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domingo, 29 de abril de 2018

Diez curiosidades que quizás no conocías de la "Lección de anatomía del Dr. Tulp", de Rembrandt

REMBRANDT, Lección de anatomía del Dr. Tulp (1632), Mauritshuis, La Haya

1.- El Dr. Nicolaes Tulp, además de médico, fue otras muchas cosas: importador de té y narcóticos de China, y concejal de Amsterdam en numerosas ocasiones, por ejemplo.

2.- Se le considera también como uno de los precursores de la Primatología por su descripción de un chimpancé. Sus estudios contribuyeron a preparar la teoría evolutiva de Darwin, al contemplar a los simios como el ser vivo más semejante a los ancestros de la especie humana. 

3.- La lección que está impartiendo a sus colegas es sobre el funcionamiento de los tendones del brazo.

4.- Este tipo de lecciones se permitían realizar sólo una vez al año y eran públicas. Se hacían siempre en invierno, porque así el cadáver se conservaba mejor.

5.- Tenían lugar en salas de conferencias o “teatros anatómicos” que eran salas adyacentes a las facultades de medicina, y el público pagaba una entrada para presenciarlas.

6.- El cadáver que se está diseccionando es el de un delincuente habitual condenado a la horca en enero de 1632, cuyo nombre era Adrian Arisz de Leiden, de 41 años. Su último delito, el robo a mano armada de una túnica.

7.- El cadáver de Adrian Arisz de Leiden tiene el brazo derecho más corto que el izquierdo, sin embargo, ningún crítico de arte lo advirtió hasta una restauración en 1998. Las radiografías del cuadro demuestran que debajo de la mano hay un muñón, que luego Rembrandt rectificó añadiendo la mano.

8.- En la obra sólo aparecen los siete médicos que pagaron por recibir la lección. Sus nombres aparecen escritos en el folio que sostiene uno de ellos, a la derecha del Dr. Tulp. Son los doctores: Jacob Blok, Hartman Hartmanszoon, Adabraen Slabran, Jacob de Witt, Mathijs Kalkoen, Jacob Koolvelt y Frans Van Loenen.

9.- Rembrandt consigue que el centro de atención del cuadro sea el cadáver, aunque ninguna de las miradas de cirujanos se dirigen a él.

10.- Para componer el cuadro, Rembrandt “robó” varias ideas de otros pintores, por ejemplo, la composición está tomada de “El dinero de los tributos”, de Rubens y la disposición del cadáver es idéntica a la del “Campesino borracho” en una taberna” de Adriaen Bouwer.


Izquierda: ADRIAEN BOUWER, Campesino borracho (1624); Derecha: PETER PAUL RUBENS, El dinero de los tributos (después de 1621)


jueves, 19 de mayo de 2011

Dibujos de Rembrandt

REMBRANDT VAN RIJN. Saskia con sombrero de paja (1633).  Staatliche Museum, Berlín. Punta de plata sobre papel vitela.



Hay artistas que se pasaron toda la vida trabajando. Rembrandt fue uno de ellos, ya que además de su formidable catálogo de pinturas, fue un prolífico grabador y dibujante. De la importancia de esta última faceta nos da la medida que, en el catálogo más completo que hay de sus dibujos, el que hicieron Otto Benesch y su esposa Eva, allá por los años 50 del siglo pasado, se contabilizan más de mil quinientos. Rembrandt dibujó intensamente por lo menos durante cuarenta años de su vida, los comprendidos entre 1627 y 1662, fecha a partir de la cual prácticamente, y sin que sepamos por qué, dejó de hacerlo. Sólo diez dibujos escapan a esos límites cronológicos, si bien es cierto que puede que muchos se hayan perdido a lo largo de estos siglos.

Dos cosas nos llaman la atención en los dibujos de Rembrandt. La primera, que muchos otros pintores han dibujado bocetos, estudios, posturas, ... como preparación de los cuadros que iban a pintar, sin embargo, en Rembrandt, este tipo de dibujos son casi una anécdota, ya que la mayoría de sus dibujos son una obra en sí mismos, sin otra finalidad que la del propio dibujo. La segunda, lo prolífico de su producción, que contrasta con la casi absoluta inexistencia de dibujos de otros pintores holandeses contemporáneos suyos, como Vermeer o Fran Hals.


 REMBRANDT VAN RIJN. Tita van Uylenburch, hermana de la esposa de Rembrandt, Saskia (1637).  Museo Nacional de Estocolmo. Tinta marrón y aguada.


Sus dibujos nos permiten también acercarnos a otro Rembrandt, al que intuimos en muchas de sus pinturas, sobre todo aquellas que tienen que ver con Saskia o Hendrickje, sus mujeres, pero que allí se nos muestra más esquivo, más en su papel de pintor. En sus dibujos, en cambio, se muestra no tanto el artista como el hombre. Son dibujos, muchos de ellos, espontáneos, frescos, desenfadados, informales, en los que desfilan sus modelos, sus ayudantes en el taller de pintura, las mujeres de su casa, ancianos, niños, madres, todos ellos en sus quehaceres cotidianos, gozando de la intimidad del pintor; también paisajes, animales domésticos, pinturas de historia, etc.

A Rembrandt le gustaba dibujar sobre todo con pluma y tinta, técnica que emplea en más del noventa por ciento de sus dibujos conservados. Sólo en contadas ocasiones emplea el pincel para dibujar. En aquella época, las plumas que empleaban los pintores podían ser de dos tipos: de ave y de junco. Las plumas de ave se escogían de las grandes plumas huecas de las alas exteriores de ocas, cisnes o cuervos. Para utilizarlas había que prepararlas cuidadosamente. Primero se las rascaba y, a continuación, se las endurecía sumergiéndolas en ceniza caliente o arena. Después se les tallaba en su extremo una punta y quedaban listas para emplearlas. Esta punta solía ser bastante fina y confiere a los dibujos un aspecto bastante lineal.

REMBRANDT VAN RIJN. Estudios de una mujer y dos niños (h. 1640). Boston, Colección Peck. Pluma de junco y tinta marrón.



La pluma de junco se obtenía de los tallos huecos de la caña o el bambú. Al contrario que la de ave, su punta suele ser más roma, por lo que los trazos resultantes al dibujar son más amplios que los de aquella, pareciéndose más a una pincelada.

Por lo que respecta a la tinta, por lo general, Rembrandt empleaba tinta marrón o aguada (tinta diluida que también puede ser aplicada con pincel). Durante mucho tiempo se ha creído que Rembrandt utilizó más que nada un tipo de tinta que se extrae del hollín y que se denomina bistre, y con el que hizo sus característicos dibujos de tinta de color marrón. Sin embargo, a principios de la década de 1980, técnicos del Metropolitan de Nueva York, analizando sus dibujos, descubrieron que utilizó este tipo de tinta en muy pocas ocasiones, y que en realidad empleó casi siempre tinta de agalla  (una susbstancia que se forma en las hojas de los robles y el pistachero) y sales de hierro. La importancia del descubrimiento radica, entre otras cosas, en que ésta última cambia de coloración con el tiempo. Es decir, lo más probable es que el color original de la tinta aplicada por Rembrandt fuese negro, y que han sido los años los que le han dado ese tono marrón con que hoy los vemos.

REMBRANDT VAN RIJN. Río con árboles (h. 1654-56). París, Museo del Louvre. Pincel y aguada marrón.


En otras ocasiones, empleó también tinta india o china, que se obtiene del hollín creado por la quema de aceites, resinas o madera resinosa, o de la quema del carbón de madera mezclado con goma o resina.

La acuarela blanca opaca también fue empleada ocasionalmente por Rembrandt, con dos fines sobre todo: para crear toques de luz en sus dibujos o, lo más frecuente, para tapar, suprimir o suavizar líneas hechas anteriormente con tinta. Este tipo de acuarela se consigue a partir de una solución de blanco o de plomo. Con el paso del tiempo se vuelve transparente, con lo cual aquello que Rembrandt intentó ocultar a nuestros ojos bajo esta acuarela, hoy está al descubierto.

Todas estas técnicas descritas hasta aquí son de las que se consideran húmedas, pero Rembrandt empleó también en ocasiones algunas de las denominadas secas, como la tiza roja, negra o el carbón. La tiza negra es un compuesto de esquisto carbonífero y arcilla, que el pintor holandés aplicó especialmente en figuras y paisajes. El aspecto que proporciona es de unas tonalidades apagadas, por lo que cuando al maestro le interesaba conseguir un resultado más brillante, utilizaba en su lugar el carbón.
 
REMBRANDT VAN RIJN. Niño que aprende a andar (h. 1660). Londres, Museo Británico. Tinta marrón.



La tiza roja obtiene su color del óxido de hierro, y la intensidad del mismo depende de la proporción entre ese óxido y la arcilla. Cuanto mayor sea el primero, más intenso el color, y al contrario. En cualquier caso, esta técnica parece que dejó de emplearla a partir de 1640.

En los siglos XV y XVI el dibujo a punta de metal, otra técnica seca, gozó de una enorme popularidad, pero en la época de Rembrandt casi había dejado de emplearse y se tenía, eso sí, por una técnica refinada y elegante, pero antigua. Quizá fue por eso que cuando Rembrandt la utilizó fue para trabajos muy especiales, como el hermosísimo dibujo que hizo de Saskia poco antes de su matrimonio, un auténtico regalo de boda. Esta técnica emplea una varilla de plata, o de otro metal bañado en plata, pero que no deja marca visible en el papel, por lo que es necesario que este se prepare adecuadamente antes del dibujo.

REMBRANDT VAN RIJN. Cornelis Claesz Anslo (1640). Londres, Museo Británico. Tiza roja, realzada y corregida con óleo blanco, con aguada roja sobre un papel de color marrón amarillento claro y el contorno marcado con un estilo para transferirlo a una plancha de cobre.


Hubo otras técnicas que, a pesar de que eran conocidas y utilizadas en su época, no nos consta que Rembrandt utilizase, como el lápiz de mina, los lápices de colores, la acuarela y, especialmente, la tiza blanca, que aplicada sobre papel de color azul era muy popular entre sus discípulos y ayudantes.

Rembrandt no se conformaba únicamente con utilizar todas esas técnicas descritas por separado, sino que, desafiando las normas convencionales, las empleó en muchas ocasiones de manera simultánea en un mismo dibujo, sin que ello le supusiese ningún tipo de problema. A veces llega a complementarlas con óleo, como si aspiraran estos dibujos a la condición de pinturas.

Más información y dibujos de Rembrandt podeis encontra en estas dos páginas, ambas excelentes. La primera Rembrandt van Rijn: Life and Work; la segunda es The Schwartzlist, de Gary Schwart, uno de los grandes especialistas en la obra de Rembrandt, y de la que se han tomado las imágenes de este trabajo.

lunes, 20 de abril de 2009

Rembrandt y las mujeres (y 3): Hendrickje

REMBRANDT. Hendrickje en la ventana (1656) Staatliche Museem, Berlín



En el año 1649 Rembrandt, viudo de Saskia, contaba 43 años. Aquel año una joven de apenas 23 entró a formar parte del servicio doméstico en la casa del pintor. Rembrandt se enamoró de ella, aunque el pintor mantenía, como hemos visto en una entrada anterior, una relación con Geertge, también sirviente suya. Rembrandt la abandonó con las consecuencias que entonces vimos.

Las delicadas condiciones económicas impuestas por Saskia en su testamento, alejaron al pintor de cualquier intención de contraer matrimonio, pero vivió con Saskia como si lo fueran hasta el año 1663, cuando ella falleció a los 37 años, víctima de la peste que aquel año asoló Amsterdam. Se le dio sepultura en la iglesia de la Westwerk.

Sin embargo, no podemos pensar que este tipo de convivencia fuese fácil en una sociedad dominada por la rígida moral calvinista, que no aprobaría una vida en pecado. El momento más duro se produjo en el verano de 1654, cuando Hendrickje, en avanzado estado de gestación de su hija Cornelia, fue citada por la junta local de la Iglesia Reformada acusada de vivir en "libertinaje" con el artista. Con anterioridad la pareja había desoído dos requerimientos anteriores, pero en este último, el tercero, se citaba sólo a ella y no a Rembrandt, quizá como una prueba inequívoca del embarazo o quizá porque aquel hizo valer sus influencias. Cuando se presentó ante el tribunal reconoció que se había acostado con el pintor, y el asunto se arregló sin grandes sobresaltos. La joven recibió una reprimenda, prometió que se arrepentía de su conducta y se le prohibió tomar parte en la Eucaristía, eso fue todo. El episodio revela con claridad la moral hipócrita de la sociedad holandesa del XVII, ya que Hendrickje siguió viviendo con Rembrandt y nunca más se la molestó. Cómo no hubo más hijos, es decir, más pruebas públicas de pecado, nadie decía nada.


REMBRANDT. Hendrickje bañándose en un río (1654) National Gallery, Londres.


El amor de la pareja superó esa y otras muchas pruebas, como las derivadas de la desastrosa situación económica de Rembrandt a partir de la década de 1650, cuando se arruinó completamente. Sus problemas económicos habían comenzado mucho antes, cuando aún estaba casado con Saskia, pero ahora llegó a ser insostenible. Los elevados gastos del pintor por una parte, las ventas irregulares de sus cuadros y algunas pérdidas en inversiones comerciales, por otra, le llevaron a acumular una deuda de 13.000 florines. Incapaz de hacer frente a ella, el pintor se declaró en bancarrota. Aunque su patrimonio fue valorado en 17.000 florines, más que suficiente para pagar la deuda, en las subastas se alcanzaron precios mucho más bajos. El pintor hubo de malvender sus propiedades, su importante colección de obras de arte y, finalmente, su lujosa casa, por la que le pagaron 1.800 florines menos de los que había él pagado veinte años atrás. La pareja se mudó entonces a una casa alquilada en un barrio mucho más modesto, Rosengracht. Para evitar perderlo todo y convertir al pintor en una especie de esclavo de sus acreedores, ingeniaron un método de lo que hoy llamaríamos ingeniería financiera. Hendrickje y Titus, el hijo de Rembrandt, se asociaron y crearon una empresa para que la trabajaba Rembrandt, de esta manera las obras no le pertenecían a él, sino a la empresa. Como vemos, este tipo de chanchullos no son nuevos.


REMBRANDT. Betsabé (1654) Museo del Louvre, París


Igual que Saskia, Hendrickje se convirtió en modelo de numerosas pinturas y dibujos de Rembrandt, pero basta comparar unos y otros para adivinar lo diferente de ambas relaciones. Los retratos de Saskia muestran estampas hogareñas, serenas, un ama de casa discreta, una esposa. Los de Hendrickje, en cambio, muestran a la amante, y exhiben una sensualidad y una voluptuosidad que nos hablan de la pasión que la joven despertaba sobre Rembrandt, un hombre ya maduro en aquel entonces.

Los pinceles del pintor nos han dejado la imagen de una mujer de cara ancha, frente despejada, boca pequeña y redondeada y con una gran fuerza expresiva en la mirada, sugerente, misteriosa en ocasiones, triste, dulce y melancólica en otras.

La mayoría de los biógrafos y estudiosos de Rembrandt coinciden en afirmar que una de las que mejor simboliza su relación es Betsabé. En ella el pintor se inspira en el relato del Antiguo Testamento, donde se cuenta que el rey David sorprendió a una mujer bañándose, averiguó que era Betsabé, la esposa de Urías, uno de sus soldados, al que envió al frente donde murió. En el libro de Samuel únicamente se cuenta que "David envió mensajeros que la apresaron; ella vino a él y él yació con ella". Rembrandt suaviza la escena y nos muestra a la joven desnuda y pensativa con una carta, el mensaje, en las manos, mientras una criada seca sus pies. El aspecto de Betsabé muestra resignación, no placer por el requerimiento del soberano, como si Rembrandt comprendiese en la Biblia "que las mujeres de los reyes -como las criadas de su propia casa- tenían poco control sobre los destinos que determinaban si habían de ser esposas o concubinas" (Douglas Mannering, "El arte de Rembrandt"). Parece como si Rembrandt estuviese reflexionando en su propia situación cuando pintó este cuadro, en el mismo año que nació su hija Cornelia y que Hendrickje hubo de comparecer ante la junta local de la iglesia a rendir cuentas.

Tras su fallecimiento, la vida del pintor nunca volvió a ser la misma. Aquí teneis un pequeño album con algunas de las pinturas en que Hendrickje fue la modelo de Rembrandt.

martes, 14 de abril de 2009

Rembrandt y las mujeres (2): Geertge

REMBRANDT. Autorretrato (1642-43) Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.




Tras la muerte de Saskia en 1642, Rembrandt no volvería a casarse para evitar las penalizaciones económicas que su esposa había contemplado en su testamento en ese supuesto, y que hubieran afectado gravemente a la economía del pintor. Al quedar viudo, Rembrandt tomó a su servicio a la viuda de un marinero, llamada Geertge Dircx para que se ocupara del mantenimiento y la crianza de Titus, el hijo de Rembrandt. El pintor mantuvo una relación amorosa con la sirvienta, que le traería importantes consecuencias en su vida, y nos mostrará, además, una de las peores facetas de la condición humana de Rembrandt, su afán de venganza.

El pintor abandonó a Geertge por una nueva amante, también empleada en el servicio del pintor, pero mucho más joven, Hendrickje Stoffels, de tan sólo 23 años, con quien el pintor compartiría gran parte de su vida. El abandono, sin embargo, no fue bien aceptado por Geertge, quien en 1649 denunciará a Rembrandt, acusándolo nada menos que de incumplimiento de una promesa de matrimonio. El 23 de octubre de aquel año, los tribunales de Amsterdam fallaron en contra del pintor y le condenaron a pagar a Geertge la suma de 200 florines anuales. Entre las pruebas que el tribunal consideró para su sentencia, había algunas bastante elocuentes de la relación de la pareja.

Según se desprende de la documentación manejada por sus biógrafos, ya en 1642, unos meses después de la muerte de Saskia, el pintor entregó a la criada la importante cifra de 1.200 florines para pagar el rescate de un carpintero de un barco a manos de los piratas, probablemente un hermano de Geertge, lo que viene a probar la evidente relación que mantenían. Por si fuera poco, el pintor, durante el juicio, reconoció que se había acostado con su criada, pero se excusaba diciendo que aquellas relaciones fueron intermitentes y sin importancia.


REMBRANDT. Vista de Houtewaal (h. 1650) Chatsworth Settlement


Es más que probable que la promesa de matrimonio se hubiera realizado. De hecho, Rembrandt intentó negociar un acuerdo fuera de los tribunales, y ofreció a la joven una pensión de 60 florines anuales, que luego subió hasta 160. La condición impuesta por Rembrandt para ello es suficientemente aclaratoria de la situación, ya que, a cambio de la pensión, Geertge no debía alterar su testamento de 1648, en el que legaba todos sus bienes a Titus, el hijo de Rembrandt. La sentencia del tribunal respetaba el testamento. La única explicación que encuentra Douglas Mannering para esto, es que el pintor, en un arrebato de pasión o de amor, hubiera regalado a Geertge algunas de las joyas o bienes que habían sido de su esposa, e intentaba recuperar.


REMBRANDT. La curva en el Amstel en Kostverloren con jinetes (1651-52), Chastworth Settlement



Tras el fallo del tribunal, la joven entregó un poder notarial a su hermano Pieter para que le ayudara a obligar a Rembrandt a cumplir con las obligaciones determinadas por los jueces. Con lo que no contaba Geertge es con lo que ocurrió a continuación. No sabemos cómo ni a cambio de qué, Rembrandt convenció a Pieter para que le ayudara a encerrar a la joven. Entre abril y julio de 1650, reunieron testimonios de algunos vecinos sobre la conducta y la vida inmoral de la chica, y consiguieron encerrarla en la cárcel de Gouda, donde permaneció cinco años, hasta 1655. El establecimiento era una mezcla de taller y centro de rehabilitación, que albergaba deficientes mentales, prostitutas, alcohólicos y otros marginados de la época. Según la costumbre, se les hacía trabajar y se les reprendía severamente cuando incumplían las órdenes. No debió ser nada fácil para Geertge sobrevivir en aquel ambiente.


REMBRANDT. Autorretrato (1648) Rijksmuseum, Amsterdam


Al contrario de lo que había ocurrido con Saskia, y que luego repetirá con Hendrickje, no se conoce ningún dibujo, grabado o pintura de Geertge, pero sí que tuvo otros efectos el episodio en la obra de Rembrandt. Gary Schwartz en "El libro de Rembrandt" relaciona estos momentos difíciles con algunos aspectos de su pintura. Es el único momento en toda la vida del pintor en que no fechó ningún dibujo, pintura o aguafuerte, y sin embargo es ahora cuando intensifica su labor como paisajista, género muy poco cultivado por el maestro holandés. Schwartz sugiere que lo que impulsó esa actividad fue la necesidad de evadirse de los problemas que le rodeaban, salir de Amsterdam. En esos paseos y pequeños viajes es cuando el pintor toma los apuntes para sus dibujos.

Pero no es fácil determinar hasta qué punto afectó el asunto a Rembrandt. Quizá analizando también sus autorretratos podamos hacer alguna suposición. Por ejemplo, el autorretrato de 1640, del Thyssen-Bornemisza que ilustra el comienzo de esta entrada, nos muestra a un Rembrandt elegante, con un atuendo lujoso y exquisito, y una cuidada apariencia. En cambio en el aguafuerte que vemos sobre estas líneas, de 1648, un año antes de que el asunto estalle en los tribunales, viste unas ropas ordinarias y su rostro muestra un aspecto bastante vulgar, cansado y envejecido. Esa misma tristeza y seriedad persiste en los autorretratos posteriores. Claro que tampoco debemos olvidar el efecto que causa el paso de los años y los problemas económicos que atravesó el pintor en los años venideros.

Todas las fotografías han sido tomadas de la completísima Rembrandt: Life and Work, donde pueden obtenerse una gran cantidad de fotografías de sus pinturas e información sobre su vida y su obra.

martes, 7 de abril de 2009

Rembrandt y las mujeres (1): Saskia

REMBRANDT. Autorretrato con Saskia representado como el hijo pródigo en la taberna (1635). Gemäldegalerie Dresden



Hacia el año 1633, Rembrandt es ya un pintor con un cierto renombre en Holanda, y empieza a disfrutar de una posición económica desahogada. Los encargos van creciendo y el pintor se traslada de su Leyden natal a Amsterdam, donde ya había vivido durante su etapa de formación con el pintor Pieter Lastman.

En esta su segunda estancia en la ciudad, se instala en casa de Hendrik Uylenburgh, un marchante de arte con el que está asociado. El negocio, según cuenta Douglas Mannering en "El arte de Rembrandt", consistía en emplear a un equipo de copistas que reprodujeran cuadros de fácil venta. Copiaban paisajes y bodegones sobre todo, pero también retratos por triplicado o cuatriplicado para repartir entre amigos y familiares. No faltaría mucho para que el copiado fuese el propio Rembrandt.Fue allí donde conoció a una prima de su socio, Saskia van Uylenburgh, con la que el mismo año se casó y con la que compartirá diez años de su vida. La joven era hija del burgomaestre de Leeuwarden, en la provincia de Frisia y tenía seis años menos que Rembrandt. Procedía, por tanto, de una importante familia, de aquellas que pertenecían al grupo denominado como "regentes", que era el nombre que se daba al reducido y exclusivo grupo de familias que controlaban la riqueza y la administración de Amsterdam y otras importantes ciudades holandesas.

Los primeros años de matrimonio con Saskia fueron de una gran prosperidad económica, probablemente la mejor etapa en este aspecto de la vida del pintor. Sin embargo, en medio de tanta dicha, se fueron produciendo momentos amargos y dolorosos, como la pérdida de tres hijos por la pareja a los pocos meses de nacidos. Sólo sobrevivió el cuarto de sus hijos, Titus, pero fue Saskia ahora la que fallecería poco tiempo después del parto. Además, desde 1639, Rembrandt aunque recibió grandes encargos, empezó a hacerlo de una manera más irregular, con lo que su economía se resintió. Durante todos estos años, la presencia de Saskia es una constante en la pintura del gran maestro holandés.


REMBRANDT. Saskia con sombrero de paja (1633). Staatliche Museen, Berlín.



Para celebrar el compromiso, Rembrandt hizo un dibujo de Saskia que se conserva en Berlín y bajo el que escribió "Esto es un dibujo de mi mujer, cuando tenía 21 años, realizada al tercer día de nuestro compromiso 8 de junio de 1633". El dibujo está realizado a punta de plata, una técnica elegante y excepcional, no sólo en su obra sino en su época. Para su realización se emplea una varilla de plata o metal bañado en plata, que no deja una impresión visible en el papel, por lo que es necesario prepararlo con una capa especial. Esta capa suele aplicarse al papel vitela, que es más rígido y hay menos posibilidades, por tanto, de que se resquebraje la base, y así lo hace Rembrandt.

Sin duda, un detalle difícil de olvidar y propio de un joven enamorado. En el dibujo vemos a Saskia con un gran sombrero de paja adornado con una corona de flores y un rostro risueño y contemplativo. Una imagen encantadora de una novia que parece soñar con un futuro feliz y prometedor.

Esa misma imagen, una mujer de belleza discreta, alegre, sonriente, aparentemente feliz y llena de energía es la que el pintor nos dejó en la mayoría de los retratos que pintó de Saskia. En ellos, Rembrandt parece jugar constantemente, haciéndole adoptar un sinfín de disfraces y atuendos, formales e informales: unas veces como una mujer culta y erudita enfrascada en la lectura, en otras como la diosa romana Flora, en pinturas o dibujos, pero casi siempre pletórica de energía, como podemos ver en el autorretrato del pintor como hijo pródigo, al principio de esta entrada, una de las que mejor recoge ese período de optimismo y felicidad que vivía la pareja.


REMBRANDT. Saskia como Flora (1635). National Gallery, Londres



Memorables son, también, las dos versiones que pintó de Saskia como la diosa romana de la naturaleza, Flora. En el primero, de 1634, coincidiendo con su matrimonio, hace un alarde del dominio del claroscuro característico de su producción. En el segundo, pintado un año más tarde, representa a la diosa con un bastón en una mano y un ramo de flores en la otra. En principio, como han demostrado las radiografías, Rembrandt había pensado en Saskia como modelo de Judith, sosteniendo en sus manos la cabeza de Holofernes, pero luego el pintor la convirtió otra vez en Flora, sustituyendo la cabeza por el ramo de flores. Una imagen de un Rembrandt en la plenitud de su carrera. Tanto en uno como en otro, el tratamiento de la luz, el gusto por los detalles, el lujo de joyas y vestidos, el elegante cromatismo, obtienen un resultado impecable.

La vida de la pareja sufrió un cambio importante a partir del primer parto de Saskia. El hijo moría a los dos meses de nacer. Esta situación volvería a repetirse en dos ocasiones más. Rembrandt nos enseña entonces una Saskia enfermiza y débil, que sufre en la cama. Los malogrados partos nos dejarán la imagen de una mujer cansina e introvertida, pero incluso así, es capaz de aparecer con una sonrisa dulce en uno de sus últimos retratos, en que nos ofrece una flor.


REMBRANDT. Saskia sentada junto a una ventana, (dibujo, 1638). National Gallery, Washington



Finalmente, tras su cuarto parto, nació Titus, el único hijo de la pareja que sobrevivió, y muy poco después, el 5 de junio de 1642, falleció Saskia, de tuberculosis, y se la entierra en Zuiderkerk, una iglesia próxima a su domicilio. Ese mismo año Rembrandt concluyó una de sus obras maestras, La ronda de noche.

En su testamento, Saskia lega todos sus bienes a Titus y deja a Rembrandt la administración de la fortuna hasta su mayoría de edad. Parecía que adivinaba las penurias económicas que habían de venir para su esposo. Quién mejor que ella para estar al corriente de la forma en que el pintor administraba sus ganancias. Sobre este punto se ha escrito habitualmente que fue un manirroto y despilfarró una fortuna. Esta idea se empezó a gestar a raíz de un libro de Filippo Baldinucci, un religioso italiano, quien en 1686, cincuenta años después de la época en que vivía con Saskia, cuenta que Rembrandt asistía a todas las subastas que se celebraban en Amsterdam y que en ellas pujaba siempre desde el principio sumas muy altas, e insinúa que en ese gusto por la ostentación le animaba también su esposa. Sin embargo, nada de ello se sostiene en la menor prueba.


REMBRANDT. Retrato de Saskia con una flor (1641) Gemäldegalerie Dresden


Se ha hablado mucho de la ruina económica del pintor. Puede que todo empezara en 1639, cuando el matrimonio se traslada a una vivienda nueva en una de las calles más lujosas e importantes de Amsterdam, la Sint Antoniesbreestraat, por la que pagó la elevada suma de 13.000 florines. Desde el principio empezó a tener problemas para hacer frente a los pagos, y eso a pesar de que por entonces su cotización era muy elevada. Sin embargo, los encargos que recibía, aún siendo de clientes muy importantes, empezaron a bajar y su producción sufre altibajos.

El testamento de Saskia también reservaba otra condición de tipo económico para su marido. Si Rembrandt volvía a contraer matrimonio tendría que pagar una cuarte parte de su fortuna a la familia de Saskia y otra cuarta parte a la suya propia. Esa fue la razón por la que el pintor no volvió a casarse nunca, aunque no por ello renunciaría al amor. Esta última cláusula del testamento ha querido ser vista en algunas ocasiones como una prueba del afán posesivo de Saskia, aunque lo más probable es que el único interés de la joven fuera proteger a su hijo Titus de una eventual madrastra y hermanastros que se apropiasen de su fortuna. El tema de Cenicienta, como es bien sabido, era muy frecuente en la sociedad preindustrial.

Para terminar con Saskia, no se me ocurre nada mejor que dejaros aquí un montaje con una pequeña colección de pinturas, grabados y dibujos, de los muchos que Rembrandt hizo de ella, y la oportuna e inestimable colaboración de John Lennon. Espero que lo disfruteis.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

"Rembrandt, pintor de historias"

A pesar del frío y lluvioso otoño madrileño, el sábado pasado, y así otros muchos días, según me cuentan unos amigos, se sucedían las colas ante el Museo del Prado, en busca de la flamante entrada de la Puerta de los Jerónimos. El motivo no era otro que asistir a una de las grandes citas del año, la exposición "Rembrandt, pintor de historias". Afortunadamente, había hecho la reserva de mis entradas por teléfono y evité la larga espera en el exterior en aquella mañana tan fría. Lo que no pude evitar, sin embargo, fue la del interior.

Desde hace muchos años, he tenido la suerte de poder ver grandes exposiciones en la capital madrileña, y en diferentes recintos: Monet, El Greco, Toulouse-Lautrec, Cézanne, Picasso, Goya, Tintoretto, ..., pero jamás había vuelto a ver una aglomeración similar desde aquella de Velázquez en el año 1990. Como entonces, los asistentes caminábamos en lenta procesión y aguardábamos pacientemente nuestro turno para pararnos y examinar las pinturas, apretados unos contra otros. Aún así, y a pesar de la mala iluminación de algunos cuadros, con molestos reflejos de la luz, mereció muy mucho la pena, porque como recoge César Antonio Molina en la presentación del catálogo, la exposición es un auténtico "festín para nuestros ojos y nuestras mentes" (por una vez hay que darle la razón a un ministro).

La exposición es un recorrido por la obra del pintor holandés, a través de 35 cuadros y cinco grabados. De todos ellos, sólo uno está en el Prado, lo vemos a la izquierda, es el titulado Artemisa o Judit en el banquete de Holofernes, adquirido a mediados del siglo XVIII por el ministro ilustrado de Carlos III, D. Zenón de Somodevilla, Marqués de la Ensenada, y que luego pasaría a la colección real y de allí al Museo del Prado. Los demás son préstamos de grandes museos europeos, norteamericanos y algún que otro coleccionista particular. Con ella, los aficionados españoles podemos, aunque sólo sea por unos pocos meses, rellenar el enorme hueco que hay en los fondos de nuestros museos de la pintura de Rembrandt. Junto a ellos, para entender mejor la obra del maestro holandés, el Museo del Prado hace gala de su espléndida colección, e intercala obras de Rubens, Velázquez, Tiziano, Veronés y Ribera.



Los cuadros del primer período, en su Leiden natal, nos muestran a un Rembrandt autor de obras generalmente de pequeño formato y de temática alegórica o religiosa. Entre los que se exponen en Madrid, destacamos dos: "Jeremías lamentando la destrucción del Templo" y "Simeón en el Templo". En este último, que podemos ver a la izquierda, "el uso de los elementos compositivos y de la luz por parte de Rembrandt para dotar de intensidad a la escena bíblica es magistral", como señala Alejandro Vergara en el catálogo.

El traslado a Amsterdam abre su segunda fase, y supone su encumbramiento como pintor. La fuerza narrativa de Rembrandt adquiere un vigor difícilmente superable, así como un gusto exquisito y primoroso en el tratamiento de los detalles de las lujosas prendas y joyas que lucen sus modelos, demostrando el extraordinario pintor de calidades que fue, aspecto que no siempre suele mencionarse. Pero al mismo tiempo, ese detallismo es capaz de combinarlo con las formas sueltas, borrosas e indefinidas de los fondos, de tal manera que, las figuras parecen emerger de una forma mágica y misteriosa de entre la oscuridad hasta producir la sensación de escapar del marco. Ese es el efecto que producen cuando las admiramos desde una cierta distancia. Quizá una de las obras donde mejor podamos apreciarlo sea en "El banquete de Baltasar" (abajo).




Otra de las obras que llamó mi atención fue un pequeño cuadro titulado "Descanso en la huida a Egipto" (abajo), uno de los escasos paisajes que pintó el holandés (sólo se le conocen ocho), donde el fuego que calienta a la Sagrada Familia parece tener vida propia.




La tercera y última etapa de su producción llega hasta su muerte en 1669. Es aquí donde aprecimos su forma de pintar en plena madurez, con su característica pincelada larga, empastada y con una luz dorada, de efectos insuperables, que evocan la escuela veneciana y confieren a sus cuadros un sabor inconfundible, admirable en la soberbia "Betsabé" del Louvre (abajo), sin duda, una de las más bellas composiciones de toda la producción de Rembrandt.


La muestra se abre y finaliza con dos autorretratos, no podía ser de otra manera en un autor que lo hizo en más de noventa ocasiones . El último, que vemos a la izquierda, "Autorretrato como Zeuxis", es extraordinariamente atractivo por su modernidad y audacia. La pincelada se ha vuelto gruesa, pastosa, espesa, haciendo real aquella broma que suele hacerse acerca de algunos de sus cuadros, de los que se dice que derrochaba tanta pintura que podrían cogerse por la nariz. En él, Rembrandt, ya anciano, aparece pintando y riendo abiertamente, es la imagen de un hombre feliz y satisfecho. No se me ocurre mejor manera de finalizar esta exposición.

La exposición no cierra sus puertas hasta el 6 de enero de 2009, así que todavía queda mucho tiempo por delante, y la ocasión es de las que no deben dejarse escapar. Para recabar información sobre la visita y ver la exposición al completo, puedes entrar en la página del Museo del Prado. En el video que os dejo, podeis asistir a una explicación de la exposición por parte de Alejandro Vergara, uno de los responsables de la exposición y autor de la edición del catálogo.




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