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REMBRANDT, Lección de anatomía del Dr. Tulp (1632), Mauritshuis, La Haya |
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Izquierda: ADRIAEN BOUWER, Campesino borracho (1624); Derecha: PETER PAUL RUBENS, El dinero de los tributos (después de 1621) |
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REMBRANDT, Lección de anatomía del Dr. Tulp (1632), Mauritshuis, La Haya |
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Izquierda: ADRIAEN BOUWER, Campesino borracho (1624); Derecha: PETER PAUL RUBENS, El dinero de los tributos (después de 1621) |
REMBRANDT. Vista de Houtewaal (h. 1650) Chatsworth Settlement
Es más que probable que la promesa de matrimonio se hubiera realizado. De hecho, Rembrandt intentó negociar un acuerdo fuera de los tribunales, y ofreció a la joven una pensión de 60 florines anuales, que luego subió hasta 160. La condición impuesta por Rembrandt para ello es suficientemente aclaratoria de la situación, ya que, a cambio de la pensión, Geertge no debía alterar su testamento de 1648, en el que legaba todos sus bienes a Titus, el hijo de Rembrandt. La sentencia del tribunal respetaba el testamento. La única explicación que encuentra Douglas Mannering para esto, es que el pintor, en un arrebato de pasión o de amor, hubiera regalado a Geertge algunas de las joyas o bienes que habían sido de su esposa, e intentaba recuperar.
REMBRANDT. La curva en el Amstel en Kostverloren con jinetes (1651-52), Chastworth Settlement
Tras el fallo del tribunal, la joven entregó un poder notarial a su hermano Pieter para que le ayudara a obligar a Rembrandt a cumplir con las obligaciones determinadas por los jueces. Con lo que no contaba Geertge es con lo que ocurrió a continuación. No sabemos cómo ni a cambio de qué, Rembrandt convenció a Pieter para que le ayudara a encerrar a la joven. Entre abril y julio de 1650, reunieron testimonios de algunos vecinos sobre la conducta y la vida inmoral de la chica, y consiguieron encerrarla en la cárcel de Gouda, donde permaneció cinco años, hasta 1655. El establecimiento era una mezcla de taller y centro de rehabilitación, que albergaba deficientes mentales, prostitutas, alcohólicos y otros marginados de la época. Según la costumbre, se les hacía trabajar y se les reprendía severamente cuando incumplían las órdenes. No debió ser nada fácil para Geertge sobrevivir en aquel ambiente.
Al contrario de lo que había ocurrido con Saskia, y que luego repetirá con Hendrickje, no se conoce ningún dibujo, grabado o pintura de Geertge, pero sí que tuvo otros efectos el episodio en la obra de Rembrandt. Gary Schwartz en "El libro de Rembrandt" relaciona estos momentos difíciles con algunos aspectos de su pintura. Es el único momento en toda la vida del pintor en que no fechó ningún dibujo, pintura o aguafuerte, y sin embargo es ahora cuando intensifica su labor como paisajista, género muy poco cultivado por el maestro holandés. Schwartz sugiere que lo que impulsó esa actividad fue la necesidad de evadirse de los problemas que le rodeaban, salir de Amsterdam. En esos paseos y pequeños viajes es cuando el pintor toma los apuntes para sus dibujos.
Pero no es fácil determinar hasta qué punto afectó el asunto a Rembrandt. Quizá analizando también sus autorretratos podamos hacer alguna suposición. Por ejemplo, el autorretrato de 1640, del Thyssen-Bornemisza que ilustra el comienzo de esta entrada, nos muestra a un Rembrandt elegante, con un atuendo lujoso y exquisito, y una cuidada apariencia. En cambio en el aguafuerte que vemos sobre estas líneas, de 1648, un año antes de que el asunto estalle en los tribunales, viste unas ropas ordinarias y su rostro muestra un aspecto bastante vulgar, cansado y envejecido. Esa misma tristeza y seriedad persiste en los autorretratos posteriores. Claro que tampoco debemos olvidar el efecto que causa el paso de los años y los problemas económicos que atravesó el pintor en los años venideros.
Todas las fotografías han sido tomadas de la completísima Rembrandt: Life and Work, donde pueden obtenerse una gran cantidad de fotografías de sus pinturas e información sobre su vida y su obra.
Otra de las obras que llamó mi atención fue un pequeño cuadro titulado "Descanso en la huida a Egipto" (abajo), uno de los escasos paisajes que pintó el holandés (sólo se le conocen ocho), donde el fuego que calienta a la Sagrada Familia parece tener vida propia.
La tercera y última etapa de su producción llega hasta su muerte en 1669. Es aquí donde aprecimos su forma de pintar en plena madurez, con su característica pincelada larga, empastada y con una luz dorada, de efectos insuperables, que evocan la escuela veneciana y confieren a sus cuadros un sabor inconfundible, admirable en la soberbia "Betsabé" del Louvre (abajo), sin duda, una de las más bellas composiciones de toda la producción de Rembrandt.
La muestra se abre y finaliza con dos autorretratos, no podía ser de otra manera en un autor que lo hizo en más de noventa ocasiones . El último, que vemos a la izquierda, "Autorretrato como Zeuxis", es extraordinariamente atractivo por su modernidad y audacia. La pincelada se ha vuelto gruesa, pastosa, espesa, haciendo real aquella broma que suele hacerse acerca de algunos de sus cuadros, de los que se dice que derrochaba tanta pintura que podrían cogerse por la nariz. En él, Rembrandt, ya anciano, aparece pintando y riendo abiertamente, es la imagen de un hombre feliz y satisfecho. No se me ocurre mejor manera de finalizar esta exposición.
La exposición no cierra sus puertas hasta el 6 de enero de 2009, así que todavía queda mucho tiempo por delante, y la ocasión es de las que no deben dejarse escapar. Para recabar información sobre la visita y ver la exposición al completo, puedes entrar en la página del Museo del Prado. En el video que os dejo, podeis asistir a una explicación de la exposición por parte de Alejandro Vergara, uno de los responsables de la exposición y autor de la edición del catálogo.