
La novela toma prestado el título de una de las pinturas más misteriosas del Renacimiento, obra del no menos enigmático pintor que fue Giorgione. Es precisamente ese misterio que rodea al cuadro, el que sirve de excusa a J.M. de Prada para tejer una historia de intriga apasionante, entrelazada con una historia de amor, pero también con una interesante reflexión sobre el arte. A través de sus páginas, el autor recoge algunas de las diferentes interpretaciones que se han dado del cuadro por los historiadores y aficionados al arte, como el propio padre del novelista.
Con esta novela, traducida a más de veinte idiomas, y llevada al cine (en una versión que el escritor abomina), Juan Manuel de Prada obtuvo en 1997 el Premio Planeta, si bien es cierto que la calidad de la novela es notablemente superior a lo que suele ser habitual en este premio.
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