad histórica o artística. No es el caso de "Lust for life", y tanto Vincente Minnelli, el director, como John Houseman, el productor ejecutivo, insistieron desde el principio en cuidar los detalles, e intentar respetar tanto los aspectos puramente artísticos como los biográficos, aunque ni uno ni otro se consiguieran del todo. Ambos realizaron un exhaustivo trabajo de documentación sobre la vida del pintor, y no dudaron en trasladarse al sur de Francia, para conocer personalmente y rodar en los propios escenarios donde transcurrió parte de su vida.
John Houseman puso un empeño especial en que la reproducción de los cuadros que aparecen en la cinta fuera lo más exacta posible, e hizo que se fotografiaran los originales en placas de gran tamaño, que permitieran después una reproducción con buena calidad.
Vincente Minnelli se esforzó en recrear el colorido de la pintura de Van Gogh, aunque para ello se encontró con una dificultad de tipo técnico. En aquellos años, ya era habitual rodar en Eastmancolor, un negativo que, en opinión del director, aportaba unos brillos exagerados a algunos tonos, y que no convenía a los fines que perseguía. Para solucionarlo, Minnelli consiguió adquirir el último lote de negativo Anscocolor, fabricado por la fábrica Ansco, que justo acababa de cerrar ante la imparable competencia y ascenso de Kodak, y con él rodó la película. Además su poder de persuasión llegó al punto de conseguir convencerles para que prepararan un laboratorio especial sólo para el revelado de esta película. Sin duda, el colorido fue uno de los grandes aciertos, aunque lamentablemente las copias que circulan actualmente poco o nada tienen que ver con el colorido original.
Para rodar la escena en la que Van Gogh pinta de un intenso color amarillo un campo de trigo, la productora hubo de mantener el color de las plantas a base de productos químicos, un amarillo imposible dada la época del año en que se rodaba; se buscaron también personas con un gran parecido físico a los personajes de los cuadros de Van Gogh, y se incluyeron en escenas que reproducían esos cuadros.
En fin, son algunas muestras que dan la medida de los esfuerzos del director y la producción por hacer de ésta una película distinta, que se tradujo en la nominación al Óscar a la dirección artística.
A todo ello hay que sumar las grandes interpretaciones. Kirk Douglas (Van Gogh), con un extraordinario parecido físico al pintor, obtuvo también una nominación al Óscar y ganó el Globo de Oro y el premio del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York, aunque para el gusto actual quizá parezca un poco sobreactuado. Quién sí obtendría el Óscar al mejor actor de reparto sería Anthony Quinn, por su breve pero muy intensa aparición como el pintor Paul Gauguin.
Para conocer más detalles sobre esta película puedes acceder a la ficha de la Filmoteca de Andalucía, o ver un pequeño fragmento de ella aquí mismo.

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