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jueves, 8 de octubre de 2009

Breve repaso audiovisual de arte egipcio

El post de hoy va dirigido especialmente a los estudiantes de bachillerato de la asignatura de historia del arte. Recoge una pequeña colección de seis videos montados con la herramienta de Embedr, que les permitirá hacer un recorrido audiovisual por las características más generales, los tipos de construcción y los ejemplos más significativos de la arquitectura y la escultura egipcia. Los videos, están tomados de la página de artehistoria, bien conocida por todos los aficionados al arte, y como es habitual en todos ellos, se caracterizan por la brevedad, concisión y el tono didáctico y divulgativo. Espero que pueda resultaros de utilidad.

sábado, 23 de mayo de 2009

Gian Lorenzo Bernini, escultor

GIAN LORENZO BERNINI. Apolo y Dafne (1623-25) Galería Borghese, Roma.


Ante la avalancha que parece avecinarse tras el estreno de la película "Ángeles y demonios", basada en el best-seller de Dan Brown, quizá sea ahora más necesario que nunca, volver la vista sobre Bernini, y disponer de una información contrastada, que nos ayude a situar el personaje en su verdadera dimensión histórica y no en la ficción literaria a la que nos tiene acostumbrados el escritor norteamericano y que tan lucrativa le resulta.

Gian Lorenzo Bernini (Nápoles, 1598 - Roma, 1680) es una de las figuras más completas del Barroco europeo. Arquitecto, pintor y escultor, podemos considerarlo como el Miguel Ángel del Barroco, y como él, también se sintió antes que nada escultor, carácter que incluso le confiere a su arquitectura, hasta el punto que Giedion le califica como escultor de edificios. Cultivó todos los géneros, y nadie como él supo interpretar y mostrarnos la sensibilidad barroca. Su obra llamó la atención desde los inicios.

Hasta 1623 se desarrolla lo que podemos considerar su etapa juvenil, en la que se centra sobre todo en escenas de carácter mitológico y bíblico, en las que acusa un fuerte influjo del manierismo y de la línea serpentinata, aunque ya se observa un giro decisivo hacia el Barroco. A esta época pertenecen los trabajos que realiza para el cardenal Borghese, algunos inspirados en las "Metamorfosis" de Ovidio, como Apolo y Dafne, El rapto de Proserpina, Eneas y Anquises; y otros en los relatos bíblicos, como el David, quizá su obra más conocida de este período. En esta última se aleja de las interpretaciones de Donatello, Verrochio y Miguel Ángel, para captar al héroe en el momento de la acción, y mostrando un realismo bastante inusual en Bernini.


GIAN LORENZO BERNINI. San Longinos (1629-38). Basílica de San Pedro, Roma


A partir de 1624 puede considerarse que da comienzo una nueva etapa en su producción escultórica, que algunos califican como alto barroco. En ella las figuras aparecen envueltas en amplios y voluminosos ropajes, que revolotean alrededor de los cuerpos, creando profundos efectos de claroscuro y subrayando el impacto emocional, que es lo que se busca, como en el San Longinos de la Basílica de San Pedro, probablemente la mejor de esta etapa y la primera en la que se advierte plenamente el estilo barroco. Otras obras a destacar en esta fase son Santa Bibiana, y algunos retratos como el de su protector, el cardenal Scipione Borghese.

Entre 1640 y 1654 se produce el período más creativo de su carrera, en el que se suceden encargos muy importantes, que simultanea con su obra arquitectónica. Para atender ese ingente trabajo, al igual que Rubens y otros artistas del pasado, supo rodearse de un amplio y bien preparado taller. Es ahora, por ejemplo, cuando concluye el mausoleo del Papa Urbano VIII, proyectado veinte años atrás, donde crea un tipo de sepulcro que será ampliamente imitado.


GIAN LORENZO BERNINI. Fuente de los Cuatro Ríos (1648-51). Plaza Navona, Roma


Otra de sus grandes contribuciones en este período son las monumentales fuentes con las que diseña el urbanismo de Roma. Algunas de una gran sencillez, como la Fuente de la Barca, frente a las escaleras de la Plaza de España, iniciada por su padre Pietro Bernini y concluída por él, o la Fuente del Tritón, frente a la Plaza Barberini. Otras, en cambio, son de una gran monumentalidad, como la Fuente de los Cuatro Ríos, en Plaza Navona, frente al palacio Pamphili, que ocupaba la familia del Papa Inocencio X, y que le sirve para mostrar una alegoría donde exalta la grandeza de la Iglesia, del Papado y de la propia familia del pontífice. En esta última, el sentido escenográfico y teatral del Barroco, alcanza las cotas más altas, creando un urbanismo espectacular en el lugar antaño ocupado por el circo de Domiciano.


GIAN LORENZO BERNINI. Éxtasis de Santa Teresa de Jesús (1645-52) Capilla Cornaro, Iglesia de Santa María de la Victoria, Roma.


Hace por estos años también la que probablemente sea su obra cumbre, el Éxtasis de Santa Teresa de Jesús, y una de las obras más importantes de todo el Barroco. Las imágenes, suspendidas en el aire e iluminadas por un transparente, suponen la aplicación al arte religioso del sentido escenográfico y teatral que aplica al urbanismo. Este modelo lo repetirá más tarde, en 1676, en la representación de la Muerte de la Beata Albertoni, de la iglesia de San Francesco a Ripa, de Roma.

En el campo del retrato, lo más destacable que produce en estos años es el Retrato del Duque Francisco I d'Este, en el que envuelve entre ropajes los hombros y el busto cortado, evitando así la brusca interrupción de estos tipos de retratos, que se convertirá en el modelo que seguirán otros escultores y que él mismo culminará con el Retrato de Luis XIV en 1665, y que podemos ver en Versalles.


GIAN LORENZO BERNINI. Habacuc y el ángel (1655-61). Capilla Chigi, Iglesia de Santa María del Popolo, Roma.


A partir de 1654, el estilo de Bernini evoluciona, y los historiadores se refieren a este período como estilo tardío. Su obra gana en expresividad y espiritualidad, las figuras se alargan y los ropajes se retuercen. Un Bernini en plena madurez, capaz de sorprendernos con escorzos ingrávidos y atrevidos como en Habacuc y el ángel. Pertenecen también a esta época los ángeles que le encargaron para el Puente de Sant'Angelo, en Roma, de los que sólo haría dos, que actualmente están, no en el puente, sino en la iglesia romana de Santa Andrea della Fratte; y también el Sepulcro del Papa Alejandro VII, en la basílica de San Pedro de Roma, una de las obras que mejor permite ver la evolución de esta última etapa.

Como síntesis, podríamos decir que las obras de Bernini se proyectan en el espacio, es decir, cuentan con el espectador como partícipe; utilizan el claroscuro como un efecto pictórico que le ayuda a conseguir las calidades; dispone sus esculturas con un sentido escenográfico y teatral, especialmente en lo decorativo, para lo que se ayuda de un modelado de gran aparatosidad a base de curvas y múltiples puntos de vista. Todo ello les proporciona esa gran exuberancia mística que le distingue como escultor.

En la web de la Galería Borghese (en italiano e inglés) podeis encontrar información sobre las obras de Bernini que hay en este museo. En Scultura Italiana (en italiano), podeis acceder a información sobre el escultor y una amplísima galería de fotos con sus obras. También merece la pena la página de Roberto Piperno (en inglés), donde igualmente hay información y fotografías de los trabajos de Bernini. Por último, Historia del Arte (en español) es un buen sitio al que acudir para encontrar imágenes y comentarios sobre la obra escultórica de Bernini.

Para terminar, os dejo aquí una selección de videos que he preparado de youtube. El primero, en español, es un breve recorrido por la obra de Bernini de la mano de artehistoria.com, los otros nueve restantes, en inglés, es una producción de la BBC con unas imágenes fantásticas. Creo que merece la pena.


martes, 28 de abril de 2009

El Greco, un pintor singular

EL GRECO. El expolio (1577-79). Sacristía de la Catedral de Toledo.



La pintura española del Renacimiento no alcanza el esplendor de otras zonas de Europa, especialmente Italia, y la mayoría de los pintores del momento (Pedro Berruguete, Juan de Juanes, Alejo Fernández, ...) no resisten la comparación con sus contemporáneos italianos. De este mediocre panorama, rescatamos, no obstante, algunos nombres de indudable calidad, como los magníficos retratistas Sánchez Coello y su discípulo Pantoja de la Cruz, o el gran Luis Morales, apodado como el Divino. Pero la personalidad más descollante de todas es la de un griego, adoptado como español, y cuya figura se proyecta hasta los lugares más importantes de toda la pintura universal, Doménicos Theotocópulos, a quien todos en Toledo llamaron Dominico Greco o simplemente El Greco.

El Greco tenía una personalidad singular, como muy bien observaron los que le trataron, conocieron e, incluso podemos decir, padecieron. Como pintor moderno, en el sentido pleno de la palabra, lo define Martín González, y como tal llega a pleitear con sus poderosos clientes, convencido de que la del artista era una actividad superior, y que no debía pagar impuestos. Convencimiento derivado de su enorme cultura, siempre atento al devenir intelectual de su época.


EL GRECO. Apóstol Santiago el Menor (1610-14). Museo El Greco, Toledo



Nació en Creta, entonces una colonia veneciana, en el año 1541 y murió, setenta y tres años más tarde, en Toledo, ciudad en la que residió desde el año 1579. Su primera formación la realizó en su isla natal, donde se impregnó de la forma de organizar los espacios al modo bizantino, así como de la expresividad de los iconos, que muchos años más tarde continuamos viendo en sus apóstoles.

De Creta pasó a Venecia, donde recibe la influencia más decisiva para la formación de su propio estilo. Es allí donde, en contacto con la pintura veneciana, más con Tintoretto que con Tiziano, su técnica se vuelve libre y suelta; su colorido, rico y suntuoso, de gamas preferentemente frías, de carmines, azules, amarillos y blancos argentados. También allí aprenderá a construir el espacio con esas extrañas distorsiones que le caracterizan.

De Venecia a Roma, en su peregrinar por hacerse un hueco entre los grandes, tan difícil entre tanta competencia. Siempre dispuesto a aprender, es entonces cuando aparecen en sus pinceles las formas alargadas y serpenteantes que deforman los cuerpos y que hacen inconfundibles sus figuras, y donde se pone de manifiesto su clara adhesión al manierismo.


EL GRECO. Martirio de San Mauricio y la legión tebana (1580-82) El Escorial.



De Roma se vino a España. Hay quien dice que el motivo de su salida se debió a las disputas con los seguidores de Miguel Ángel, a quien con sus firmes convicciones y personalidad, no dudaba en criticar. Otros, en cambio, piensan que el motivo de su venida fue hacerse un hueco como pintor de la corte de Felipe II y las obras de El Escorial. Para el rey pintó "El martirio de San Mauricio y la legión tebana", que el rey no lo consideró adecuado para sus fines, lo pagó generosamente y se quedó con él, por lo que habría que poner en duda la afirmación general de que no le gustó. Quizá lo que no le gustó era el emplazamiento y no la obra en sí.

El contratiempo llevó a El Greco a instalarse definitivamente en Toledo, donde convive con doña Jerónima de la Cueva, madre de su único hijo, el también pintor Jorge Manuel. Su estilo se va haciendo cada vez más irreal y más independiente, al mismo tiempo que su fama se va acrecentando, especialmente después de 1586, en que pinta su obra más famosa, "El entierro del señor de Orgaz", con esa tajante separación entre cielo y tierra, expresada no sólo físicamente sino también por medio de la técnica empleada, especialmente en la parte del cielo, con las formas apenas sugeridas, y los ropajes irreales.


EL GRECO. Entierro del señor de Orgaz (1586-88). Iglesia de Sto. Tomé, Toledo


En los últimos años de su vida, El Greco acentuará sus deformaciones y la independencia del color, constituyéndose en uno de los mejores exponentes del manierismo. Hay numerosos ejemplos de ello en esta fase de su producción, especialmente en los lienzos religiosos de gran formato como Bautismo de Cristo, Pentecostés, Anunciación, Calvario, Adoración de los pastores, etc. También por aquellos años pintó la serie de los Apostolados y varios cuadros de San Francisco y otros de la Verónica, temas que repitió en varias ocasiones, y en los que expresa un enorme misticismo.

EL GRECO. Cardenal Fernando Niño de Guevara (1600) Metropolitan Museum, Nueva York



Además de su pintura religiosa, no podemos olvidar en El Greco su extraordinaria producción retratística, donde la influencia veneciana es manifiesta y penetra psicológicamente el carácter del retratado, ya sea un inquisidor como el Cardenal Niño de Guevara, un cardenal, como el Cardenal Tavera, un hombre de letras como fray Hortensio Paravicino, o un caballero como el famoso Caballero de la mano al pecho. E incluso el paisaje, como en su famosa Vista de Toledo.

Para concluir no me resisto a trasladar aquí un par de textos clásicos sobre el pintor toledano, creo que merece la pena recrearnos en ellos, uno de un contemporáneo, el padre fray José de Sigüenza, y otro de un estudioso de principios del siglo XX como M.B. Cossío :

"De un Dominico Greco, que agora vive y haze cosas excelentes en Toledo, quedó aquí [en El Escorial] un quadro de San Mauricio y sus soldados, que le hizo para el propio altar destos santos; no le contentó a Su Magestad (no es mucho) porque contenta a pocos, aunque dizen es de mucho arte, y que su autor sabe mucho, y se vee en cosas excelentes de su mano. En esto hay muchas opiniones y gustos; a mi me parece que esta es la diferencia que hay entre las cosas que están hechas con razón y con arte a las que no lo tienen, que aquellas contentan a todos y estas a algunos; porque el arte no haze más de corresponder con la razón y con la naturaleza, y esta en todas las almas está impresa, y así con todas quadra; lo mal hecho, con algún afeyto o apariencia puede engañar al sentido ignorante, y assi contentan a los pocos considerados e ignorantes. Y tras esto (como decía su manera de hablar nuestro Mudo) los Santos se han de pintar de manera que no quiten la gana de rezar en ellos, antes pongan devoción, pues el principal efecto y fin de su pintura ha de ser esta".

FRAY GERÓNIMO DE SIGÜENZA, Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, Madrid, 1600.


EL GRECO. Vista de Toledo (1608-14) Museo del Greco, Toledo

"Acentúa El Greco vigorosamente desde sus primeros cuadros toledanos el tono "frío", que originariamente le ha sido predilecto, y tuvo el valor de pintar como veía, cuando en todas partes se pintaba con entonaciones "calientes". Abandona la serie de las tintas rojas y doradas, base de la coloración veneciana, y adopta principalmente la serie del azul y el carmín, inundando, a veces, sus obras de los grises cenicientos, que le han de ser cada día más gratos, y que, convertidos luego en argentinos por Velázquez, anticipan uno de los aspectos del arte moderno. Dentro de esta nota general, que es la predominante, hallamos en sus lienzos tonalidades claras, llenas de luz, y frías; violentos contrastes entre las grandes masas de color puro, intenso, audaz, sin moderaciones convencionales, hasta crudo, y las medias tintas delicadas, aunque siempre igualmente intensas y luminosas; predilección por el carmín y el violeta, tanto en los paños como al tratar la transparencia del desnudo, sobre todo en las partes blandas: orejas, labios y párpados; influjo de unos colores en otros por aproximaciones y reflejos; luces frías también y pálidas, pero arrojadas con vigor y siempre buscando otros efectos más ricos y más modernos que los consagrados en los moldes clásicos"

MANUEL BARTOLOMÉ COSSÍO, "El Greco". Madrid, 1908

Por último, nada mejor que una buena colección de videos del Greco, para hacernos una idea más exacta de lo que expresaban estos autores.

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