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domingo, 3 de febrero de 2019

Ruinas, millonarios y masones en la Riviera portuguesa


M. J. NORTE JÚNIOR, Caballerizas de Jorge Santos (1914)
 Estoril
La escasa distancia que separa a Cascais de Estoril, apenas un par de kilómetros, constituye un agradable paseo bordeando las playas que unen estas dos localidades de la Riviera portuguesa. Las lujosas mansiones y palacetes ­han borrado cualquier rastro de lo que fueron dos pequeños pueblos marineros de escasa relevancia hasta el último cuarto del siglo XIX. La historia del lugar dio un giro en 1870, cuando el rey D. Luis I escogió Cascais como lugar de veraneo, un paraje tranquilo, junto al mar, donde tomar los “baños de ola”, una moda que se había ido extendiendo por Inglaterra, Francia, España e Italia.

La decisión no podía más que arrastrar tras de sí una nutrida presencia de aristócratas, y burgueses, las más altas familias del reino, deseosas de imitar las costumbres del monarca, a las que pronto se unirán también los nuevos ricos procedentes de las clases medias. En poco tiempo, el pueblo de pescadores, arruinado casi por completo por el terremoto de 1755, fue convirtiéndose en una pequeña urbe en la que estas familias empiezan a construirse lujosas residencias. Aparecen también las señales de una modernidad desconocida en aquel lugar de la costa: primero un hotel, el Hotel Lisbonense (1871), luego la electricidad (1878), el abastecimiento de agua (1888), la línea de ferrocarril (1889) y el teléfono en 1900, con la llegada del nuevo siglo.

Este impresionante crecimiento dio lugar a la aparición de lo que se ha venido en llamar “arquitectura de veraneo”, marcada por el eclecticismo que caracteriza una buena parte de la arquitectura europea en el cambio del siglo XIX al XX. En este caso, el eclecticismo se adaptaba muy bien a las exigencias de sus clientes, nuevos ricos muchos de ellos, que buscaban en este tipo de residencias la forma de hacer visible su status social y económico, lo que se consigue con la extravagancia y ostentosidad decorativa en las fachadas que acompaña a este estilo. Al mismo tiempo, buscaban algo distinto a lo que ya tenían en la ciudad, se trataba de encontrar un refugio donde descansar y disfrutar del contacto con la naturaleza.

El desarrollo urbanístico de Estoril fue algo más tardío. No se produjo en realidad hasta 1913, en vísperas de la Gran Guerra, cuando Fausto de Figueirido compra la Quinta do Viana, marcha a París y encarga al arquitecto Henry Martinet que elabore un ambicioso plan para un nuevo complejo turístico que incluía hoteles, teatro, casino, instalaciones deportivas, hipódromo, etc. Estoril hasta entonces no era más que unas pocas casas, las termas, el pequeño Hotel París, la iglesia y la Praia do Tamariz, en cuyo extremo se erguía ya el Chalet Barros (1886), con su aspecto de fortaleza medieval. Su robusta arquitectura se mantiene intacta hoy sobre las rocas de la playa.

JULIO VAZ JÚNIOR, Decoración escultórica de la fachada de las Caballerizas de Santos Jorge (1914), Estoril

A escasos metros de allí se encuentra el edificio de los antiguos garajes, cocheras y caballerizas de la casa de Antonio Santos Jorge, conocidas generalmente como Caballerizas de Santos Jorge. No puede decirse que haya corrido la misma suerte, sino justo todo lo contrario. La deslumbrante belleza y fastuosidad que tuvo antaño su fachada presenta hoy un estado de absoluta decadencia y abandono, a pesar de la protección patrimonial que se supone debía preservarlas. Entre las grietas de sus paredes ennegrecidas por los humos crecen las hierbas, y entre los relieves de sus ornamentos anidan las palomas en absoluta libertad. Atrapado entre las vías de la línea férrea que une la ciudad con Lisboa y las modernas edificaciones que se han levantado a su alrededor, apenas si nos ofrece una triste perspectiva afeada por los cables del tendido ferroviario. La desidia ha hecho que apenas se conserve algo del inacabado proyecto de lujosa residencia de verano del que debía formar parte.

La historia del edificio se remonta al año 1914, cuando el propietario agrícola Antonio Santos Jorge, que ya tenía una casa en aquel lugar, decide derribarla y comprar los terrenos adyacentes para edificar una nueva residencia y unas cocheras, acordes a la inmensa fortuna que ahora poseía. Un año antes se había convertido en uno de los hombres más ricos de Portugal, al heredar a su tío José María dos Santos, diputado, director del Banco de Portugal, fundador  de la Real Asociación Central de Agricultura Portuguesa, y el mayor latifundista de Portugal. Conocido por su espíritu emprendedor y la incorporación de las técnicas agrícolas más innovadoras de aquel tiempo, convirtió su finca de Río Frío en la mayor viña del mundo. Una finca en la que también criaba una yeguada de caballos de pura raza que compitieron exitosamente en los hipódromos y una ganadería de reses bravas. En sus mejores tiempos, esta impresionante explotación llegó a emplear a tres mil trabajadores. Su heredero supo también mantener y extender este negocio.


M. J. NORTE JÚNIOR, detalle de la fachada principal de las Caballerizas de Santos Jorge (1914), Estoril

Haciendo gala de su reciente enriquecimiento  y de la prominente posición social que había adquirido, parece no reparar en gastos, y contrata a Manuel Joaquim Norte Júnior (1878-1962), uno de los arquitectos más importantes de Portugal en los primeros años del siglo XX. Por entonces se encontraba en la plenitud de su carrera, había ganado ya por dos veces el prestigioso Premio Valmor, por las conocidas Casa Malhoa (1904) y Villa Sousa (1912), y volvería hacerlo ahora, en 1914, con la Casa de José Marqués, con la que las Caballerizas de Jorge Santos guardan bastante relación.

La arquitectura de Norte Júnior se mueve dentro del más puro eclecticismo, y le otorga un gran peso a los elementos de marcada influencia modernista y un aire inequívocamente francés. Puede rastrearse en ella la deuda contraída con sus maestros lisboetas, especialmente dos de ellos, José Luís Monteiro y José António Gaspar, formados ambos en la tradición francesa. Él mismo, tras finalizar sus estudios en Lisboa en 1895, viajó a París para completar su formación en la École de Beaux Arts. Entre sus edificios, aparte de los ya mencionados y de un buen número de residencias en las Avenidas Novas de Lisboa el ensanche, cabe citar  otros tan populares como el Café A Brasileira (1908), la Pastelaria Versailles (1920) o el Café Nicola (1928), todos ellos iconos lisboetas de una época.

Las Caballerizas de Jorge Santos se ajustan bastante bien a las características de la arquitectura de Norte Júnior, y constituyen un buen ejemplo para comprobar la agilidad del arquitecto para desenvolverse con el lujo y satisfacer así la demanda de este tipo de clientela, como dijimos antes, más preocupada de la ostentación que de otras cuestiones. Es por eso que la fachada, el exterior de los edificios, cobra todo el protagonismo. Los elementos más destacados de la misma se concentran en la puerta de acceso de hierro forjado con decoración modernista, cerrada con un arco de medio punto sobre el cual se abre un óculo acristalado. Justo por encima encontramos un magnífico balcón sostenido por dos imponentes ménsulas con máscaras grotescas acompañadas de una rica ornamentación naturalista entre la que puede verse envuelta el monograma del propietario del edificio.

M. J. NORTE JÚNIOR,  Caballerizas de Santos Jorge (1914), Estoril

El conjunto se remata en la parte superior con un arco de medio punto flanqueado de columnas y la figura de un imponente águila moldeada por el prestigioso escultor Júlio Vaz Júnior (1877-1963), quien destaca por la realización de obras alegóricas, algunas tan conocidas como la de Adamastor (1922-27), en el Mirador de Santa Catalina, en Lisboa. El águila, desafiante, con las alas desplegadas, bien puede tenerse por un escudo señorial. Hay quien  la considera, como Briz, “un símbolo de la velocidad de los caballos, nobles amigos del hombre que antes llevaban a sus dueños, en vuelo de águila, de Lisboa a Estoril”.

Sin embargo, no creo que pueda descartarse tampoco un significado más oculto. Norte Júnior era un destacado masón y buena parte de su obra tiene un marcado carácter simbólico relacionado con la masonería, como recuerda Martín López. Es así como se entiende, por ejemplo, el uso que hace de la piedra bruta y la piedra pulida en los revestimientos de fachadas y dovelas, o muchos vanos que se abren con frontones y elementos a modo de compás que son rematados por arcos con dovelas y claves bien diferenciadas, como hace aquí mismo. Una de las incógnitas que no está desvelada es si esos elementos masónicos que tanto utiliza son únicamente fruto de la filiación del arquitecto y ajenos a sus clientes, o si acaso también estos últimos eran miembros de alguna logia y participaban conscientemente de las intenciones de Norte Júnior.

La masonería portuguesa es una de las más antiguas de Europa, y sus orígenes se remontan hasta el siglo XVIII, aunque su época dorada la conoció a partir de 1869. Tradicionalmente sus miembros procedían de las élites económicas a las que pertenecían tanto Santos Jorge como su tío José María dos Santos, políticas, culturales y universitarias. La lista es muy extensa e incluye miembros tan ilustres e influyentes como Bernardino Machado, presidente de la República, el escritor Eça de Queiroz, o  Egas Moniz, Premio Nobel de Medicina. Hoy parece fuera de toda duda la participación fundamental de la masonería en la creación de la república portuguesa.

Las Caballerizas de Santos Jorge en su aspecto original

Así pues, teniendo en cuenta estos antecedentes, no me diréis que no resulta tentador añadir una interpretación simbólica del águila en relación a las prácticas masonas. Como es sabido, el águila figura en casi todos los grados de la masonería conocidos como Filosóficos o Altos Grados. Se tiene por un “símbolo de los iniciados, quienes ponen la audacia y el genio, y contemplan de forma serena la luz de la verdad, así como el águila contempla desde lo alto la luz del Sol iluminando la Tierra. Es emblema de la elevación y poder intelectual, de las aspiraciones Ideales que conducen a la Verdad”, escribe Daza en su Diccionario de la francmasonería.  El águila pues, aleja al neófito de la ignorancia, el fanatismo y la superstición y les guía en cambio hacia la Existencia, el Conocimiento y la Dicha, lo que constituye, en definitiva, la Sabiduría.

Este artículo apareció publicado originalmente en CaoCultura el 9 de mayo de 2018

sábado, 16 de octubre de 2010

Un paseo por Lovaina (1)



Ayuntamiento de Lovaina. Detalle de la fachada.


Lovaina es una ciudad pequeña, situada a unos 30 kilómetros al este de Bruselas y con una población que ronda los noventa mil habitantes, muchos de ellos estudiantes. Ese trayecto se recorre en apenas veinte minutos en tren desde la Estación Central de Bruselas, con una puntualidad realmente envidiable, como pude comprobar en este y otros trayectos realizados durante este último verano. 

Aunque los orígenes de la ciudad se remontan a un campamento levantado por Julio César, no fue hasta la Edad Media, gracias al boyante y próspero comercio de las telas, que la ciudad alcanzó una cierta notoriedad que se tradujo en la construcción de importantes edificios. Sin embargo, el nombre de Lovaina se convirtió en universal cuando el Papa Martín V y el Conde Juan de Bravante decidieron fundar en 1425 una universidad en aquel lugar, lo que la convierte en la universidad más antigua de los Países Bajos y la universidad católica más antigua del mundo.

En el siglo XVI  se convirtió en uno de los centros intelectuales más prestigiosos de Europa, y por sus aulas pasaron eminencias de la talla de Erasmo de Rotterdam  que ayudó a fundar el Collegium Trilingüe con la intención de promover el estudio del hebreo, del latín y del griego; Andreas Vesalio que se se graduó en Medicina en la Universidad de Lovaina; Gemma Frisius matemático, astrónomo y físico, que resolvió el problema del cálculo de las longitudes geográficas, el problema que durante siglos había inquietado a los navegantes; Gerard Mercator, el gran cosmógrafo del siglo XVI, estudió Matemáticas en sus aulas, precisamente con Gemma Frisius, de quien aprendió el movimiento de los planetas y la geometría clásica que luego le serían de tanta ayuda en la elaboración de su famoso mapa; o Adriano de Utrecht, que fue profesor de Filosofía, Teología y Ley Canónica, antes de ser proclamado Papa con el nombre de Adriano VI. Y así podríamos seguir con una larga lista.

La Universidad de Lovaina se convirtió, además, en uno de los bastiones intelectuales de la lucha contra la reforma protestante. Carlos V encomendó a su Facultad de Teología la tarea de inspeccionar todos los libros que se imprimían, y censurar aquellos contrarios a la doctrina oficial de Roma.

La influencia que la Universidad ejerce en la ciudad se percibe en cada paso que se da en ella, y le imprime un carácter que, salvando las lógicas diferencias, te recuerda a otras pequeñas ciudades universitarias como Santiago de Compostela o Salamanca.

En las guías de turismo de Bélgica ocupa un lugar importante, pero no tanto como otras ciudades más conocidas y promocionadas como Brujas, Gante o Amberes, pongo por caso. Es cierto que, si exceptuamos el soberbio Ayuntamiento, carece de las catedrales, grandes iglesias o museos de aquellas ciudades. Sin embargo, dispone de un magnífico conjunto urbano salpicado de pequeñas joyas arquitectónicas que van apareciendo ante tí, sorprendiéndote, a cada paso. Un tanto alejada de la mirada curiosa de las multitudes de turistas, el visitante puede deleitarse con un plácido paseo por sus calles, animadas por la presencia constante de estudiantes, incluso en agosto, pero que no restan ni la tranquilidad ni el sosiego necesario para apreciar la belleza de Lovaina, y ahí radica precisamente su encanto, haciendo de ella, como reza un folleto que recogí en la Oficina de Turismo, un tesoro de ciudad.

WHITNEY WARREN. Biblioteca de la Universidad Central (1921 - 1928), Lovaina.


Si como fue mi caso, llegamos a la ciudad en tren, podemos iniciar nuestro paseo desde la propia estación. Frente a ella se encuentra Bondgenotenlann, una importante calle comercial que nos conduce directamente al centro de la ciudad, a menos de 700 metros. A mitad de esta vía, si giramos por Koning Leopoldstraat, llegamos a Monseigneur Ladeuzeplein, donde podemos hacer nuestro primer alto en el camino para admirar la Biblioteca de la Universidad Central, visible desde lejos por la enorme torre que contrasta con la horizontalidad del edificio. La primera biblioteca había sido construída en estilo barroco en 1725 pero se destruyó durante un incendio en la Primera Guerra Mundial. Tras el fin del conflicto, se confió al arquitecto norteamericano Whitney Warren el nuevo edificio, quien adoptó los cánones historicistas y erigió un buen ejemplo de neorrenacimiento flamenco. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1940, la Biblioteca volvió a sufrir daños muy importantes que obligaron a su reconstrucción en 1947, siguiendo los planes y diseños de Warren.



Iglesia de San Pedro (siglo XV). Lovaina. A la izquierda vista de la cabecera, a la derecha, fachada principal.



Si reemprendemos nuestro camino por Leopold Vandekelerstraat, pasamos por delante del Colegio de San Ivo, y pocos metros más adelante llegamos a Fochplein, junto a la Grote Markt. Desde allí podemos admirar la cabecera de la Iglesia Colegial de San Pedro, sin duda su mejor perspectiva. El templo es una de las mejores muestras del gótico de Bravante. Se empezó a construir en el primer tercio del siglo XV, aunque tardaron más de doscientos años en concluirla. Unas excavaciones recientes han permitido descubrir una cripta románica correspondiente a una iglesia anterior levantada en el mismo lugar.

La fachada principal, con sus torres truncadas, dan la imagen de iglesia inacabada y su aspecto no se corresponde con la verticalidad propia del gótico. Al parecer, cuando se empezaron a levantar las torres se produjo un derrumbamiento al no soportar su peso los cimientos del templo. Luego, problemas económicos impidieron reemprender la obra, de ahí el aspecto que presenta, muy poco atractivo.


Ig. San Pedro (Lovaina). Púlpito barroco y reja gótica


Merece la pena pasar a su interior y apreciar la altura de las bóvedas de sus tres naves. En el centro de la nave central se alza un espectacular púlpito barroco en madera, en el que se cuenta la historia de la conversión de San Norberto, un noble alemán poco inclinado al fervor religioso, que vio su vida transformada al caer de su caballo fulminado por un rayo de luz, en una visión celestial que parece evocar la propia historia de San Pablo.

Otra de las joyas del interior la apreciamos en la reja gótica de finales del siglo XV. Sus recargados arcos conopiales, y su abundancia decorativa, nos sitúan en el gótico flamígero, y ponen un punto de contraste con la sencillez y limpieza de las bóvedas y muros. La reja es de proporciones considerables,  corta la nave central y la separa de la magnífica sillería del coro, obra de N. de Bruye. El coro y las capillas, transformadas en un museo de arte religioso, conservan obras de la importancia de La Última Cena, de Dirk Bouts.

Ayuntamiento de Lovaina (siglo XV)


La entrada sur de San Pedro se sitúa en la Grote Markt, frente al Ayuntamiento,  auténtica joya del gótico civil flamenco, una de las mejores muestras del estilo junto con los de Bruselas, Brujas o Gante. En su construcción intervinieron tres arquitectos, que se fueron sucediendo en el tiempo. El primero de ellos fue Sulpicius Van der Vort, a quien sucedieron, primero Jan Keldermans y luego Matheus de Layens, quien pasa normalmente como ejecutor del proyecto.

Es un edificio de tres plantas, con una profusa decoración escultórica propia del gótico flamígero, que ocultan casi por entero las líneas constructivas del edificio. Las esculturas que tapizan los muros, a ambos lados de los estrechos ventanales que los recorren de arriba a abajo, son de dos épocas diferentes. Las más antiguas son góticas y corresponden a escenas bíblicas. Las más recientes, en cambio, representan a dignatarios locales, políticos e intelectuales vinculados a Lovaina, como Erasmo o Luis Vives, y se añadieron en el siglo XIX.

 La verticalidad del conjunto se subraya por las cuatro torres situadas en cada uno de sus ángulos a las que hay que añadir otras dos en el tejado. Sin duda, el de Lovaina, es uno de los ayuntamientos más bellos del mundo.


Tafelrond (1927). Lovaina



Antes de abandonar la Grote Markt podemos sentarnos en algunos de los agradables cafés situados en los edificios barrocos y neoclásicos que la componen. Desde sus terrazas se puede admirar la belleza del conjunto y contemplar al fondo el edificio que llaman Tafelrond (La Mesa Redonda). El edificio original era gótico, obra de Matheus de Layens, uno de los arquitectos que intervino en el Ayuntamiento. El edificio actual se trata de una reconstrucción en estilo neogótico, del año 1927.


Aula Universitaria (Lovaina)

Continuamos con nuestro paseo por Naameestraat y nos topamos de inmediato, a nuestra derecha, con el Aula Universitaria. El edificio original estaba dedicado al comercio de paños, actividad que supuso la prosperidad de la ciudad en la Edad Media. Entonces sólo tenía una planta, la que podemos ver en estilo gótico (1317). En el siglo XVII se añadieron otras plantas para adecuarlo a las nuevas funciones cuando la Universidad adquirió el edificio. En la actualidad constituye la sede de la administración central de la Universidad Católica de Lovaina y está profundamente reformado aunque conserva algunos de sus hermosos arcos.

Si giramos a la izquierda en Standonckstraat, llegamos a Hogeschoolplein, una tranquila y recogida plaza en la que nos topamos de frente con el Colegio del Papa, uno de los más antiguos de la Universidad de Lovaina y que cuenta con una agitada historia a sus espaldas. En 1502, cuando Adriano de Utrecht ejercía de profesor en Lovaina, adquirió una casa propiedad de Gautier Van den Tymple que reformó en profundidad para convertirla en su residencia. Allí vivió hasta su marcha a España como consejero del emperador Carlos V. Años más tarde, y convertido ya en Papa con el nombre de Adriano VI, pocos días antes de su muerte en 1523, otorgó su testamento, en el que ordenaba que aquel edificio se convirtiera en un colegio para estudiantes de teología, lo que obligó a otra profunda reforma del edificio.


LOUIS MONTOYER. Colegio del Papa [cuerpo central de la fachada] (1776-1778). Lovaina


En 1775 el edificio sufrió un derrumbe parcial que afectó gravemente a sus instalaciones y se decidió practicar otra reforma, que se encargó a un arquitecto de prestigio, Louis Montoyer. La primera piedra del mismo la colocó el entonces presidente del Colegio, el doctor Thomas Lambert Ghenne el 18 de mayo de 1776. Dos años después se daban por finalizadas las obras de este precioso ejemplo de neoclasicismo.

El edificio forma un rectángulo que ocupa una superficie de unos siete mil metros cuadrados aproximadamente, que se articulan en torno a un patio interior que sorprende por su silencio y la serenidad que emanan sus proporciones.

La fachada exterior se articula en tres cuerpos. El central dispone de seis pilastras de orden colosal en estilo compuesto. El conjunto se remata con un frontón triangular. Los cuerpos laterales, en cambio, se cubren con frontones semicirculares y las pilastras, del mismo orden que las anteriores, se organizan en dos cuerpos en altura, el primero de los cuales descansa sobre un basamento rústico.


LOUIS MONTOYER. Colegio del Papa [patio interior] (1776-1778). Lovaina


En el año 1786 el emperador José II decidió destinar las instalaciones para Seminario General de la Universidad; más tarde, en los revolucionarios años que se sucedieron con la ocupación napoleónica, llegó a ser una sucursal del Hospital de los Inválidos de París. Durante la ocupación holandesa, el rey Guillermo I estableció allí el Colegio de Filosofía; y desde 1835 sirve de escuela de pedagogía para los estudiantes de Filosofía y Letras.

Hacemos aquí un alto en nuestro camino para retomar la ruta en unos días.

sábado, 28 de agosto de 2010

Boerentoren, el primer rascacielos europeo

JAN VAN HOENACKER, JOS SMOLDEREN y EMIEL VAN AVERBEKE. Boerentoren (1931), Amberes.


Las autoridades de Nueva York han aprobado la construcción de un nuevo rascacielos que superará en altura al mítico Empire State Building. Sin embargo, no todos los neoyorkinos parecen entusiasmados con la idea de modificar su skyline. La polémica entre unos y otros me sorprende recién llegado de un viaje a Bélgica, donde casualmente he tenido la oportunidad de conocer en Amberes, el Boerentoren (hoy Edificio KBC), el primer rascacielos que se construyó en el Viejo Continente.

El Boerentoren levanta su mole de piedra y acero Art Déco en la encrucijada entre Eiermarkt y la majestuosa avenida Meir, jalonada de grandes mansiones y palacios eclécticos del siglo XIX que hoy ocupan selectas tiendas y comercios, haciendo de ella una de las vías más animadas y concurridas de la ciudad.

Cuando se terminó, en 1931, se convirtió en el primer rascacielos que se construía en Europa, con una altura de 87,5 m. y 26 plantas que se dedicaron a apartamentos y oficinas. Entre 1970 y 1976 se procedió a una profunda transformación, que elevó su altura hasta los 97 metros y convirtió todas sus plantas en oficinas. Como puede verse, unas proporciones modestas comparadas con los 449 metros del Empire State de Nueva York, finalizado el mismo año que el Boerentoren.



JAN VAN HOENACKER, JOS SMOLDEREN y EMIEL VAN AVERBEKE. Boerentoren (1931), Amberes.



Su nombre original, Boerentoren (en neerlandés Torre de los granjeros) parece que se le dio porque unos de los principales impulsores del proyecto fue una cooperativa de granjeros. El nombre actual, en cambio, lo toma del importante grupo bancario y financiero belga KBC, propietarios del inmueble, y sede del mismo en Amberes.

Para su construcción se eligió al arquitecto Jan Van Hoenacker . No es mucha la información que tengo sobre este arquitecto que centró básicamente su actividad profesional en Amberes, donde construyó el Century Hotel, los almacenes Savelkoul, la oficina de correos de la calle Pelican y la Feria del Comercio de Diamantes, entre otros. En el Boerentoren aplicó y trasladó los conocimientos y experiencias de la arquitectura norteamericana adquirida en su estancia en Estados Unidos. Probablemente la crisis económica del 29, puso fin a este tipo de proyectos, enormemente costosos y ambiciosos, y le impidió seguir desarrollando este tipo de arquitectura.

También intervinieron Jos Smolderen, que se ocupó fundamentalmente de la arquitectura de la fachada y los diseños de los interiores; y Emiel Van Averbeke, que actuó fundamentalmente como supervisor municipal de los trabajos. Uno de los principales inconvenientes que tuvieron que afrontar fue la altura del edificio, que no debía superar la torre de la catedral gótica ni entorpecer la visión de la misma.


JAN VAN HOENACKER, JOS SMOLDEREN y EMIEL VAN AVERBEKE. Boerentoren (1931), Amberes.


La estructura del edificio se sustenta sobre un armazón o esqueleto de acero, que era la primera vez que se usaba en Bélgica para levantar un edificio. En esa estructura se emplearon 3.400 toneladas de acero, 180.000 pernos y 340.000 remaches del mismo material, y sólo en construirla se emplearon casi cuatro meses de trabajo. Pero el acero no se limitó a la estructura, también se emplearon 500 toneladas del mismo material en el hormigón. Esa inmensa estructura de acero se recubrió luego con ladrillos y piedra.

La Segunda Guerra Mundial puso a prueba la resistencia de esa estructura. La gran altura del edificio hizo de él un blanco fácil para la artillería alemana, que impactó sobre sus muros cerca de 50 proyectiles e incluso un cohete V2, que aunque le causaron importantes heridas no afectaron a su estructura, que permaneció inalterable.

Entre las curiosidades que incorporó el edificio estaban los cuatro ascensores de la torre, que con una velocidad de 1,5 m/seg eran capaces de transportar en su conjunto hasta diez mil personas al día. Actualmente, la torre sólo dispone de dos ascensores que se suman a los trece que tiene el edificio completo.


JAN VAN HOENACKER, JOS SMOLDEREN y EMIEL VAN AVERBEKE. Boerentoren (1931), Amberes.


En su aspecto exterior, el Boerentoren dispone un cuerpo central flanqueado por otros dos laterales de menor altura. El cuerpo central a su vez, se organiza en tres cuerpos que se van reduciendo conforme ascendemos. Componen una fachada monumental plagada de detalles Art Déco. La entrada principal está cubierta de mármol negro y adornada con ocho esculturas femeninas monumentales agrupadas por parejas. En los dos ángulos que se forman en la diferencia de altura del cuerpo central y los laterales, se colocan sendas figuras femeninas monumentales de carácter religioso.

La decoración escultórica de la fachada se completa con los relieves que recorren la parte superior de los cuerpos laterales, sobre los que se han labrado temas alusivos a la economía.

Para saber algo más sobre el edificio podeis leer esta página, quizá la más completa sobre el mismo, aunque si no sabeis flamenco tendreis que utilizar un traductor para acceder a la información. En esta otra podeis ver un par de diagramas del Boereten.

lunes, 5 de julio de 2010

SÁENZ DE OIZA, "Palacio de Festivales de Cantabria"

FRANCISCO JAVIER SAÉNZ DE OIZA. Palacio de Festivales de Cantabria (Santander, 1990)


Sobre los terrenos que ocupaba un antiguo astillero, colgado sobre el mar de la bahía de Santander, levantó entre 1986 y 1990 el arquitecto Sáenz de Oiza el Palacio de Festivales de Cantabria, sede de un importante festival de música clásica internacional.

El navarro Francisco Javier Sáenz de Oiza es uno de los arquitectos más importantes de la segunda mitad del siglo XX en España. Entre sus obras, a camino entre el organicismo y el racionalismo, encontramos edificios emblemáticos como el Edificio Torres Blancas (Madrid, 1969), el Edificio del BBVA (Madrid, 1972) o el Edificio Torre Triana (Sevilla, 1993), por poner un ejemplo de su trabajo en Andalucía.

En el diario El Mundo el 19 de julio de 2000, con motivo del fallecimiento del arquitecto, se publicaba una semblanza en la que se recogían estas palabras en las que enjuiciaba su propio trabajo, no sin cierta dureza:

"A estas alturas de mi vida lo tengo más claro que nunca: he fracasado como arquitecto, soy un mal profesional. La arquitectura tiene que ver más con el arte y la poesía que con la técnica, y desde luego a mí no se me puede considerar un artista. La técnica es algo que se domina con esfuerzo y tesón, y eso no tiene demasiado mérito".


FRANCISCO JAVIER SAÉNZ DE OIZA. Entrada principal, Palacio de Festivales de Cantabria (Santander, 1990)


No sé si se trataba de un ejercicio de sinceridad o de falsa modestia, aunque bien pudieran ser las dos cosas. Que hay poesía y arte en muchas de sus construcciones no seré yo quien lo cuestione, pero que otras son un ejercicio frío de pura técnica también me lo parece, y una de estas bien podría ser el Palacio de Festivales, que desde su misma inauguración despierta el recelo y las críticas feroces de muchos ciudadanos de Santander. Yo mismo, el verano pasado, mientras tomaba las fotografías que acompañan este artículo, recibí el reproche de una paseante que me preguntó "por qué fotografiaba una cosa tan fea, con las cosas tan bonitas que hay en Santander". En realidad creí entender que aquel reproche no se dirigía al edificio en sí, sino a la arquitectura contemporánea en general. Mi respuesta fue instintiva, sin tiempo para pensarlo: "¡Pues a mí me gusta!", la arquitectura contemporánea claro, porque el Palacio, sinceramente, no mucho.

FRANCISCO JAVIER SAÉNZ DE OIZA. Entrada principal, Palacio de Festivales de Cantabria (Santander, 1990)


Las críticas hacia el edificio, como decía, son antiguas, y no afectan únicamente a su estética, sino también a algunos errores atribuidos al arquitecto, como el cambio de coloración de algunos materiales por su proximidad al mar, el diseño de las sillas, demasiado estrechas para una persona y que hubieron de cambiarse poco después de su inauguración, algún derrumbamiento incluso. Otras se dirigen, creo que con poco fundamento, al uso elitista del edificio.

Los materiales que predominan son el mármol y el cobre. La cubierta está plagada de tragaluces que permiten iluminar el interior de forma natural. Su entrada principal, inspirada en los teatros griegos como el de Epidauro, podemos entenderlo como un claro ejemplo del intento de síntesis entre la tradición más clásica y la vanguardia.

El palacio se inauguró con un Oratorio de Haendel, Josué, a cargo del King's Consort. Enrique Franco escribió la crónica del estreno para el diario El País, y en ella alaba la belleza del palacio santanderino, tanto en el interior de la sala como en el exterior, que en su opinión se integra perfectamente en la ciudad. Pero, sobre todo, destaca la acústica, que considera clara, transparente y efusiva, ya que el sonido se refleja y corre con naturalidad.

viernes, 17 de octubre de 2008

AYN RAND. "El manantial"

El protagonista de esta novela, Howard Roark, es un arquitecto creador e imaginativo, capaz de sacrificarlo todo antes que renunciar a sus principios e ideales artísticos. Testarudo, tenaz y absolutamente seguro de sí mismo y de lo que quiere. Un genio totalmente independiente e individualista.

Peter Keating, también arquitecto, es justo lo contrario de Roark. Un arquitecto mediocre, sin talento ni creatividad, que repite lo mismo una y otra vez sin aportar absolutamente nada nuevo, copiando lo que otros han hecho ya miles de veces antes que él. Un arquitecto, sin embargo, encumbrado en el éxito, promocionado por gente influyente como el magnate de la prensa Gail Waynand, o críticos de arte como Ellsworth M. Toohey, que hacen y deshacen a su antojo.

En medio de todos ellos, Dominique Françon, la mujer decidida y emprendedora, enamorada de Roark pero que termina casándose con Peter Keating, su rival y enemigo.

La autora es la escritora y filósofa Ayn Rand. Nació en Rusia en 1905, y en 1925 pudo huir de la Unión Soviética, escapando del régimen bolchevique. Se instaló en Estados Unidos, donde residió hasta su muerte. Su primera novela, "Los que vivimos" es un relato casi personal denunciando los abusos y crímenes de la Rusia comunista. "El manantial", fue rechazada hasta en doce ocasiones antes de ser publicada, pero una vez vio la luz se convirtió en un best-seller, no precisamente por los esfuerzos de los editores, sino gracias al boca a boca de sus lectores.

Ideológicamente, la novela supone al mismo tiempo, como casi toda la producción de su autora, tanto una crítica feroz del colectivismo, como una defensa a ultranza del individualismo y de la independencia absoluta. Toda la obra de Rand destila anticomunismo y rechaza cualquier intervención del Estado en la vida de los ciudadanos, por lo que algunos llegan a hablar de capitalismo radical. No es por eso extraño que haya quien la identifique como una novela que recoge genuinamente las esencias y raices del espíritu americano, y se la considere como una de las autoras que más han influido en Estados Unidos durante el siglo XX.

Sello de correos con la imagen de Ayn Rand

Traducido al mundo del arte, Howard Roark, proclama el derecho absoluto del artista sobre su obra, por encima de cualquier opinión, cliente o cualquier otro medio de control, llámese escuela, opinión pública, medios de comunicación, etc. Ninguna otra opinión diferente a la suya merece ser tenida en cuenta. El egoísmo es entendido por la autora como virtud, de ahí el título de la novela, que hace alusión a una frase del libro: "El ego del hombre es el manantial del progreso humano". Howard Roark sería, una especie de versión americana del superhombre de Nietzsche.

Una cuestión recurrente es, en quién se inspiró Rand para componer la figura de Howard Roark, la figura como arquitecto me refiero. Sabemos que para preparar la novela, estuvo trabajando en el estudio del arquitecto Louis Khan, familiarizándose con sus métodos de trabajo, y para muchos no hay ninguna duda que él es la imagen que refleja Roark, aunque muchos siguen creyendo que la autora se inspiró realmente en Frank Lloyd Wright, a quien admiraba profundamente. El equívoco puede venir porque sí que fue Wright el modelo de la versión cinematográfica que hizo King Vidor.

Pero todavía hay quien habla de un tercer arquitecto, el austriaco emigrado a Estados Unidos, Richard Neutra, que entre otras muchas obras interesantísimas y con rasgos parecidos a las descritas en la novela, edificó en el valle de San Fernando en California, la casa del director de cine Joseph von Sternberg en 1935, lamentablemente hoy derribada. Curiosamente esa casa fue adquirida luego por la propia Ayn Rand, y precisamente en ella está tomada la foto de arriba, en la que la escritora aparece acompañada de su marido.

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