lunes, 24 de septiembre de 2012

Sobre los orígenes del megalitismo

Menhir da Belhoa (V milenio aC).
Reguengos de Monsaraz, Portugal.
Aprovecho el comienzo del nuevo curso, y el inicio del temario de la asignatura de Historia del Arte, para recordar un viaje realizado al Alentejo durante el otoño pasado en el que tuve la oportunidad de visitar y conocer algunos de los monumentos megalíticos de la región.

El origen del fenómeno megalítico ha sido uno de los temas más estudiados y debatidos por los prehistoriadores. Durante muchos años se impuso la denominada tesis orientalista, que sostenía que el origen del megalitismo había que buscarlo en el Mediterráneo oriental y desde allí, a  través de la búsqueda de los metales y los contactos comerciales establecidos en el otro extremo mediterráneo, el fenómeno se extendió hacia la fachada atlántica. Siguiendo esta tesis, Smith, por ejemplo, afirmaba que los dólmenes no eran más que una síntesis de las mastabas egipcias; Leeds, por su parte, situaba el origen del megalitismo en las islas Cícladas, donde se documenta algún mégaron a finales del Neolítico; y otros, como Obermaier, Almagro y Arribas, pensaban, en cambio, que era en Creta donde había que buscar el origen del megalitismo, al entender que los sepulcros megalíticos de corredor eran una evolución de los tholoi.

A partir de los años 70 del siglo pasado, las investigaciones llevadas a cabo por Renfrew, aplicando técnicas de datación del Carbono 14 en monumentos megalíticos de Bretaña, las islas británicas, Dinamarca y Malta, vinieron a demostrar, contrariamente a lo que se pensaba, que el megalitismo atlántico era más antiguo que el mediterráneo. Los monumentos de este tipo más antiguos se fechan en torno al 4800 aC y se localizan en Irlanda y Bretaña. En la Península Ibérica, los restos más antiguos se remontan al 4500 - 4300 aC, y se encuentran precisamente en el área alentejana, limítrofe con la Extremadura española que también es igualmente rica en restos megalíticos. Así pues, el area alentejana y extremeña registra la mayor concentración de dólmenes de toda la Península Ibérica. Entre ellos el dolmen más grande de Portugal, el llamado Anta Grande do Zambujeiro; el menhir da Meada,  que con sus siete metros de altura es el más alto de la península; y el cromlech de Almendres, el ejemplo más notable de este tipo de megalito en este territorio y que tenía especial interés en conocer. Sin embargo, las lluvias caidas sobre los caminos de tierra que conducen hacia el mismo me obligaron a desistir de mi intento y dejar la visita para otra ocasión.

Cromlech Xarez do Baixo (4.000 - 3.000 aC aprox.).
Reguengos de Monsaraz, Portugal
Sí pude  visitar y conocer, en cambio, en las inmediaciones de Monsaraz, el menhir da Belhoa o Bulhoa y el cromlech Xarez do Baixo, ambos correctamente señalizados y de fácil acceso, a los pies del risco montañoso sobre la que se levanta ese hermosísimo pueblo encerrado entre las murallas de su castillo.

El primero de ellos se trata de un mehir encontrado en 1970. Apareció fracturado y, para restituirlo a su altura original, se le colocó una base de granito. Los arqueólogos lo fechan hacia el V milenio aC. Sobre el sentido de los menhires también han formulado los estudiosos diferentes hipótesis, que apuntan, en unos casos, al carácter funerario, en otros, a un sentido astronómico relacionado con el calendario agrícola, y una tercera que considera que los menhires podían ser una forma de delimitación territorial o de demarcación del territorio. Con esta última se ha querido relacionar el menhir da Belhoa, ya que en su parte superior están grabados líneas serpentiformes, un gran sol,  y báculos, que pudieran remitir, estos últimos, a la actividad pastoril, como una forma de reafirmación territorial.

Cromlech Xarez do Baixo (4.000 - 3.000 aC aprox.). 
Reguengos de Monsaraz, Portugal

Muy cerca de allí, encontramos el cromlech de Xarez do Baixo, fechado entre el 4.000 y el 3.000 aC. Con motivo de la construcción del embalse de Alqueva, el más grande de toda la Península Ibérica, para evitar que quedara sepultado por sus aguas, se trasladó en 2003 a su actual emplazamiento, junto al convento de Orada. Se trata de un recinto megalítico constituído por algo más de cincuenta menhires graníticos, de los cuales algunos alcanzan el metro y medio de altura, que rodean a un menhir central de 4,50 metros decorado por una línea vertical. Llama la atención la disposición cuadrangular de las rocas, en lugar del tradicional círculo, y que ha sido motivo de polémica entre los especialistas. La misma se debe a la reconstrucción llevada a cabo por su descubridor, el arqueólogo Pires Gonçalves, en los años 70 del pasado siglo. Al parecer se basó en las marcas que decoran una de las caras de uno de los menhires pequeños que forman parte del perímetro y que él interpretó como una reconstrucción de la planta del cromlech. La mayoría de los especialistas entienden que esta interpretación carece de base y nunca ha gozado del consenso de la comunidad científica.

Sobre el megalitismo en general, podeis leer un buen artículo en Mundo Historia, y también estos dos Irlanda y los orígenes del megalitismo atlántico I y la segunda parte del mismo. Por último, más información sobre los megalitos alentejanos, en esta otra.

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