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martes, 29 de junio de 2010

Triada de Mikerinos

Triada de Mikerinos. (Imperio Antiguo. Dinastía IV, hacia 2470 aC) Museo de Arte Egipcio de El Cairo.


La famosa Triada de Mikerinos ha sido una de las obras que los alumnos andaluces han debido comentar en las recientes pruebas de acceso a la Universidad.

Los faraones de la IV Dinastía (2700 - 2500 aC aprox.) han pasado a la historia como los grandes constructores de pirámides, y son sus monumentos los que nos dan una idea del poder que disfrutaron estos monarcas. Aparte de esto, no son muchas las noticias que se tienen sobre la historia política de esta dinastía del Imperio Antiguo. Se sabe que comerciaban con los fenicios, que hacían expediciones a Nubia y al Sinaí para extraer mineral de cobre, combatieron a los beduinos del desierto occidental y a los pueblos asiáticos que intentaron penetrar en el valle del Nilo, y poco más.

Uno de estos faraones fue Mikerinos, o Menkaure' si lo preferimos en egipcio (2490 - 2472 aC). Según los historiadores era hijo del faraón Kefrén, y gobernó Egipto durante dieciocho años. Mandó erigir su pirámide junto a la de Kheops y la de Kefrén, en el complejo funerario de Gizeh, algo más pequeña que aquellas y que estaba inacabada en el momento de su muerte.

Fue precisamente en las excavaciones realizadas por George Reisner entre 1908 y 1910 en el templo funerario de Mikerinos, donde aparecieron numerosas estatuas y estatuillas que representan al rey, unas veces solo y en otras ocasiones acompañado de la reina o con las diosas de los nomos (provincias). Los historiadores no se ponen de acuerdo en si había tantas triadas (representaciones del faraón acompañado por dos diosas) como nomos, o sólo se hacían representaciones de aquellos nomos en los que se rendía un culto especial a Hathor. Sin duda, la mejor de todas ellas es la que hoy nos ocupa.

Triada de Mikerinos (detalle). (Imperio Antiguo. Dinastía IV, hacia 2470 aC) Museo de Arte Egipcio de El Cairo.


La composición es un magnífico ejemplo de las características de la escultura egipcia, ajustándose perfectamente a sus ideales estéticos: hieratismo, frontalidad, simetría, bloques compactos, canon de dieciocho puños e idealismo en la representación de los faraones.

El grupo escultórico representa, en este caso, al faraón Mikerinos, en el centro, acompañado por la diosa Hathor a su derecha, y a su izquierda por la diosa del nomo 17, de Kynópolis, o del Perro Negro.

La posición central de Mikerinos, su mayor tamaño y su posición ligeramente adelantada respecto al grupo, no dejan lugar a la duda de quién es el protagonista, por encima de las diosas que lo acompañan. Como es habitual en estas composiciones, el faraón porta algunos de los símbolos que le son propios, como la corona del alto Egipto y la barba osiríaca. Se representa como un hombre joven, bello y fuerte, con una actitud de energía contenida que contrasta con la expresión relajada del rostro, de pequeñas dimensiones y probablemente fiel a los rasgos del monarca. El rey avanza en el mundo con paso decidido y enérgico, garantiza la estabilidad del orden político, económico y social, eso es lo que se nos quiere decir en esta imagen. Ahora bien, debe la legitimación de sus poderes a las dos diosas que lo acompañan, le abrazan y le guían de manera discreta pero firme.

Junto a él, y a su derecha la diosa Hathor, a quien se solía representar como una mujer con cuernos de vaca y el signo solar. Hathor es la diosa del cielo, la "Dorada", símbolo de la luz y del calor de la vida. Es la madre divina, la que da luz al sol y crea la vida; es la diosa del amor, símbolo de la belleza juvenil. Sus epítetos de "señora de la alegría, de la música y del amor" la aproximan a los humanos, y es venerada en todo Egipto e incluso fuera de él.


El faraón Mikerinos y su esposa Khamenerebty. (Imperio Antiguo, Dinastía IV, hacia 2470 aC) Museo de Bellas Artes de Boston.

El nombre de Hathor significa "La casa de Horus", ya que unas veces se la personifica como la madre y otras veces como la esposa del rey, por eso la reina de Egipto se identificaba como Hathor. Hathor lleva en su mano derecha, de manera casi imperceptible el anillo shen, símbolo de la eternidad. El rostro de la diosa presenta un enorme parecido con otra famosa escultura del faraón Mikerinos, en la que aparece acompañado de su esposa Khamenerebty II, lo que nos induce a pensar que es el papel de esposa el que asume en este grupo.

A la izquierda la divinidad local, que lleva en la cabeza el emblema del nomo 17 del Alto Egipto. Personifica la fecundidad de la tierra, base material del poder del rey. Es decir, las dos diosas representan dos mundos: el terrenal y el celestial, toda la órbita solar, en la que introducen al faraón guiándole del brazo.

Las figuras femeninas son un prodigio de sensualidad, con sus vestidos ajustados que bajan hasta los tobillos, y dotan de esbeltez a las figuras. Aunque vestidas, la ligereza de las telas que las cubren no pueden apenas esconder su desnudez, subrayando discretamente su feminidad con la acentuación plástica del triángulo púbico y los senos. Una imagen, por otra parte, bastante habitual en las representaciones femeninas de esta época del arte egipcio.

miércoles, 17 de junio de 2009

Selectividad 2009

FRA ANGELICO. Anunciación (1430-32). Museo del Prado, Madrid.



En la entrada de ayer, hacíamos un repaso de las preguntas más habituales en las Pruebas de Acceso a la Universidad de Andalucía, en Historia del Arte, y terminábamos preguntándonos si hoy la estadística nos daría la razón o no. Pues bien, en general, podemos afirmar que sí, que se cumplió, con algunas excepciones.


La primera excepción a las matemáticas, viene dada por este hermoso cuadro de Beato Angelico, una de las joyas del Museo del Prado, magnífico ejemplo de ese momento de cambio en el arte, a camino entre el gótico y el Renacimiento. El cuadro, aunque no es la primera vez que se pregunta, no formaba parte, sin embargo, de ninguna de las propuestas de examen de los últimos ocho años, aunque en una de ellas, del año 2007, se preguntaba por la pintura del Quattrocento italiano.

Es difícil considerar como excepcional en la selectividad la procesión de las Panateneas, de Fidias, porque aunque la última vez que apareció en un examen fue en el 2001, diferentes esculturas griegas del período clásico han aparecido en ellos, hasta en 14 ocasiones.


FIDIAS. Procesión de las Panateneas, del Partenón de Atenas (siglo V aC). Museo Británico, Londres



Por lo demás, preguntas como "La arquitectura egipcia: la tumba y el templo" y "La escultura románica" ya sabemos que son de las clásicas, y así lo anotábamos ayer, incluyendo ambas en esa especie de ranking que elaboramos. La primera con la de hoy, ya son ocho veces las que se plantea en un examen desde el 2001 y la segunda sube su cifra hasta las 14.



Fresco de la Epifanía de la iglesia de Santa María de Tahull (siglo XII)





En la opción B, tampoco podemos hablar de grandes sorpresas. En el plano teórico, se preguntó por la escultura de Bernini, uno de los autores recurrentes, que con la de hoy ya son 10 veces las que aparece. El otro tema ha sido "El Postimpresionismo: Cézanne, Gauguin y Van Gogh", que sube hasta seis sus apariciones en exámenes de este tipo.

En cuanto a las imágenes, una pintura románica que ya se propuso en el 2002. De la vecina iglesia de San Clemente, su famoso Pantócrator también suma otras dos apariciones (2006 y 2008), y como pregunta teórica "Escultura y pintura románicas" ha sido planteada hasta en siete ocasiones.

La segunda imagen de esta opción ha sido la famosa Casa Kauffman o Casa de la Cascada, que de las dos maneras es conocida esta soberbia arquitectura de Frank Lloyd Wright, otro de los habituales, y que junto con Le Corbusier, Picasso y Matisse, podemos decir que acaparan todo el interés del arte del siglo XX, ya que suman 26 de las 31 preguntas planteadas de este tema.

FRANK LLOYD WRIGHT. Casa de la Cascada o Casa Kauffman (1935-1937). Pittsburg, Pennsylvania.

En conclusión, un examen asequible y previsible, cuya gran novedad ha estado en el Beato Angelico, mientras que el resto de las cuestiones e imágenes planteadas, son de las habituales. Es de esperar que los resultados sean buenos. Suerte con las notas.

martes, 16 de junio de 2009

Lo que más preguntan en Selectividad

Mezquita de Córdoba. Arte de al-Andalus. Periodo califal. Siglo X.



Durante estos días he estado recopilando exámenes de Selectividad de Historia del Arte. He tenido que acudir a la red, para poder reunir 43 exámenes, desde el año 2001 hasta el 2008. Aunque disponía de una colección propia, con exámenes de años anteriores al 2001, la he perdido, extraviado o quizás tirado por error, probablemente en alguna de las varias mudanzas que hemos tenido en el centro donde trabajo. En fin, gajes del oficio, que suele decirse. Sin embargo, nunca hasta ahora se me había planteado la curiosidad de contabilizar las preguntas de los exámenes, y el resultado, al menos a mi, me ha sorprendido con algunas preguntas.

Como la mayoría de los estudiantes saben, los diferentes ponentes y coordinadores de las Pruebas de Acceso a la Universidad, hace cada uno su propia propuesta de examen. De entre ellas se hace la selección de la que se convertirá en el examen de junio y la del de septiembre. El resto se deshechan, aunque cualquiera de ellas podría haber sido la elegida. Así que entre los exámenes que cayeron y los que no, la suma de ejercicios recopilados asciende hasta esos 43, y las preguntas hasta 344, y que podeis encontrar en esta dirección.


ANTEMIO DE TRALLES. Basílica de Santa Sofía, Constantinopla. Siglo VI. Arte bizantino.



Si agrupamos las preguntas por temas, podemos ver que se reparten del siguiente modo:

  • Arte Barroco: 57 preguntas (16.57%)
  • Arte del Renacimiento: 51 preguntas (14.82%)
  • Arte del siglo XIX: 35 preguntas (10.17%)
  • Arte del siglo XX: 30 preguntas (8.72%)
  • Arte románico: 30 preguntas (8.72%)
  • Arte griego: 28 preguntas (8.13%)
  • Arte de al-Andalus: 27 preguntas (7.84%)
  • Arte gótico: 22 preguntas (6.39%)
  • Arte romano: 20 preguntas (5.81%)
  • Arte egipcio: 20 preguntas (5.81%)
  • Arte neoclásico y Goya: 14 preguntas (4.06%)
  • Arte paleocristiano y bizantino: 10 preguntas (2.90%) [9 preguntas de bizantino y 1 de paleocristiano]
  • Arte de la Prehistoria: 1 pregunta (0.29%)
  • Arte mudéjar: 0 preguntas (0%)
Con la estructura actual de la prueba, estos datos no tienen tanto significado como antes y pierden bastante interés, aunque indudablemente siguen siendo de utilidad.Quizá resulte más interesante analizar por temas, autores y obras, los que más se repiten en Andalucía.

a) Si tuviéramos que establecer un ranking de obras, encontraríamos que la estrella de la Selectividad andaluza en Historia del Arte es, con diferencia, la Mezquita de Córdoba, que ha sido propuesta hasta en 17 ocasiones, bien como pregunta teórica a desarrollar dentro del arte califal, o bien con alguna imagen para comentar. El listado con el número de veces propuestas sería el siguiente:
  1. Mezquita de Córdoba (17)
  2. Santa Sofía de Constantinopla (8)
  3. Alhambra de Granada (8)
  4. Partenón de Atenas (8)
  5. Hermes y Dionisos (Praxíteles) (5)
  6. Villa Saboya (Le Corbusier) (5)
LE CORBUSIER. Villa Saboya (1930)

b) En cuanto a los autores, a título individual, los dos primeros puestos lo ocupan el pintor barroco español Diego de Silva y Velázquez y el arquitecto suizo Le Corbusier. El orden sería el siguiente:
  1. Velázquez (12)
  2. Le Corbusier (10)
  3. Miguel Ángel (9)
  4. Bernini (9)
  5. Rembrandt (9)
  6. El Greco (8)
  7. Picasso (7)
  8. Goya (7)
  9. Frank Lloyd Wright (7)
  10. Antonio Gaudí (6)
  11. Van Eyck (5)

MAESTRO MATEO. Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela


c) Finalmente, en cuanto a los temas, los resultados serían los siguientes:

  1. Escultura románica (13). Podríamos aumentar hasta 18, si tenemos en cuenta que el Pórtico de la Gloria se preguntó en 3 ocasiones, y la portada de San Pedro de Moissac en otras 2. Desde el año 2001, sólo dejó de proponerse en alguno de los exámenes, del 2005. En 7 ocasiones, la escultura apareció asociada a la pintura.
  2. Arquitectura gótica (11). Unas veces para desarrollar las características generales de la arquitectura gótica y en otras usando como pretexto el comentario de alguna catedral.
  3. La escultura egipcia (11). En realidad, como tema se ha planteado en dos ocasiones solamente, pero hasta 9 veces más se ha propuesto comentar alguna imagen escultórica, como la Triada de Mikerinos (4 veces, la última en 2004)
  4. Escultura romana: el retrato y el relieve histórico (8)
  5. Arquitectura barroca italiana: Bernini y Borromini (7)
  6. Arquitectura egipcia: tumbas y templos (7) y otras dos ocasiones se ha propuesto comentar alguna pirámide
  7. La imaginería española del Barroco (6), que podríamos considerar hasta 9 ya que en tres ocasiones se ha propuesto comentar alguna imagen de alguno de los autores.
En fin, dentro de unas horas sabremos si la estadística se cumple o no. Suerte a todos los que os examinais estos días.

domingo, 29 de junio de 2008

POLICLETO, "Diadumenos"

La última propuesta que nos queda por analizar del examen de Selectividad de junio de 2008, en Andalucía, es el "Diadumenos", de Policleto.

Policleto es, junto con Mirón y Fidias, uno de los grandes escultores del período griego clásico (siglos V - IV a.C.). Las fuentes ponderan sus obras, no sólo por la calidad que atesoran, sino también por su enorme resonancia y difusión desde el punto de vista didáctico. Plinio dice en su Historia Natural, que la más copiada e imitada de ellas, era la que representaba a un joven de formas maduras con una lanza, a la que llamaban Kanon.

Canon significa norma, y así se titulaba el libro en que compendió Policleto sus ideas y criterios sobre la representación de la figura humana, preocupación constante de la escultura griega. Desgraciadamente, el libro se perdió, pero sus ideas teóricas fueron formuladas en las principales esculturas de Policleto, como el "Doríforo" o el propio "Diadumenos".

Para Policleto, el principio básico era la simetría. De este modo, cada una de las partes del cuerpo debía tener unas dimensiones adecuadas. Según él, el canon o medida ideal del cuerpo era siete veces el tamaño de la cabeza. En el siglo siguiente, Lisipo formuló un nuevo canon, en esta ocasión de ocho cabezas.

El "Doríforo" fue la obra que consagró a Policleto, pero el "Diadumenos" (el que ciñe) es la obra más representativa del período de madurez que siguió a la primera. La figura, fechada en torno al 430 aC, representa a un joven desnudo, en el momento de ceñirse la diadema o cinta que distinguía a los atletas campeones. El original en bronce se perdió, y hasta nosotros han llegado, como la mayoría de las obras de este período, copias romanas en mármol. La más conocida de ellas está en el Museo Arqueológico de Atenas, pero las hay repartidas por diferentes museos del mundo, una de ellas en el Museo del Prado en Madrid.

En esta fase de la obra de Policleto, el influjo ático de Fidias se advierte en detalles como la dulzura del rostro del joven y en las formas, más sueltas y suaves, por ejemplo, que las del "Doríforo". El motivo de base, con la pierna retrasada, es típica de Policleto. Por lo demás, la obra nos permite apreciar los logros escultóricos del período, como el típico contraposto, el principio de diartrosis y el sentido de la belleza clásica, entendida como armonía física y espiritual.

viernes, 27 de junio de 2008

Alhambra de Granada, "Patio de los Arrayanes"

Continuando con el análisis de la prueba de Selectividad de Andalucía, en la asignatura de Historia del Arte, en junio de 2008, nos detenemos hoy en esta obra.

El último período del arte andalusí viene representado por el reino nazarí de Granada, establecido desde 1232 y desaparecido tras la conquista castellana en 1492, tras la cual los Reyes Católicos recibieron las llaves del reino, de manos del último soberano granadino, Boabdil el Niño.

La Alhambra de Granada constituye el máximo exponente tanto del arte nazarí como de la tradición musulmana y su tendencia a la exuberancia decorativa. Con aquel broche de oro, lleno de barroquismo, se fusionan las formas almohades, con las derivaciones del arte almorávide y taifa, así como se reconoce la influencia cristiana.

El conjunto de la Alhambra se organiza en tres unidades: la Alcazaba o zona fortificada, la Casa Real y la ciudad, muy deficientemente conservada, y donde residían los artesanos que hacían posible la vida en el conjunto. Sin duda, es el segundo el de mayor interés artístico, y responde a muchas de las características del arte islámico. Se organiza en torno a dos núcleos principales, el primero es precisamente el Patio de los Arrayanes, que comunica con el Salón de Embajadores; el segundo no es menos famoso que el primero, el Patio de los Leones, al que se abren cuatro salas.

Todo el conjunto está hecho con materiales pobres pero, como escribe Gómez Moreno, "convertidos en materia de arte": argamasa, ladrillo, yeso, cerámica, madera, etc. Sin embargo, pobre no quiere decir frágil. Luego, la decoración todo lo remedia, con lo que paredes, suelos y techos quedan totalmente revestidos de ornamentación, bajo la que no hay la menor verdad arquitectónica.

En la Alhambra, el arco más frecuente es el que vemos en el Patio de los Arrayanes, el de medio punto peraltado, cairelado con finísimos lóbulos. Es en otras dependencias del recinto, donde podemos apreciar los espectaculares arcos de mocárabes.

Una de las singularidades de la Alhambra es el tipo de columna, formada por un fuste muy delgado, que apoya en basa ática y se cubre con un capitel precedido de varios collarinos. El capitel se compone de un cuerpo cilíndrico decorado con cinta continua y ondulada y de otro cúbico superpuesto, decorado unas veces con mocárabes y otras con hojas estilizadas.

En cuanto a la decoración, como hemos dicho, juega un papel esencial en el arte nazarí, ya que lo invade todo. Los principios compositivos que rigen el sistema ornamental islámico pueden reducirse, básicamente, al ritmo repetitivo y a la estilización; y los elementos empleados son la caligrafía, la decoración vegetal estilizada y la decoración geométrica. Estos tres elementos se hayan perfectamente integrados en el arte nazarí, formando una decoración profusa y menuda cuyo efecto general ha sido denominado arabesco.

A todo este conjunto de formas hay que añadir en la Alhambra uno más: el agua, que se integra estéticamente en la composición arquitectónica, tanto en reposo en estanques y acequias, que actúan como espejos donde se refleja la arquitectura, como en este patio; como en movimiento, en surtidores y fuentes, en otros muchos rincones, creando formas y produciendo rumorosos sonidos.
En este video, puedes ver una reconstrucción en 3D de este patio.

miércoles, 25 de junio de 2008

PAUL CÉZANNE, "La montaña de Santa Victoria",

Esta ha sido otra de las obras a comentar en la opción B de la asignatura de Historia del Arte, en las pruebas de acceso a la universidad, de Andalucía.

El término postimpresionismo lo empleó por primera vez, el pintor y crítico inglés Roger Fry en 1910, es decir, cuando ya habían muerto los tres grandes maestros que solemos agrupar bajo esa denominación: Cézanne, Gauguin y Van Gogh. El término, por tanto, no se refiere a un movimiento o grupo definido de artistas, con unas preocupaciones o presupuestos comunes. En realidad, resultó una denominación cómoda con el tiempo para designar a ese grupo de pintores que, sin tener mucho en común entre ellos, y habiendo pasado por el impresionismo, desarrollaron una trayectoria diferente, propia y personal. De cada una de ellas van a derivar los principales movimientos de vanguardia: Gauguin, anticipa el movimiento "nabi"; Van Gogh, el expresionismo y el fauvismo; y, finalmente, Cézanne, el cubismo.

Paul Cézanne, hijo de un acomodado banquero, se hizo pintor en contra de los deseos de su padre. Sus inicios en el arte fueron desalentadores. Empezó frecuentando el círculo parisino de los impresionistas, gracias a su amistad con Camille Pisarro, y expuso con ellos en alguna ocasión, aunque sin demasiado éxito. Quizás ese fue el motivo por el que su amigo de juventud, el escritor Emile Zola, se inspiró en él para crear el personaje de Claude Lantier, en su novela "La obra". Cézanne se reconoció en aquel pintor fracasado que acaba suicidándose, y nunca perdonó a Zola por ello, rompiendo de por vida su amistad.

Ese hecho coincidió en el tiempo con la muerte de su padre, que le dejó una herencia lo suficientemente grande como para no tener preocupaciones económicas, y su regreso a su ciudad natal en Aix-en-Provence, en el Mediodía francés. En aquel aislamiento, su pintura conoce una extraordinaria evolución, a partir de 1886, y alcanzará un reconocimiento tardío, cuando superaba los cincuenta años. Durante ese tiempo se afirmó lo que se conoce como "periodo constructivo".

Es a esa época a la que pertenecen los numerosos cuadros que pinta de su montaña mágica, Santa Victoria, un motivo que le acompañará durante toda su vida. En esta versión, pintada hacia 1900, y depositada en el museo del Hermitage, en San Petersburgo, Cézanne nos muestra en primer término, un breve camino que se pierde rápidamente en la verde espesura de la vegetación, algo poco habitual en sus paisajes, ya que por lo general anteponen una barrera al espectador, una distancia, invitando más a contemplar que a entrar en la naturaleza. A través de la yuxtaposición de colores cálidos y fríos, en pinceladas amplias, el paisaje se deja reconocer con claridad, así como la forma maciza de la montaña, que domina con su presencia todo el cuadro.

El tema de la montaña suministró a Cézanne la oportunidad de hacer visibles las características de su pintura, y que él mismo expone en una carta escrita a Paul Bernard en 1904: "tratar la naturaleza mediante el cilindro, la esfera y el cono, en perspectiva, de tal manera que cada costado de un objeto o un plano se dirija hacia un punto central. La naturaleza para nosotros, hombres, se presenta más en profundidad que en superficie". Es, sin duda, esta concepción de la imagen, la que más participa del gusto cubista, aunque los cuadros de Cézanne permanezcan alejados de lo que luego será el movimiento cubista.

En conclusión, podemos decir que Cézanne construye con el color los volúmenes, las masas, la luz, la perspectiva y, en definitiva, el espacio. No es el espacio el que estructura, sino el color a través de pinceladas amplias y prismáticas. Todas estas novedades, junto con el cubismo, llevarán a la destrucción completa de la perspectiva renacentista.
Puedes ver otras variaciones del pintor sobre el mismo tema aquí

domingo, 22 de junio de 2008

VELÁZQUEZ, "La fragua de Vulcano"



La fragua de Vulcano (Museo del Prado, Madrid) es una de las obras que han debido comentar los alumnos de Historia del Arte, de Andalucía, en el último examen de Selectividad. El cuadro fue pintado por Velázquez en 1630, durante su primer viaje a Italia, y la mayoría de los expertos lo consideran pareja de La túnica de José, pintada por las mismas fechas.


Velázquez se inspira en las Metamorfosis de Ovidio, para narrar el momento en que Apolo descubre a Vulcano la infidelidad de Venus, su esposa. Ironías del destino, parece que es para Marte, su amante, para quien posiblemente fuese destinada la armadura que están forjando el dios y los trabajadores del taller. La sorpresa, tanto del dios como del resto de figuras, ante la inesperada revelación, es magníficamente recogida por el pintor sevillano, en una espléndida galería de retratos individuales. Este episodio burlesco de marido cornudo, es muy propio de la postura antimitológica de los autores españoles del Siglo de Oro español, y opuesta a la tradición europea, como escribe Julián Gállego en el Catálogo de la Exposición de Velázquez del Museo del Prado de 1990.


En 1628, Velázquez conoció a Rubens, que se encontraba de paso por Madrid. El pintor flamenco se encontraba por entonces, en la cima de su prestigio y creatividad, y seguramente Velázquez quedaría fuertemente impresionado por aquel encuentro. Sin duda, el contacto con Rubens, y la mutua admiración de ambos por Tiziano, debió hacerle ver con claridad, las carencias de su formación y el camino para superarlas: Italia, donde se encaminaría un año después, en el que sería su último período de formación.


En la obra se ponen de manifiesto los cambios que está experimentando la pintura de Velázquez, que todavía deja ver los rasgos naturalistas de sus primeras obras, en detalles como el bodegón sobre la chimenea y los rostros de algunos personajes; al tiempo que van desapareciendo los tonos negruzcos, la pincelada se va haciendo más ligera, se interesa por el desnudo y, sobre todo, el color empieza a adquirir su auténtica personalidad, apareciendo los grises, verdes y malvas, que le acompañarían durante el resto de su pintura.

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