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lunes, 30 de diciembre de 2013

JUSTO GARCÍA RUBIO, "Estación de autobuses del Casar de Cáceres"

JUSTO GARCÍA RUBIO.
Estación de autobuses, Casar de Cáceres (1998-2004). Vista frontal
Casar de Cáceres es una pequeña localidad que apenas llega a los cinco mil habitantes, situada en la Ruta de la Plata, a tan sólo 10 km al norte de Cáceres. Para los amantes de los placeres gastronómicos, su nombre (¡cómo no!), está asociado a la deliciosa torta del casar, el célebre queso que ha hecho trascender al Casar más allá de las tierras extremeñas. Sin embargo, desde hace varios años son cada vez más los visitantes que se acercan al pueblo a contemplar maravillados la hermosísima estación de autobuses que diseñó Justo García Rubio. Una arquitectura audaz, de líneas sencillas y austeras, aunque no lo parece por la grandiosa resolución plástica con que se dibujan sus formas ondulantes, que viene a demostrar como para los buenos arquitectos contemporáneos, como para los de antaño, es posible crear grandes obras a pesar de las limitaciones que imponen los medios económicos o el propio espacio, muy reducido como en el caso de la obra que nos ocupa. O quizá por eso mismo es por lo que causan tanto asombro esas creaciones.

Justo García Rubio (Cáceres, 1948) primero estudió Magisterio, y después Arquitectura, los primeros años en Sevilla y luego en Madrid, donde fue alumno de Saénz de Oiza. Ha obtenido diferentes galardones como el Premio Extremadura a la Creación en 2003, y ha sido finalista en los prestigiosos Premios Fad de Arquitectura, en la Bienal de Arquitectura Española, en el Premio Nacional de Arquitectura, y otros reconocimientos que le han otorgado un gran prestigio internacional, como evidencia el hecho de que sus edificios se hayan expuesto en la Bienal de Venecia o hayan sido portada de las revistas de arquitectura más prestigiosas. No obstante, pudiera parecer que las autoridades del Casar no sean plenamente conscientes no ya del valor y la belleza de su estación de autobuses, sino del potencial económico que para una población de esa dimensión supone disponer de un edificio emblemático de la arquitectura contemporánea, que ya quisieran para sí cualquiera de las grandes capitales europeas. No lo digo tan sólo por un cierto abandono en su cuidado (falta de pintura, alguna que otra pintada, ...), que lo desluce, sino también porque nada hay, ni en la ciudad ni en las carreteras que conducen a ella, que actúe de reclamo para el viajero que desconozca la importancia de esta obra arquitectónica. Un único, pequeño y discreto cartel, junto a otros tres o cuatro de otras instalaciones, fue lo que conseguí encontrar en mi visita a la ciudad. En la web del municipio tampoco hay rastro o mención alguna. Ni siquiera la wikipedia, que no la incluye en el apartado de patrimonio y arquitectura, y tan sólo la menciona en el de transportes pero confundiendo el apellido del arquitecto.

JUSTO GARCÍA RUBIO.
Estación de autobuses, Casar de Cáceres (1998-2004). Zona de estacionamiento de vehículos.

Las formas suaves y ondulantes de la estación, evocan las arquitecturas de Oscar Niemeyer, Félix Candela o la iraquí Zaha Hadid, y se entroncan dentro de lo que suele denominarse como organicismo plasticista, corriente arquitectónica en la que por encima de los elementos estructurales se impone la libertad de las formas, tratando los edificios como si fuesen esculturas, más que arquitecturas. Esta corriente se desarrolló con intensidad tras el éxito alcanzado por la Ópera de Sidney, de Jøn Utzon, y ha cosechado recientemente grandes éxitos de la mano de arquitectos como Frank O. Gehry, por ejemplo, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

En el caso de la Estación de autobuses de Casar, García Rubio, partiendo de una única lámina de hormigón, la curva varias veces y la pliega sobre sí misma en un trazo continuo, sinuoso y ondulante, "como un anagrama en el aire, como un látigo, que recuerde el ir y venir de niños, y la salida y llegada de viajeros", como señala el propio arquitecto. Esa solitaria lámina sirve de techo tanto para viajeros como para vehículos: "cogimos un cartón, comenzamos a doblarlo, a darle formas ... así salió la estación de autobuses del Casar de Cáceres", recuerda el arquitecto. De este modo, como si de una escultura se tratara, aprovecha los pliegues de la lámina para formar volúmenes abiertos que son aprovechados para crear la arquitectura. Entre los pliegues mayores aparcan los autobuses, entre los menores los viajeros pueden acceder a la estación.


JUSTO GARCÍA RUBIO.
Estación de autobuses, Casar de Cáceres (1998-2004). Vista lateral de la entrada

El resultado final es de una estética sublime, pero sin olvidar la función a que va destinada el edificio, porque aunque pueda parecer que sus formas son raras o caprichosas, todo está cuidadosamente pensado en esta estación, que tiene en cuenta el entorno en el que se ubica, entre una guardería, un colegio y un parque público, de manera que las formas curvas sirven tanto para apartar los humos de los tubos de escape de los colegios que la flanquean, como para potenciar en los viajeros la sensación de llegar o salir de viaje, en ese ir y venir de la lámina y la trayectoria circular de los giros que obliga a dar a los autobuses para entrar y salir de ella.

Si pasa cerca del Casar, no lo dude, entre y admire este singular edificio.


BIBLIOGRAFÍA:
  • ÁLVAREZ, Mari Cruz: "Justo García Rubio, arquitecto". En Vivir Extremadura (2 - marzo - 2012)
  • CAPITEL, Antón: "Jøn Utzon, origen y fortuna del organicismo tardío". En Arquitectura, 352 (2008), pp. 96-103
  • GARCÍA-ABRIL, Antón: "Un bucle de hormigón". En El Cultural (25 - noviembre - 2004)
  • MENDOZA, Gregorio B.: "Concreto laminar al extremo". En Construcción y Tecnología, Octubre 2008.
  • RUÍZ DE LA PUERTA, Félix: Arquitecturas de la memoria. Ed. Akal, Madrid, 2009. 

lunes, 28 de diciembre de 2009

Centro de recepción de visitantes de la Cueva de El Soplao

JOSÉ RAMÓN SAIZ FOUZ / ALEJANDRA SAIZ VALENCIA. Centro de recepción de visitantes de la Cueva de El Soplao (2007). Cantabria



En el verano del 2005 se abrieron al público para su visita las cuevas de El Soplao, en Cantabria, una maravilla de la naturaleza capaz de fascinar a cualquiera por sus impresionantes formaciones geológicas de coladas, estalactitas y estalagmitas, aunque sin duda, las estrellas del conjunto son las formaciones excéntricas. Al contrario de las anteriores, éstas últimas no tienen eje por lo que, desafiando las más elementales leyes de la gravedad, son capaces de desarrollarse en cualquier dirección y forma. En El Soplao se reúne una cantidad de excéntricas muy superior a las que pueda haber en cualquier otra cavidad. Sorprenden muchas de ellas no sólo por sus formas caprichosas, sino también por su intenso color blanco, puro y resplandeciente.

Aunque las cuevas fueron una explotación minera durante el siglo XIX y buena parte del XX, el descubrimiento de las formaciones geológicas no se conoció hasta el año 1975, quince años después de haber cesado la actividad minera, gracias a la exploración llevada a cabo por espeleólogos cántabros. Durante años se dedicaron a investigarla y concienciar a las autoridades sobre la importancia del hallazgo, hasta su declaración como Monumento de la Naturaleza por el Parlamento de Cantabria y su posterior apertura a las visitas turísticas.


Entre los primeros visitantes que acudieron aquel verano me encontraba yo. Puede decirse que entonces las infraestructuras que acogían al visitante eran las mínimas: un pequeño recinto para la compra de las entradas y otro igual de pequeño donde se vendían algunos recuerdos. La entrada a la cueva se hacía a pie. Eso era todo.

Este último verano he acudido nuevamente, pero lo que allí me encontré es muy distinto. Durante estos años se ha construído un centro de recepción de visitantes, cuyo número se ha multiplicado de forma espectacular. En él se encuentran las dependencias donde se expiden las entradas, una enorme tienda con todo tipo de objetos de recuerdo, la cafetería y un andén de estación de tren con el cual se accede al interior de la gruta. Este último recrea aquellas viejas estaciones de tren de la época en que se extraía el mineral de las entrañas de la gruta.

El proyecto ha sido ejecutado por los arquitectos José Ramón Saiz Fouz y Alejandra Saiz Valencia, del estudio Quid Proyectos y Tasaciones, de Santander. Para buscar la integración y armonía de la arquitectura en el paisaje, los arquitectos han optado por la utilización de la piedra caliza y el hierro, que nos recuerda la historia minera de la cueva. Esa misma idea es la que persigue la estructura de las construcciones, donde se alternan las líneas horizontales del edificio principal con los grandes voladizos asimétricos que cubren la zona de la cafetería y que aprovechan la ladera de una montaña para intentar disimularse en el paisaje, aunque no lo consigan del todo.

El efecto conseguido es el de una tosca elegancia, a lo que contribuye notablemente la solución empleada en algunas de los paramentos, levantados a base de mallas metálicas que sostienen las piedras calizas. Sus formas coloridas e irregulares, encerradas de ese modo por la red, como una jaula, se antojan casi tanto una solución escultórica como arquitectónica, de un bello efecto visual.

La cafetería, rematada como se ha dicho por unos grandes voladizos asimétricos, y recubiertos enteramente de cristales ofrecen un espectacular mirador sobre el verde paisaje de la montaña cántabra. La vista se disfrutaría mejor con un mobiliario más cómodo y acogedor que el que tiene, funcional y anodino, y se suprimiera la zona de aparcamiento que contamina visualmente el panorama espectacular de los valles del Saja y del Nansa.

Para conocer el interior de la cueva, os dejo aquí un video y una serie de enlaces con la historia de El Soplao, fotografías de sus formaciones, y datos de interés por si alguno no la conoceis y teneis el deseo o la oportunidad de visitarla:

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