lunes, 15 de febrero de 2010

JEAN FOUQUET, "Díptico de Melun"

JEAN FOUQUET. Virgen rodeada de ángeles (h. 1450) [tabla derecha del Díptico de Melun]. Museo de Bellas Artes, Amberes.


El 1 de febrero de 1328 falleció sin herederos Carlos IV, el último rey Capeto de Francia. Nueve años después, en 1337, daría comienzo una larga contienda por la sucesión a la corona francesa entre las dos ramas con derechos, la de los Valois, y la inglesa de los Plantagenet. El conflicto se prolongaría durante 116 años, hasta 1453, y los historiadores lo llaman la Guerra de los Cien Años.

Si durante los primeros compases, la suerte pareció decidida en favor de los ingleses, la milagrosa aparición de una joven, Juana de Arco, proporcionó un giro decisivo a la guerra en 1429, al conseguir la expulsión de los ingleses de la ciudad de Orleans. Aquella victoria permitió a Carlos VII poder coronarse como rey de Francia ese mismo año en Reims, que aunque no fue, ni mucho menos, el final del conflicto, abrió las puertas para la consolidación de la dinastía de los Valois.

Corría el año 1443 y Carlos VII luchaba todavía por imponer su dominio sobre toda Francia. Durante un banquete organizado en la corte, una joven llama la atención por su amabilidad y dulzura de la reina María de Anjou, quien termina por convencer a su señora Isabel de Lorena para que la deje a su servicio en la corte. Cuando el rey la vio parece ser que exclamó "creo que he visto un ángel". El asedio del monarca, entrado ya en la cuarentena, terminó por derribar la resistencia de la joven de tan sólo 21 años, ante la indiferencia de la reina, casi complacida y aliviada de quitarse de encima un marido por el que nunca sintió demasiado afecto y al que dio doce hijos.


JEAN FOUQUET. Retrato de Carlos VII, rey de Francia (h. 1441-1451). Museo del Louvre, París.

Aunque Agnès Sorel no fue la primera amante de un rey, sin embargo fue la primera a la que se le reconoció públicamente esa condición al otorgársele el título de maitresse en titre (querida oficial), que luego llevarían otras. De aquella relación nacieron tres hijas, Marie de Valois, Charlotte de Valois y Jeanne de Francia. Murió en 1450, a los 27 años, de manera repentina, tras haberse desplazado, en pleno invierno, a encontrarse con el rey en Rouen, que estaba al frente de su ejército combatiendo a los ingleses, para advertirle de una conjura contra su persona. Los testimonios de la época hablan de su fallecimiento por un "flujo de vientre", sin embargo las sospechas sobre un posible envenenamiento corrieron desde el principio. No le faltaban enemigos en la corte, el más importante de todos, el hijo primogénito de Carlos, el futuro Luis XI, cuyo rencor hacia la amante de su padre era manifiesto. Por ese motivo, hace unos años su cadáver fue sometido a una autopsia que descubrió que Agnès padecía de una infección por lombrices y que en su organismo se encontró mercurio en dosis muy altas, por lo que las dudas sobre la causa de su muerte permanecen todavía hoy.

La extraordinaria belleza que le atribuían sus contemporáneos quedó recogida por Jean Fouquet, el pintor francés más famoso de su época, al tomarla como modelo para la Virgen rodeada de ángeles del Díptico de Melun, obra maestra del estilo gótico internacional. La pintura nos muestra a una joven de una gran belleza, de cabello claro y piel muy blanca, figura muy estilizada, talle muy estrecho y el cuello sinuoso y hermoso como el de un cisne. La frente despejada enmarca una cabeza de una forma ovalada que roza la perfección y en el que Fouquet dibuja unas finísimas cejas que continuan su dibujo sobre el perfil de la nariz, bajo el cual una boca diminuta aporta una fresca y radiante nota de color.

De Agnès Sorel se decía además que era una mujer inteligente y culta, aficionada a la lectura, que practicaba desde los cinco años, hecho bastante extraordinario para la época. Sus gustos refinados y exquisitos impusieron la moda en la corte francesa durante los años que se mantuvo al lado del rey. Algo de ello hay en el retrato de Fouquet. Los movimientos suaves y ondulantes de la Virgen, su pose, emanan una elegancia que potencia si cabe la belleza de sus facciones. No puede sorprender, por tanto, que el rey quedara prendado del encanto de la muchacha. Lo sorprendente es entender qué vio ella en el rey.


JEAN FOUQUET. Retrato de Étienne Chevalier acompañado de San Esteban (h. 1450)[tabla izquierda del Díptico de Melun] Gemäldegalerie Berlín.


El retrato de Agnès formaba parte del Díptico de Melun, una obra cuyas dos tablas en la actualidad están repartidas entre Amberes y Berlín. El comitente de la obra fue Etiénne Chevalier, que encargó la obra a Fouquet para la tumba de su esposa Catherine Budé en la iglesia de Notre Dame de Melun, donde estuvo expuesta inicialmente. En ella, el esposo acompañado de San Esteban reza pidiendo a la Virgen y al Niño Jesús su intercesión para la entrada de su difunta esposa en el reino de los cielos.

La tabla de la Virgen es una pintura realmente interesante. Su carácter sagrado es obvio y evidente, pero también lo es el tratamiento profano que le confiere Fouquet. Lo más extraordinario está en el pecho desnudo que muestra la Virgen, no por el hecho en sí, bastante habitual y que responde a un motivo conocido como ostentatio, relacionado con el papel de María como intermediaria y nodriza de toda la humanidad. Lo que llama realmente la atención es la forma en que Fouquet muestra el pecho, rotundo y perfectamente modelado, escapando del corpiño desabrochado, con un erotismo tan evidente que no forma parte para nada del tema.

La figura de la Virgen, su corporeidad terrenal, contrasta absolutamente con el colorido irreal de los ángeles, rojos y azules que se sitúan tras ella. Sus cuerpos brillantes, de volúmenes apretados, el colorido intenso y sobre todo su mirada fija y penetrante, resultan poco humanos. Me recuerdan a esas películas de miedo en la que aparecen niños conocedores de ocultos secretos pertenecientes al mundo de los adultos. Al menos yo no puedo verlos sin percibir una sensación inquietante y perturbadora, pero que al mismo tiempo resulta fascinante.

El contraste entre las dos tablas constituye un compendio de la encrucijada en que se encuentra el arte europeo a mediados del siglo XV, y de lo que fue la propia obra de Fouquet. No es mucho lo que sabemos de su vida, aunque fue pintor de la corte del rey de Francia y su fama trascendió las fronteras de aquel páis. Debió formarse en los círculos de los ilustradores flamencos y borgoñones, quizá con los Hermanos Limbourg, y también sabemos que viajó por Italia, donde pintó un retrato hoy perdido, del papa Eugenio IV. Su estilo es una fusión de diferentes influencias flamencas e italianas, a las que aporta un sello personal, caracterizado por un cierto distanciamiento y una rígida estructuración de sus cuadros, que tienden a la abstracción.

Esa mezcla de estilos e influencias puede verse admirablemente en esta obra. La tabla derecha, con el donante y el santo, delata las influencias de pintores italianos como Paolo Ucello y Andrea del Castagno, por la claridad narrativa y el uso de la perspectiva en el espacio arquitectónico en el que situa la escena, y que parece un palacio renacentista italiano. Al mismo tiempo, el evidente realismo de los rostros, en los que se dibujan las arrugas y la sombra de la barba, recoge la influencia de los primitivos flamencos.


JEAN FOUQUET. Virgen rodeada de ángeles (h. 1450), detalle [tabla derecha del Díptico de Melun]. Museo de Bellas Artes, Amberes.


La tabla de la Virgen, en cambio, es un vivo ejemplo del llamado estilo gótico internacional iniciado por los Hermanos Limbourg, en el que se mezcla el preciosismo cromático de la escuela de Siena y el espíritu caballeresco francés. Las señas de identidad del estilo están presentes en esta tabla de Fouquet: la utilización de colores brillantes y llamativos; las formas estilizadas y suaves, en las que la curva, así como los ritmos ondulantes y retorcidos se prefieren a las sensaciones volumétricas; y la influencia de la miniatura, que se constata en el detallismo y minuciosidad de las representaciones, y que aquí se percibe en la magnífica corona y el trono de la Virgen, adornado con perlas, gemas y láminas de ónice.

Sobre Jean Fouquet, podeis leer un buen artículo en la wikipedia, pero no dejeis de visitar esta otra página de la exposición Fouquet, peintre et enluminer du XVe siècle (en francés e inglés). Para conocer algo más sobre las relaciones de Agnès Sorel y Carlos VII, visita el blog de Ana Vázquez Hoys, o lee la biografía de Agnès Sorel en la wikipedia francesa, algo más completa que su versión en español.


lunes, 1 de febrero de 2010

SIMONE MARTINI, "La Anunciación"

SIMONE MARTINI. "La Anunciación" (1333). Galería Uffizi, Florencia.



"Y entrando [el ángel Gabriel] a donde estaba, dijo, ¡Salve, muy favorecida!, el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas porque has hallado gracia cerca de Dios. Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Jesús. [...]. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto?, porque no conozco varón. Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; lo Santo que nacerá será llamado Hijo de Dios" (Lucas 1, 28-31 y 34-35)

Así se relata en el Evangelio de San Lucas el momento en que el arcángel San Gabriel se aparece a la Virgen María en la Anunciación, y de esta manera lo reproducen sobre una tabla los delicados pinceles de Simone Martini.

La pintura del gótico italiano se va a desarrollar fundamentalmente en la región de la Toscana. Dos de sus ciudades, Florencia y Siena, verán surgir las dos escuelas más importantes. La primera de ellas, encabezada por Giotto, anuncia los nuevos tiempos del Renacimiento. La segunda, más puramente gótica, encontrará en Simone Martini su mejor exponente. Es esta última una pintura que une la tradición bizantina, la maniera greca, con las novedades del gótico que llegaban de Francia, produciendo un arte preciosista en el que los suntuosos colores y las formas suaves y delicadas, producen una pintura con un extraordinario sentido decorativo y aristocrático. El gusto por contar historias de la escuela florentina, se ve en Siena empequeñecido por la acumulación de figuras y elementos anecdóticos.

Todo eso podemos verlo en La Anunciación, pero también el credo pictórico de Simone Martini, que podemos resumir en cuatro grandes ideas. La primera es el gusto por el detalle, de clara inspiración miniaturística. La segunda, su predilección por las formas y perfiles ondulantes, que determinan un ritmo curvilíneo en la composición, que en muchas ocasiones parece recoger las figuras sobre sí mismas. La tercera la riqueza del colorido y los tonos dorados. Y la cuarta, la idealización de los rostros de los personajes, con unos rostros ovalados y ojos almendrados, casi rasgados, que emanan una profunda dulzura.

La obra estuvo expuesta originalmente en uno de los altares de la catedral de Siena, acompañada de otras que narraban diferentes episodios de la vida de la Virgen María, a la que estaba consagrada el templo. A partir del siglo XIII el culto mariano alcanzará una gran difusión en la religiosidad europea, y en el siglo XIV se convierte en uno de los grandes asuntos iconográficos de la pintura, y proliferaron las representaciones relativas a su vida, desde la infancia hasta el ciclo de su muerte y glorificación.


En la representación de Martini, vemos a Gabriel arrodillado frente a la Virgen, casi en el momento de detener el vuelo de sus alas doradas, como parece indicarnos el manto que ondea aún tras su figura. En la mano izquierda porta una rama de olivo, la misma planta de la que está hecha la corona que porta sobre su frente. Tradicionalmente se considera como un símbolo de la paz. En las representaciones habituales suele portar un ramo de lirios, como símbolo de la pureza de María, sin embargo, aquí se suprimió por motivos políticos, ya que el lirio también era el emblema de Florencia, la república enemiga de Siena. El lirio, no obstante, aparece sobre un jarrón depositado en el suelo, un poco más atrás, entre la figura del ángel y la Virgen. De la boca del ángel, las palabras de salutación vuelan hacia María, y puede leerse escrito sobre la tabla: "Ave Maria, gratia plena, dominus tecum".

La Virgen, tal como describe Lucas, parece turbarse ante la súbita aparición y recoge su cuerpo hacia atrás, al propio impulso de las palabras que llegan a ella. Como es tradicional, se la representa leyendo la Biblia. Toda la composición de la figura es una continua línea curva.

En el vértice del arco central, sobre el jarrón, se representa al Espíritu Santo, con su habitual forma de paloma, rodeada de cabezas aladas de ángel. Sobre él podemos ver un medallón vacío. Probablemente estuviese ocupado por una imagen de Dios, cumplimentándose así la Trinidad cristiana, Dios Padre, Espíritu Santo y el Hijo recién concebido.

El resto de medallones, uno sobre cada uno de los cuatro arcos que flanquean al central, muestran cuatro profetas del Antiguo Testamento. De izquierda a derecha, Jeremías, Ezequiel, Isaías y Daniel. Especialmente importante es el tercero, Isaías, que aparece sobre la Virgen portando un rollo con el famoso pasaje de su libro en el que profetizó la Anunciación: "Por tanto, el Señor mismo os dará señal: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel" (Isaías, 7, 14).

Por último, las figura que aparecen a ambos lados del grupo central, corresponden a San Ansano, patrón de Siena, y a una santa que se suele identificar bien como Santa Margarita o bien como Santa Julieta. San Ansano se trataba de un noble sienés que vivió en el siglo IV y se convirtió al cristianismo siendo un niño, predicó la nueva fe y murió mártir a los veinte años. Se le suele representar con la palma del martirio y la bandera de la Resurrección, símbolo de la victoria sobre la muerte. Estas dos figuras no son de la mano de Martini, sino de otro pintor sienés con quien trabajó en numerosas ocasiones, su cuñado Lipo Memmi.

Uno de los aspectos más destacados de la pintura es la utilización del color dorado, que cubre todo el fondo de la escena representada, así como la estructura arquitectónica de arcos apuntados polilobulados que sirve para enmarcar las figuras. Es este un aspecto muy frecuente en todo el gótico, y se debe a la influencia directa de la estética escolástica, que contraponía, aunándolos, lo concreto (lo que no poseía luz por sí mismo) y lo abstracto (la propia luz). El oro gótico es el símbolo de la lux pura, la que está en contacto con lo divino, por eso el oro rodea la imagen de la virgen, ángeles y santos, como ocurre en esta ocasión. Son seres alcanzados por la gracia divina. Cuanto más luminoso fuese un cuerpo, o lo que es lo mismo, cuanto más dorado, más se acercaría a lo divino.

Sobre Simone Martini, podeis leer el artículo de la wikipedia.También el que publicó en Enseñ-arte Juan Diego Caballero. En cuanto a la obra, en el Curso de Historia del Arte de la UOC podeis leer este trabajo, y en CREHA este otro de Ignacio Martínez Buenaga. En cuanto a las imágenes, todas las de este trabajo han sido tomadas de Web Gallery of Art.


miércoles, 27 de enero de 2010

Sens, la primera catedral gótica

Catedral de Sens (siglo XII), nave central.


Aunque el primer edificio que podemos considerar gótico es la iglesia de la abadía de Saint Denis, el gótico alcanza su sentido pleno como estilo e idea en la catedral, y la primera en construirse bajo estos principios fue la de Saint-Étienne de Sens, en el territorio del ducado de Borgoña.

La construcción de la catedral gótica de Sens se inició durante el obispado de Enrique, apodado el Verraco, probablemente hacia el año 1130. Es posible que en su construcción interviniese el maestro Guillermo de Sens, del que no sabemos gran cosa, salvo que fue el introductor del gótico en Inglaterra, y que los documentos que lo mencionan se refieren a su extraordinaria habilidad como carpintero y cantero. A él se debe la construcción del coro de la catedral de Canterbury, que es casi una copia de la de Sens.

En los planes originales del edificio ya se preveía la utilización de la bóveda de crucería, una de las señas de identidad del arte gótico. Si tenemos en cuenta que la reconstrucción de Saint Denis por el abad Suger no comenzó hasta 1135, esto haría de Sens no sólo la primera catedral gótica, sino incluso el primer edificio gótico, si no en realizarse al menos en proyectarse.

En Sens, la bóveda de crucería sixpartita del ábside, como en Saint Denis, es genuinamente gótica, con los plementos perfectamente definidos convergiendo todos los nervios en la clave.

Otro de los aspectos importantes de Sens para el desarrollo posterior del gótico está en la distribución que hace de los paramentos interiores. En lugar de la división cuatripartita habitual, su constructor optó por suprimir la tribuna y colocó sobre las naves laterales un falso triforio, es decir, ni siquiera un corredor, sino aberturas entre las arcadas de la nave central y la galería o claristorio.

Catedral de Sens, vista de la bóveda


En cambio, en Sens todavía no se es consciente de la importancia de la luz, una idea esencial en el gótico que, sin embargo, aparece plenamente en Saint Denis. Las ventanas de las galerías eran pequeñas para el concepto gótico de luminosidad y no será hasta el siglo XIII, cuando este concepto estaba plenamente asumido, que se amplió el claristorio siguiendo el modelo de Notre Dame de París. No debió resultar nada fácil, ya que la reforma obligaba también a modificar la curvatura de las bóvedas.


Planta de la catedral de Sens (siglo XII). El escaso desarrollo del crucero, casi inexistente, contribuye a unificar el espacio.


Por lo demás, su aspecto sólido, austero y sencillo, encaja muy bien con las ideas preconizadas por San Bernardo de Claraval y la arquitectura cisterciense, que en aquel momento estaban gestándose al mismo tiempo que el propio arte gótico. No debemos pasar por alto que el obispo Enrique era uno de los más firmes defensores de las ideas reformistas impulsadas por San Bernardo, además de amigo personal.

Muchas de las novedades introducidas en la construcción de la catedral de Sens, pasaron luego, con modificaciones, a las catedrales de de Senlis y Noyon. También se ha mencionado antes la influencia ejercida en la catedral de Canterbury.

Para ampliar la información sobre la catedral, podeis visitar el artículo de la wikipedia francesa. En esta otra del Ministerio de Cultura francés podeis ver una preciosa colección de fotografías antiguas del edificio en blanco y negro. Aunque si lo que quereis es ver fotografías os recomiendo que visiteis Structurae, con 50 fotografías de la catedral y algunos datos técnicos.

Las fotografías de la catedral proceden de wikipedia, y la de la planta de ars summum.

lunes, 25 de enero de 2010

La arquitectura cisterciense y los orígenes del gótico

Abadía de Pontigny (Francia), siglo XII. Nave de la iglesia (Fotografía de romanes.com)


En las primeras décadas del siglo XII tuvo lugar en Francia una controversia de orden filosófico y teológico que enfrentó, entre otros, a dos de los más importantes pensadores religiosos de la época: Abelardo y San Bernardo. El primero de ellos, se ganó una merecida fama por su afición a las disputas dialécticas, que le convirtieron en uno de los pioneros de la escolástica medieval e hicieron de él un maestro de reconocido prestigio. Sin embargo, para algunos es más conocido por su historia de amor con Eloisa (que podeis leer en este trabajo de Virginia Seguí en Alenarte Revista), una de esas historias de amor eternas que traspasan el tiempo.

San Bernardo, por su parte, su oponente en esta disputa, podemos calificarlo como un místico religioso "cuya santidad no fue suficiente para hacerlo inteligente", como recoge con suficiencia típicamente británica Bertrand Russell en esa obra deliciosa que es la Historia de la Filosofía Occidental. Llegó a ser abad de la por entonces recién fundada abadía cisterciense de Claraval (Clairvaux en francés), y desde allí encabezó un movimiento místico de renovación espiritual que buscaba la verdad religiosa no en el razonamiento, sino en la experiencia subjetiva y en la contemplación.

No es este el lugar (ni creo que tenga yo la capacidad suficiente) para entrar en un análisis de los fundamentos teológicos y filosóficos de esa disputa. Nos limitaremos a decir que la misma no es ajena, en absoluto, al nacimiento del arte gótico en Francia, hasta el punto que uno de los principales historiadores del estilo, Otto von Simson, afirma que "el arte gótico no habría existido sin la cosmología platónica que se cultivó en [la Escuela de la Catedral de] Chartres y sin la espiritualidad de [la abadía] de Claraval".


Abadía de Fontenay (Francia), siglo XII. Nave de la iglesia (fotografía de romanes.com)


Para ilustrar sus planteamientos teológicos en la controversia, San Bernardo utiliza como ejemplo tanto la música como la arquitectura, como hiciera San Agustín. Al hacerlo, expuso una serie de ideas estéticas y artísticas contrarias a la estética imperante en aquellos años y encabezada por los monjes cluniacenses. En primer lugar, San Bernardo muestra una clara iconofobia ante el uso de determinadas imágenes habituales en el románico, especialmente aquellas monstruosas de tipo antropomórfico y zoomórfico. Asimismo, condena también la altura, anchura, suntuosidad y ornamentación de las iglesias cluniacenses, incompatibles en su opinión con la humildad y caridad que debe presidir la vida monástica. Lo expresa de manera inequívoca con estas palabras:

"Dejo a un lado las inmensas alturas de las iglesias, las desmesuradas longitudes, las anchuras innecesarias, las suntuosas decoraciones, las curiosas pinturas que hacen volver las miradas de los fieles e impiden su devoción [...]. ¿Qué fruto [...] exigimos de estas cosas: la admiración de los tontos y la satisfacción de los simples? [...] No pedimos el provecho, sino el donativo [...]. Ante reliquias cubiertas de oro se agrandan los ojos y se abren las bolsas [...] y más se admira la belleza que se venera la santidad. En las iglesias se colocan no sólo coronas gemadas, sino ruedas circundadas de lámparas y no menos fulgentes por las piedras insertas en ellas. Y distinguimos, en vez de los candelabros, una especie de elevados árboles fabricados de pesado metal y con obra de artificio, no más brillantes por las luces que llevan que por sus piedras preciosas. ¿Qué crees que se busca con esto, la compunción de los penitentes o la admiración de los espectadores? ¡Oh vanidad de vanidades, más loca que vanidosa!"


Claustro de la abadía de Rouyamont (Francia), siglo XIII. Claustro (fotografía de romanes.com)


Unos años antes de escribir estas palabras, pero movidos por ideales parecidos, en el año 1098 un grupo de veintiun monjes de la casa benedictina de Molesmes encabezados por Roberto, decidieron abandonar el monasterio e instalarse en un lugar al sur de Dijon, en la Borgoña, casi inaccesible por la maleza y las fieras, para recuperar el espíritu fundacional de la orden de San Benito. Así nacieron el monasterio de Citeaux y la orden benedictina reformada del Císter. Para diferenciarse de los cluniacenses, también benedictinos, adoptaron unos estatutos propios llamados cartas de caridad y adoptaron hábitos blancos, ya que aquellos lo hacían de negro. De allí saldría después Bernardo para fundar el monasterio de Claraval.

Poco a poco, el Císter fue desarrollándose, primero en Borgoña, cuna de la orden y donde se conservan los principales monumentos, y de allí se fue extendiendo rápidamente por Europa, al tiempo que lo hacía la propia arquitectura que adoptaron. Esta arquitectura, al principio, se ajustaba bastante a las exigencias estéticas de San Bernardo. Por lo general, se buscaba una arquitectura espiritual a través de formas claras, puras, sencillas y ausentes de cualquier decoración. Estos planteamientos son los que presiden las iglesias y dependencias de las abadías y monasterios cistercienses, y son ellos los que producen esa sensación de desnudez y soledad que invitan al recogimiento y la vida contemplativa.


Monasterio de Veruela (Zaragoza, España), siglo XII. Nave de la iglesia (fotografía de analizarte.es)


En las iglesias cistercienses no entraba el pueblo, sólo los monjes y los hermanos del monasterio, que ocupaban cada uno de ellos una de las dos mitades de la nave, separados por un cancel o jubé. A ambos lados de toda la superficie se situaba el coro que ocupaban respectivamente.

En la cabecera de las iglesias se impuso la misma austeridad y economía de formas, prefiriéndose el ábside recto y de planta cuadrangular, flanqueado por pequeñas capillas laterales, también de sección recta que se abrían en el transepto. El prototipo de este modelo podemos verlo en la abadía de Fontenay. Poco después se utilizó también el ábside semicircular, como en la propia iglesia de Claraval, incorporando el deambulatorio y las capillas radiales.


Iglesia del Monasterio de Alcobaça (Portugal), siglos XII-XIII. Nave de la iglesia (fotografía de JFVP en wikipedia)


Sin embargo, a medida que crecían la importancia de la orden y aumentaban las donaciones y rentas, los sencillos y modestos oratorios de los primeros tiempos, empezaron a crecer tanto en tamaño como en suntuosidad, alcanzando dimensiones catedralicias, así que, en poco tiempo, se acabó cayendo en aquello que San Bernardo había condenado. Basta contemplar para ello la iglesia de Vaucelles, con sus 132 metros de longitud, una auténtica catedral.

Por otra parte, la importancia de la arquitectura cisterciense radica también en la utilización de determinados elementos constructivos que luego pasarán al gótico y se convertirán en señas de identidad de este estilo, pero que ya habían sido empleados con anterioridad por los constructores cistercienses, como el arco apuntado, los arcos arbotantes por encima de las cubiertas de las naves laterales, los rosetones y las bóvedas de ojiva. Pero el gótico es más una idea, un concepto que la utilización de unos u otros elementos arquitectónicos, y los tres edificios sobre los que se cimentó el nacimiento del gótico, la abadía de Saint-Denis y las catedrales de Sens y Chartres, fueron impulsadas respectivamente por tres personas muy cercanas y afines a las ideas de espiritualidad sostenidas por San Bernardo en sus disputas teológicas, además de amigos personales entre sí: el abad Suger de Saint-Denis, el obispo Enrique de Sens y el obispo Godofredo de Chartres. De tal manera que, si puede decirse que durante el siglo XII la arquitectura cisterciense y la gótica fueron "dos ramas que crecen del mismo tronco y que ponen en práctica los mismos postulados estéticos y teológicos, con la única diferencia que la primera está pensada en la vida piadosa del convento, y la segunda en la de la diócesis" (Otto von Simson, La catedral gótica), a partir del siglo XIII ambos estilos se funden en uno solo. Por todo ello, queda fuera de toda duda la influencia que San Bernardo y el Císter ejercieron en el nacimiento del gótico, aunque no sería la única.


Abadía de Eberbach (Alemania), siglo XII. Dormitorio de los monjes. En ella se rodaron gran parte de los interiores de la película "El nombre de la rosa" (Fotografía de wikipedia)


Entre los ejemplos más notables de la arquitectura cisterciense en Francia podemos citar las abadías de Fontenay, Pontigny, Rouyamont, Vaucelles y Fontfroide, entre otras; en España, los monasterios de Poblet, Veruela, Rueda y Santes Creus; en Italia, las abadías de Fossanova y Casamari; los monasterios de Eberbach y Altenberg, en Alemania; y el impresionante y hermoso monasterio de Alcobaça, en Portugal, para algunos, la más pura y majestuosa del estilo.

En arteguías podeis encontrar un amplio estudio sobre la arquitectura cisterciense. En este trabajo de Gonzalo Fernández se hace hincapié, sobre todo, en sus elementos constructivos . En esta otra página, se puede leer un brevísimo artículo sobre el estilo y responder un pequeño test sobre el mismo. También resulta de bastante interés el artículo de la enciclopedia wikipedia, donde además podreis encontrar una buena colección de fotografías, enlaces a otros páginas sobre el estilo. Entre las galerías fotográficas os recomiendo la página romanes.com (en francés), que se ocupa del estilo en Francia y de donde se han obtenido algunas de las fotografías de este artículo. Por último, en el blog Algargos podeis leer un artículo sobre este mismo tema y disfrutar de un montaje de diapositivas con fondo musical, con imágenes de monasterios peninsulares.

sábado, 23 de enero de 2010

Solidaridad con Haití. El arte no es una prioridad

La mejor colección naif del mundo se perdió en Haití
Tomado de arteselección.com (19-01-2010)


Haití perdió también lo mejor de su patrimonio cultural en el terremoto del 12 de enero. Buen ejemplo de ello es el Museo Nader de Arte Naif, donde se exponía la mejor colección del mundo de esa especialidad caribeña. Apenas 400 de los 15.000 óleos integrados en el conjunto han podido ser rescatados de los escombros. El resto se perdió para siempre.

Era el principal tesoro cultural de Haití, “la memoria artística de todo un pueblo", en palabras de Georges Nader, director del museo y heredero de su fundador. Nader ha declarado al diario español La Vanguardia que, al ver el derrumbamiento del centro, su padre ni siquiera quiso los resultados de la catástrofe. “Ve y rescata lo que puedas”, le dijo con gran amargura. Lo único que sobrevivió fue una mínima parte de la obra de grandes artistas nacionales como Philomé Obin, Valcin, Hector Hyfolite, Benoit, Wilson Bigaud y Bernard Sejourné. Pero el legado de otros creadores importantes se ha perdido para siempre.

El Arte haitiano era la pasión de George S. Nader, quien dedicó toda su vida a apoyar a artistas ahora reconocidos en las mejores galerías del mundo. La Nader Art Gallery ha colaborado para ello con museos tan prestigiosos como el Grand Palais der París, el de Arte Moderno de Río de Janeiro, la Galería Bunkamura de Tokio y Oas de Washington.

Los pintores y escultores haitianos también consiguieron fama internacional gracias a las obras vendidas por la familia Nader a los turistas que llegaban a la capital del país, donde también comenzaron numerosas vocaciones como nuevos coleccionistas de Arte.

La pintura naif nació en Haití durante el siglo XIX como una síntesis del Arte francés y el estilo popular que evolucionó en ese país desde sus orígenes africanos. Ya en el siglo XX, ese estilo se perfiló como propiamente haitiano, destacando en los motivos indígenas y nacionales, con vivos colores y escenas costumbristas.

Muy impresionado por su belleza, el norteamericano Dewitt Peters decidió fundar en Puerto Príncipe el Centro de Arte que lleva su nombre y de ahí partió una fértil historia creativa que a principios de 2010 ha quedado truncada para siempre.

Tras el terremto, tampoco se sabe nada de la suerte corrida por numerosos artistas haitianos y por la obra guardada para siempre en sus talleres. Los directores de las galerías locales que han sido interrogados por el enviado especial de La Vanguardia dicen que han perdido el contacto con la mayoría de ellos y manifiestan su preocupación por lo que haya podido sucederles.

Ahora el mundo entero se moviliza para tratar de aminorar los resultados de la catástrofe, aunque obviamente, el Arte no es una prioridad.

jueves, 21 de enero de 2010

Giorgio Vasari y el estilo gótico

GIORGIO VASARI. Autorretrato (h. 1567). Galería Uffizi, Florencia.



Aunque hoy pueda parecernos extraño, durante siglos el arte gótico, con sus arbotantes, vidrieras, arcos apuntados y bóvedas de crucería, fue considerado como un arte propio de pueblos bárbaros, o al menos como notablemente inferior al arte clásico. No sería hasta el siglo XIX, con la llegada del romanticismo y el nacionalismo alemán, que se reivindica el gótico y el resto de estilos medievales europeos, para situarlos en la base de una cultura nacional y europea. A partir de ahí, se irán superando las connotaciones peyorativas del estilo.

El origen de este rechazo hay que buscarlo en el desprecio del estilo por los hombres del Renacimiento y, especialmente, en las duras palabras que Giorgio Vasari dedica en su famosa obra para referirse a lo que él llama arquitectura tedesca (germánica) o maniera dei goti (estilo propio de los godos). Sus palabras aparecen recogidas al final del capítulo III de su célebre Vidas, que lleva por título De los cinco órdenes de la arquitectura: rústico, dórico, jónico, corintio, compuesto y del trabajo gótico, cuyo pasaje transcribimos a continuación:

Catedral de Siena (siglo XIII)

"Hay otros tipos de trabajos que se llaman alemanes, que son muy distintos en cuanto a ornamentación y proporciones a los órdenes antiguos y modernos. Este orden ha sido abandonado por nuestros buenos artistas por considerarlo monstruoso, bárbaro y sin ninguna armonía, y en vez de orden debería llamarse confusión y desorden. Han construido en sus edificios, que son tantos que han corrompido el mundo, puertas adornadas con columnas finísimas y sinuosas a manera de parras, que carecen de fuerza suficiente para sostener ningún peso; y así por todos lados y con otros tipos de adornos construían una maldición de tabernáculos pequeños, colocados unos encima de otros, con tantas pirámides, puntas y hojas, que parece imposible que puedan sostenerse; y dan más la impresión de estar hechos de papel que de mármol o de piedra. Y en estas obras tantos detalles, hendiduras, repisitas y caulículos que desproporcionaban todo lo que construían, y a menudo, por la acumulación de detalles y elementos, alcanzaban tal altura que al final de las puertas tocaba el techo. Este estilo fue inventado por los godos. Como las guerras destruyeron todos los edificios antiguos y desaparecieron los arquitectos, los modernos empezaron a construir en la forma que hemos dicho, haciendo los techos en ángulo agudo y llenando toda Italia con esta maldición de edificios que, por suerte, no se erigen ya. Quiera Dios librar a los pueblos de caer en el error de concebir tales edificios, que por su deformidad y por carecer en absoluto de la belleza de nuestros órdenes no son dignos de que los describamos"

domingo, 17 de enero de 2010

¿Cuántas imágenes eres capaz de identificar del arte románico?

¿Cuántas imágenes eres capaz de identificar del arte románico? Os propongo realizar este quiz con 25 imágenes de algunas de las obras más importantes del románico europeo y español. El entretenimiento es también una forma de repasar nuestros conocimientos o ampliarlos.


sábado, 16 de enero de 2010

El claustro románico de la Colegiata de Santillana del Mar

Claustro de la Colegiata de Santillana del Mar (Cantabria). Al fondo la galería oeste.


En el arte románico triunfa la escultura monumental, de tal modo que se establece una interesante armonía entre arquitectura y escultura, más apreciable, por lo general, cuanto mayor es la importancia del edificio.

Los mejores y mayores logros de la escultura se plasmaron en los tímpanos de las portadas de iglesias y catedrales, a través de las impresionantes e impactantes representaciones del Pantócrator, el Tetramorfos o las espeluznantes evocaciones del Juicio Final tal como aparece descrito en el Apocalipsis.

Fuera de ellas, la escultura encuentra un nuevo espacio para manifestarse en los claustros de esas mismas iglesias y monasterios. Estos espacios, constituidos por un corredor cubierto, normalmente cuadrado o rectangular, se separan de un espacio abierto, ocupado por un jardín, un pequeño huerto o una fuente, mediante una arquería de arcos de medio punto sostenidas por columnas. En los capiteles y pilares angulares de esas columnas encontrará el escultor románico un espacio propicio para la representación escultórica, desarrollándose lo que se ha dado en llamar capitel historiado. En ellos, la fantasía del artista, en no pocas ocasiones, se desborda, creando imágenes fantásticas y narrando sucesos con un primitivismo y estilo de un encanto indescriptible.


Colegiata de Santillana del Mar. Galería norte vista desde la galería oeste. Siglo XII-XIII


En España disponemos de magníficos ejemplos, como el claustro del monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos), el de San Juan de la Peña (Huesca) o el que hoy nos ocupa, el de la Colegiata de Santillana del Mar, en Cantabria. Los orígenes del templo se remontan a la alta Edad Media, cuando se creó en el lugar un monasterio para albergar las reliquias de Santa Juliana. A finales del siglo XII el monasterio adoptó la fisonomía actual propia de la arquitectura románica, y el claustro pudo concluirse hacia el siglo XIII.

Tiene forma de cuadrilátero irregular y cuenta con cuarenta y tres capiteles esculpidos, repartidos en tres de sus cuatro galerías, y cuyo repertorio iconográfico incluye tanto capiteles historiados como vegetales y geométricos, con una talla de enorme calidad.


Capitel con centauro y tallos entrelazados. Colegiata de Santillana del Mar (Cantabria)


En ellos se da cuenta de diferentes episodios bíblicos, tanto del Antiguo como, especialmente, del Nuevo Testamento. Entre los temas representados aparecen diferentes escenas del Apocalipsis, del Bautismo de Cristo, del Descendimiento de la Cruz, etc.

También se representan animales fantásticos como centauros, dragones luchando contra caballeros, grifos, además de aves y serpientes gigantescas. Estas imágenes fantásticas constituyen algo habitual en la plástica escultórica medieval y se tomaban de los bestiarios, libros que venían a ser como una especie de colección de seres fantásticos o manuales de simbolismo animal. Tuvieron una enorme difusión y popularidad en la Europa medieval y todos ellos derivan del Physiologus, un bestiario cuyo original escrito en griego se ha perdido, pero que conocemos por manuscritos ilustrados con traducciones del texto al latín.

Estas imágenes tenían un origen oriental, bizantino y persa, y aunque no fueron aceptadas fácilmente por los pensadores cristianos, se impusieron de forma rotunda en el arte. Los animales, reales o fantásticos, como el resto de imágenes en el románico, estaban marcados por su simbolismo. En algunos casos, como el de las aves y los grifos, este simbolismo era positivo. Las primeras se identificaban con el alma, ya que pueden volar y ascender al cielo; los segundos se situaban muchas veces en las enjutas de los templos, y se consideraban como guardianes de los recintos sagrados, protegiendo la entrada a los mismos.


Colegiata de Santillana del Mar (Cantabria). Capitel con dragón y ángel.


Otras imágenes que aparecen en el claustro, como serpientes, dragones y centauros, tienen un simbolismo negativo. La serpiente es uno de los símbolos más conocidos del pecado y del demonio, en la iconografía cristiana. En cuanto a los dragones, en el románico suelen presentar más la forma de una serpiente alada y con garras, y es uno de los símbolos demoníacos por excelencia, genuino enemigo de Dios y del hombre. El centauro, por su parte, simboliza la brutalidad y la lujuria y con frecuencia, como ocurre en Santillana, se les representa con arco y flecha.

Los historiadores han notado un gran parecido en el estilo de estos capiteles con la portada románica de la iglesia de Santa María de Yermo (Cantabria), obra firmada por el maestro Pedro Quintana, por lo que es posible que se trate también del autor del claustro de Santillana.

Para saber más sobre este recogido e íntimo claustro románico, puedes consultar tanto la excelente e imprescindible claustro.com, página de Juan Antonio Olañeta con una detallada información y fotografías de cada uno de los capiteles, como la del Románico aragonés. También en arteguías puedes encontrar información tanto sobre la Colegiata como sobre el simbolismo de la escultura románica. Otra colección de imágenes puedes ver en astragalo.net.

Por último, os dejo aquí un video que he preparado con algunas fotografías del claustro tomadas durante mi última visita a Cantabria el pasado verano.

Colegiata de Santillana del Mar from G. Durán / Línea Serpentinata on Vimeo.

domingo, 10 de enero de 2010

Puzzle número 1

Hace tiempo que venía dándole vueltas a la idea de colgar algún juego o pasatiempo relacionado con el tema del blog, y buscando por ahí, he encontrado esta página que permite construir y realizar puzzles a partir de cualquier fotografía. Las principales ventajas que aporta son la sencillez de la herramienta, la rapidez para su creación, permite graduar hasta en cinco niveles la dificultad del juego, desde muy fácil hasta muy difícil, es gratis y no requiere registro.

Además de ser un pasatiempo interesante, ofrece un aprovechamiento didáctico. Frente a otros generadores de puzzles, este no presenta una imagen previa de la imagen, que sólo se muestra totalmente completa cuando se finaliza el puzzle, lo que ofrece una ventaja adicional si de lo que se trata es de jugar no sólo a construirlo sino a identificar la imagen. Por otra parte, nos obliga a prestar atención sobre detalles de las obras, que en una primera mirada pueden pasar desapercibidos. En fin, seguro que a vostros se os ocurren otras muchísimas utilidades y que podríamos compartir.

En esta ocasión, al tratarse de la primera vez, he elegido uno fácil, así como también la obra, asi que supongo que no os costará mucho ni hacerlo ni identificar la pieza. Espero vuestras respuestas.

Dificultad: Fácil





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domingo, 3 de enero de 2010

Morir de amor

RAFAEL DE URBINO. "Donna velata" (1516) Galería Palatina, Palacio Pitti (Florencia).


El viernes santo de 1520, el mismo día que cumplía los 37 años, falleció en Roma el joven pintor Rafael de Urbino. La ciudad entera lloró su muerte. De una manera repentina, a finales de marzo, el artista favorito de León X, contrajo unas fiebres y los médicos, siguiendo la costumbre de la época, procedieron a sangrarlo. No pudieron evitar su muerte unos días más tarde, en los primeros días del mes de abril.

Si hemos de creer a Vasari, el motivo de aquellas fiebres no fue otro que entregarse a los excesos de la pasión y del amor: "Y enamorado de los placeres y abusando de la práctica, en una de estas contrajo unas fiebres que los médicos creían que era una insolación por imprudencia suya, no confesando el exceso que se lo provocó. Le sangraron cuando más falta le hacía para recuperarse de la debilidad en que se zambulló. Por lo que hizo testamento como honrado y cristiano disponiendo medios para vivir a su amada la envió fuera". No es una mala forma de morir, pensarán algunos.

En cambio, si hemos de creer a Longhena, el origen de la dolencia fue más prosaico, según la cual "Rafael era de naturaleza muy delicada; su vida pendía de un hilo demasiado débil por lo que respectaba a su cuerpo, ya que era todo espíritu. Sus fuerzas habían decrecido mucho; y es extraordinario que le hayan podido sostener durante su corta vida. Hallándose muy debilitado, un día, encontrándose él en la Farnesina, recibió orden de acudir a la corte inmediatamente. Echó a correr para no incurrir en retraso; y mientras hablaba allí, largamente, acerca de la construcción de San Pedro, se le secó el sudor encima. Súbitamente, se sintió enfermo. Marchó a su casa; y se vio acometido por una fiebre perniciosa ...". Por último, también hay quien afirma que murió de malaria.

RAFAEL DE URBINO. Triunfo de Galatea (1511). Palacio Farnese, Roma

La primera explicación desde luego cuadra perfectamente con la imagen que Vasari da del maestro, a quien califica de enamoradizo y aficionado a las mujeres, y pone como ejemplo las dificultades que encontró el banquero Agostino Chigi para que finalizase la decoración de las bóvedas de la villa Farnesina en Roma. Más pendiente de su amante y del amor que de pintar, su comitente no tuvo más remedio que acoger a la pareja en su palacio, para que de este modo no se separaran y acabara el trabajo. Algunos autores identifican aquella joven con la modelo del Triunfo de Galatea, la famosa Fornarina.


RAFAEL DE URBINO. "Donna velata" [detalle] (1516) Galería Palatina, Palacio Pitti (Florencia).


Rafael murió soltero, pero estuvo prometido a María Bibbiena, una joven de buena familia, sobrina nada menos que de su amigo el poderoso e influyente cardenal Bernardo Divizio de Bibbiena, a la que continuamente, aunque sin negarse, daba largas para evitar el casamiento. De quien realmente estaba enamorado, sin embargo, era de Margherita Luti, una joven a quien apodaban la Fornarina, por ser hija de un panadero de Siena, que pudo tener su horno en el Trastevere o en la via del Governo Vecchio de Roma. Era por ella por quien suspiraba, y con quien compartía los placeres del amor, y quien se convertiría en la protagonista de alguna de sus pinturas más célebres.

A la dama de su corazón, como llama Vasari a la Fornarina sin nombrarla, la pintó en numerosas ocasiones, pero especialmente realizó Rafael dos retratos extraordinarios. El primero es que el introduce esta entrada, conocido como Donna velata. Rafael resume aquí su ideal de belleza, que reside no sólo en la perfección del cuerpo, sino también en todas aquellas otras virtudes que adornan a la persona como las buenas costumbres, el saber y el hablar, los ademanes, los gestos y otros muchos detalles que no cabe calificar más que de hermosas, como recogiera su amigo el escritor Baltasar de Castiglione en su célebre obra El cortesano. En este sentido, la obra es de una belleza intensa y muestra el amor y el cariño que a Rafael le inspira su joven amante.

RAFAEL DE URBINO. "Donna velata" [detalle] (1516) Galería Palatina, Palacio Pitti (Florencia).


Sobre un fondo oscuro, se recorta la figura de Margherita. A primera vista domina el conjunto, sereno y equilibrado, tanto en la composición como en el colorido de la obra, en el que inusualmente Rafael opta por una reducida gama cromática de la que obtiene, no obstante, una amplia gama de tonalidades de blancos y dorados. El resultado es portentoso, especialmente en el rico vestido de la joven, ampuloso y movido a base de pliegues continuos que permiten admirar las ricas texturas de las telas y aportar volumen a la composición.

Todo lo contrario ocurre con el rostro y la piel, que trata de una forma limpia y sencilla. Rafael prescinde de los detalles para centrar toda la atención en los ojos negros y profundos de Margherita. Si a primera vista pudiera parecer una joven dulce y frágil, su mirada nos muestra una mujer fuerte de carácter o cuanto menos decidida y firme.

RAFAEL DE URBINO. La Fornarina (1518-19) Galería Nacional de Arte Antiguo, Roma.


Pero el retrato que ha hecho correr ríos de tinta sobre la relación de la pareja es el famoso desnudo de su amante. Pintado un año antes de la muerte del pintor guarda algunas similitudes con el anterior. El rostro de la joven presenta unos rasgos más afilados y maduros, pero la misma mirada profunda, limpia y decidida. Repite el mismo tratamiento cariñoso del rostro perfectamente ovalado, pintado con sutiles pinceladas ligeramente veladas y en un continuo juego de transparencias. El casto velo que cubría el cabello de la velata ha desaparecido para dejar paso ahora al famoso turbante, luego tantas veces repetido por otros pintores, bajo él un collar del que pende una joya muy similar a la de la velata, si no la misma. Ambas están formadas por una gran piedra central, un rubí de corte cuadrado, acompañado por otra más pequeña, quizá una esmeralda o un zafiro. Unidas a ellas, cuelga una perla.

Tampoco difiere en exceso la postura, con el mismo gesto de la mano derecha sobre el pecho, sosteniendo en este caso la tenue gasa con que cubre exiguamente su cuerpo. Difieren claro está en el tratamiento.

RAFAEL DE URBINO. La Fornarina [detalle] (1518-19) Galería Nacional de Arte Antiguo, Roma.


Este cuadro sin embargo es toda una declaración por parte de Rafael de la naturaleza de su relación con Margherita, y lo firma de una forma poco habitual, escribiendo su nombre sobre el brazalete que lleva en el brazo izquierdo, como si Rafael nos estuviera diciendo a quién pertenecía la hermosa joven.

El análisis iconográfico de la obra no hace más que alimentar este tipo de especulaciones. La restauración del cuadro ha permitido ver que originalmente el fondo estaba compuesto por un paisaje vaporoso, con sfumato, a la manera de los que hacía Leonardo da Vinci. Rafael decidió modificarlo y puso en su lugar unas plantas. Entre ellas se distinguen un membrillo y un mirto. El membrillo se consideraba un símbolo del amor carnal y era utilizado en el rito matrimonial como un buen augurio y también como símbolo de la fecundidad. El mirto, por su parte, se asociaba a Venus y era la planta del amor y el deseo.

RAFAEL DE URBINO. La Fornarina [detalle] (1518-19) Galería Nacional de Arte Antiguo, Roma.


Pero el elemento más novelesco de la pintura es el anillo nupcial que luce la Fornarina en el dedo anular de la mano izquierda, ajustado a la segunda falange, y que misteriosamente alguien borró, no sabemos por qué.

En fin, no puede extrañarnos que haya quien afirme incluso que el pintor y la modelo se habían casado en secreto. No existe ninguna prueba de esto, aunque este tipo de retratos, no eran frecuentes fuera del matrimonio, y tenían un carácter rigurosamente privado. En ocasiones, se solían ocultar mediante unas tapas o cualquier otro procedimiento.

El caso es que en el lecho de muerte, como si intentara protegerla, Rafael ordenó a sus discípulos que sacaran a Margherita de su casa y le entregaran una cantidad de dinero. Cuatro meses después, según documentos de la época, una viuda hija de un panadero sienés llamada Margherita, entró en el convento de Santa Apolonia en el Trastevere. Dos años después falleció. Hay quien apunta, como Carlos Hugo Espinel, profesor de Medicina en Georgetown, que la causa probable de la muerte fue un cáncer de mama que cree ver en el pecho desnudo de la Fornarina, el único desnudo no mitológico que pintó Rafael. Este punto, sin embargo, es rebatido por otros especialistas como Juan José Grau, oncólogo del Hospital Clínico de Barcelona.

Bueno, de lo que no cabe duda es que la historia de amor de Rafael y la Fornarina y las pinturas, son un argumento literario de primer orden que no ha pasado desapercibido. Si durante el siglo XIX fue un mito romántico citado por numerosos autores, en el siglo XX dio lugar a los cinco sonetos que Rafael Alberti compuso bajo el título "Sobre los amores secretos de Rafael y la Fornarina" y más recientemente a una novela de Diane Haeger titulada en español "El anillo de Rafael" y publicada por Seix-Barral en el año 2008.

Para documentarse sobre la obra de Rafael, os recomiendo este enlace de la página de Patrimonio del Ministerio de Cultura italiano donde se pueden ver todos los detalles de la restauración de La Fornarina y una amplia información sobre el cuadro (en italiano).

Como colofón, añadir nada más que la fascinación de este retrato y la historia que subyace, ha sido enorme en la historia del arte, desde los propios discípulos de Rafael, como Giulio Romano, hasta Picasso. Como prueba os dejo aquí una colección de pinturas en que puede apreciarse la alargada huella de La Fornarina.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

"Basquiat", de Julian Schnabel

Título original: Basquiat
Nacionalidad: Estados Unidos (1997)
Director: Julian Schnabel
Guión: Julian Schnabel (sobre una historia de Lech Majewski)
Reparto principal: Jeffrey Wright, David Bowie, Willem Dafoe, Courtney Love, Michael Wincott, Claire Forlani, Benicio del Toro, Cristopher Walken, Dennis Hooper, Gary Oldman y Tatum O'Neal


Con esta película, el pintor Julian Schnabel hizo su brillante debut en el mundo del cine. Eligió para ello un tributo y homenaje a su amigo el también pintor Jean-Michel Basquiat.

En ella se da cuenta de los aspectos más sobresalientes de su corta biografía. Durante los años setenta, Basquiat era un desconocido grafitero que volcaba sobre las paredes del Soho su carácter rebelde, insatisfecho, pero con una gran carga filósofica. En aquella época firmaba sus obras como SAMO, acrónimo de Same Old Shit (la misma vieja mierda o la misma vieja porquería), y empezó a captar la atención del mundo del arte.

Aquel joven se convirtió casi de la noche a la mañana en una figura mundial. De pintar en la calle pasó a que sus exposiciones en los 80 fuesen uno de los acontecimientos a tener en cuenta en la agenda cultural de Nueva York. Sus cuadros empiezan a ser cotizados por los grandes museos y se pagan enormes cantidades por ellos. Un éxito para el que quizá no estuviera preparado un joven sensible y frágil como Basquiat, que se sumerge todavía más en el mundo de las drogas en el que se movía desde antes, y que le llevaría a una muerte prematura en 1988, con tan sólo 27 años. El suceso ocurrió tan sólo unos meses después del fallecimiento de Andy Warhol, que se nos muestra en la película como su descubridor.

El trabajo de Schnabel nos permite acercarnos al mundillo artístico del Nueva York de los ochenta, de la mano de personajes como Andy Warhol, magníficamente interpretado por David Bowie.

Uno de los alicientes de la cinta es admirar la obra de Basquiat, aunque no la original. Al parecer sus herederos no lo autorizaron. La solución la aportó el propio director. De este modo, podemos ver a Basquiat copiado por Schnabel.

Una buena película, con buen reparto y buenas interpretaciones, que tuvo un paso discreto por las salas comerciales, pero que merece la pena ver y escuchar, por su interesante banda sonora, con interpretaciones de Tom Waits y Charlie Parker, de la que podemos ver aquí una escena.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Centro de recepción de visitantes de la Cueva de El Soplao

JOSÉ RAMÓN SAIZ FOUZ / ALEJANDRA SAIZ VALENCIA. Centro de recepción de visitantes de la Cueva de El Soplao (2007). Cantabria



En el verano del 2005 se abrieron al público para su visita las cuevas de El Soplao, en Cantabria, una maravilla de la naturaleza capaz de fascinar a cualquiera por sus impresionantes formaciones geológicas de coladas, estalactitas y estalagmitas, aunque sin duda, las estrellas del conjunto son las formaciones excéntricas. Al contrario de las anteriores, éstas últimas no tienen eje por lo que, desafiando las más elementales leyes de la gravedad, son capaces de desarrollarse en cualquier dirección y forma. En El Soplao se reúne una cantidad de excéntricas muy superior a las que pueda haber en cualquier otra cavidad. Sorprenden muchas de ellas no sólo por sus formas caprichosas, sino también por su intenso color blanco, puro y resplandeciente.

Aunque las cuevas fueron una explotación minera durante el siglo XIX y buena parte del XX, el descubrimiento de las formaciones geológicas no se conoció hasta el año 1975, quince años después de haber cesado la actividad minera, gracias a la exploración llevada a cabo por espeleólogos cántabros. Durante años se dedicaron a investigarla y concienciar a las autoridades sobre la importancia del hallazgo, hasta su declaración como Monumento de la Naturaleza por el Parlamento de Cantabria y su posterior apertura a las visitas turísticas.


Entre los primeros visitantes que acudieron aquel verano me encontraba yo. Puede decirse que entonces las infraestructuras que acogían al visitante eran las mínimas: un pequeño recinto para la compra de las entradas y otro igual de pequeño donde se vendían algunos recuerdos. La entrada a la cueva se hacía a pie. Eso era todo.

Este último verano he acudido nuevamente, pero lo que allí me encontré es muy distinto. Durante estos años se ha construído un centro de recepción de visitantes, cuyo número se ha multiplicado de forma espectacular. En él se encuentran las dependencias donde se expiden las entradas, una enorme tienda con todo tipo de objetos de recuerdo, la cafetería y un andén de estación de tren con el cual se accede al interior de la gruta. Este último recrea aquellas viejas estaciones de tren de la época en que se extraía el mineral de las entrañas de la gruta.

El proyecto ha sido ejecutado por los arquitectos José Ramón Saiz Fouz y Alejandra Saiz Valencia, del estudio Quid Proyectos y Tasaciones, de Santander. Para buscar la integración y armonía de la arquitectura en el paisaje, los arquitectos han optado por la utilización de la piedra caliza y el hierro, que nos recuerda la historia minera de la cueva. Esa misma idea es la que persigue la estructura de las construcciones, donde se alternan las líneas horizontales del edificio principal con los grandes voladizos asimétricos que cubren la zona de la cafetería y que aprovechan la ladera de una montaña para intentar disimularse en el paisaje, aunque no lo consigan del todo.

El efecto conseguido es el de una tosca elegancia, a lo que contribuye notablemente la solución empleada en algunas de los paramentos, levantados a base de mallas metálicas que sostienen las piedras calizas. Sus formas coloridas e irregulares, encerradas de ese modo por la red, como una jaula, se antojan casi tanto una solución escultórica como arquitectónica, de un bello efecto visual.

La cafetería, rematada como se ha dicho por unos grandes voladizos asimétricos, y recubiertos enteramente de cristales ofrecen un espectacular mirador sobre el verde paisaje de la montaña cántabra. La vista se disfrutaría mejor con un mobiliario más cómodo y acogedor que el que tiene, funcional y anodino, y se suprimiera la zona de aparcamiento que contamina visualmente el panorama espectacular de los valles del Saja y del Nansa.

Para conocer el interior de la cueva, os dejo aquí un video y una serie de enlaces con la historia de El Soplao, fotografías de sus formaciones, y datos de interés por si alguno no la conoceis y teneis el deseo o la oportunidad de visitarla:

jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz Navidad y año 2010

Un año más quiero desearos que paseis una Feliz Navidad y mis mejores deseos para el próximo año 2010. Como felicitación he elegido este año una selección de pinturas de los fondos del Museo del Prado que, tienen la particularidad que no están expuestas al público de manera habitual en ninguna de sus salas, a pesar de la enorme calidad que atesoran la mayoría de ellas. Espero que os guste.

martes, 15 de diciembre de 2009

La mezquita de Almonaster la Real, en Huelva

Almonaster la Real es un pequeño pueblo en la Sierra de Aracena. La carretera que nos conduce a él serpentea suavemente la montaña alternando entre dehesas de encinas, densos pinares, alcornoques, quejigos y castaños. En las zonas próximas a los cauces y riberas de los ríos y arroyos de la zona, creemos reconocer algunos chopos, fresnos y sauces. La comarca se nos muestra con una exuberancia y belleza que capta inmediatamente nuestra atención y nos sorprende como si fuera la primera vez que la viéramos. En esta ocasión acudo en primavera y los colores lucen espléndidos bajo la luz vibrante de mayo.

Alzándose por encima de su caserío blanco y encalado, en una loma que domina el pueblo, se divisa desde la distancia el castillo. La imagen de la maltrecha fortaleza, el caserío y la naturaleza que la rodea, conforma una estampa formidable. Sólo por ella merece la pena acercarse al lugar.

El viejo recinto amurallado alberga en su interior un auténtico tesoro arquitectónico: la mezquita de Almonaster la Real, construída probablemente durante la época de los Omeyas, a finales del siglo VIII y en los primeros años del siglo siguiente, en época de Abderramán III. Al- Munastyr, como la llamaron los pobladores bereberes que se instalaron allí tras la invasión musulmana, debió ser una villa de cierta importancia en la comarca, un iqlin; es decir, la población desde la cual se administraba militar y fiscalmente el territorio. La propia mezquita, erigida de nueva planta sobre una antigua iglesia visigoda, constituye una prueba en sí misma de esa importancia. Para su fábrica se empleó el aparejo toledano, la mampostería, el ladrillo y el tapial, así como algunos sillares graníticos en algunos de los ángulos.

Mezquita de Almonaster la Real (Huelva). Al fondo, en el centro de la quibla se abre el pequeño mihrab.


Su construcción se rigió por los cánones habituales de las mezquitas de sala hipóstila del período califal. Pueden apreciarse todavía, el diminuto patio (sahn) para las abluciones que en Almonaster presenta la singularidad de estar excavado en la propia roca. Al franquearlo, se accede al haram o sala de oraciones, compuesto por cinco naves que se orientan hacia el muro de la quibla. La planta deja apreciar la irregularidad de la sala, con una curiosa forma trapezoidal. En el centro de la quibla, se conserva el mihrab, aunque desprovisto de su revestimiento. Su pequeño tamaño es indicativo de su antigüedad. Tras la llegada de los cristianos en el siglo XIII se le cambió la orientación, se abrió un ábside donde se colocó el altar, se cegó el mihrab, y la mezquita se convirtió en la Ermita de la Concepción.

Las cinco naves del haram están separadas por arcos de herradura que descansan sobre columnas, levantadas a partir de pilares y capiteles reaprovechados de antiguas construcciones romanas y visigodas de los alrededores, por lo que no hay dos iguales.

En el exterior, el antiguo minarete desde el que el almuédano propagaría su voz sobre la serranía llamando a la oración, es hoy el campanario de la iglesia, donde las campanas realizan una función parecida.

Sus pequeñas dimensiones, las formas irregulares, toscas e irrepetidas de sus columnas, tan próximas entre sí, la austeridad y sobriedad de los materiales, la escasa iluminación y la desnudez del recinto, hacen que el lugar inspire una profunda espiritualidad que invita al recogimiento y la contemplación serena del edificio.

En la página de Arteguías podeis encontrar información sobre la mezquita y otros monumentos de la localidad, así como también en la web del Ayuntamiento de Almonaster.
Aquí os dejo una pequeña colección de fotografías que tuve ocasión de tomar durante mi visita.

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