martes, 7 de julio de 2009

Henri Rousseau, la alegría de pintar

HENRI ROUSSEAU. Yo mismo. Retrato con paisaje (1890). Galería Nacional, Praga.



El 2 de septiembre de 1910, en un cementerio parisino, un pequeño grupo de siete personas se reunen en torno a un ataud para dar sepultura a un amigo. El difunto había encontrado la muerte aquel mismo día, a los 66 años, en el Hospital Necker de la capital francesa, un hospital para pobres. Uno de los acompañantes era el pintor Paul Signac. Cuesta trabajo imaginar, ante tanta soledad, que tan sólo un par de años antes, en 1908, aquel mismo hombre había sido agasajado con una gran fiesta por los jóvenes artistas llamados a marcar los caminos del arte en los inicios del siglo XX. El acontecimiento tuvo lugar en el Bateau-Lavoir, el taller de Montmartre del joven Pablo Picasso, y aquel homenaje se conoce como "el banquete de Rousseau", y fue allí donde parece que el homenajeado, dirigiéndose a Picasso, pronunció su famosa frase: "Nosotros somos los dos pintores más grandes de la época: yo a la manera moderna y usted a la egipcia".

Un año después de su entierro, Constantin Brancusi labró una estela funeraria para su tumba con un epitafio del escritor Guillaume Apollinaire:

"Gentil Rousseau tus nous entends
Nous te saluons
Delaunay sa femme Monsieur Queval et moi
Laisse passer nos bagages en franchise à la porte du ciel
Nous t'apporterons des pinceaux des couleurs des toiles
Afin que tes loisiers sacrés dans la lumière réelle
Tu les consacres à peindre comme tu tiras mon portrait
La face des étoiles"


HENRI ROUSSEAU. La carretela de père Juniet (1908). Musée de l'Orangerie (París)



Era el recuerdo que aquel grupo de jóvenes artistas dedicaba a su admirado Henri Rousseau, apodado el Aduanero. El mote le vino dado porque había ejercido durante muchos años el oficio de inspector de aduanas en la parisina Puerta de Vanves. En 1893 decidió dedicarse por entero a la pintura, su gran pasión, por lo que se jubiló de aquel oficio, que le dejó una exigua pensión y le condenó a llevar una vida de grandes apuros económicos.

Algunos años antes había empezado a colgar sus obras en el Salón de los Rechazados y en el Salón de los Independientes, donde lo hacían los pintores que no gozaban del favor oficial y académico. Desde el principio, su pintura, que prácticamente no evoluciona, muestra una personalidad tan fuerte y acusada, que lo hace fácilmente reconocible. Y también desde el principio podemos decir que no dejó indiferente a casi nadie. Mientras unos se burlaban abiertamente de su estilo sencillo, directo y primitivo (naif); otros, los más jóvenes, sintieron de inmediato una gran admiración y simpatía por el pintor y su pintura. Entre estos últimos hay que anotar los nombres de artistas como Picasso, Braque, Signac, Toulouse-Lautrec y Derain, y el de escritores como G. Apollinaire, A. Salmon y M. Jacob.


HENRI ROUSSEAU. La gitana dormida (1897) Museo de Arte Moderno, Nueva York.



Henri Rousseau es un ejemplo de pintor autodidacta, al que le gustaba decir que su único maestro había sido la Naturaleza. Aprendió a pintar copiando durante horas y horas en el Museo del Louvre a los grandes maestros, especialmente a los italianos. Su pintura tenía sólo un objetivo, disfrutar del arte, disfrutar de la pintura en estado puro. Es así como construye un universo vitalista, ingenuo, fresco, pero también enigmático, misterioso y fascinante. Su fuerza radica en el colorido alegre, vistoso y primitivo, con toda la energía de los colores puros.

Al principio, Rousseau se interesa por los retratos y las escenas urbanas del París de fin de siglo. A esta época pertenece su famoso "Yo mismo. Retrato con paisaje", en el que el pintor se nos muestra casi ingrávido, sobre un fondo de París con el Sena y un puente. En la mano su paleta, reivindicando su condición de pintor, y escrito en ella los nombres de Clémence y Josephine, sus dos esposas. En aquel tiempo, era frecuente que pagase favores y deudas con cuadros, como ocurrió con "La carretela de père Juniet", un regalo para el matrimonio Juniet, el tendero y vecino que le suministraba frutas y verduras, y le preparaba alguna comida.


HENRI ROUSSEAU. La encantadora de serpientes (1907). Musée d'Orsay, París.


Después, Rousseau empezaría a pintar las selvas, junglas y paisajes exóticos que le harían famoso, como "La gitana dormida", hoy convertido en auténtico icono del MOMA de Nueva York, y que curiosamente fue descubierto en una carbonería en 1924.

A partir de entonces, sus cuadros empezaron a alcanzar cierta cotización y, en 1905, llegó a cobrar 200 francos por "El león hambriento".

Las selvas de Rousseau son frondosas, pobladas de animales y en muchas ocasiones el escenario de luchas violentas y trágicos acontecimientos, a cuya intensidad y dramatismo no son ajenos el colorido y la luz. Es allí, en ese escenario salvaje, donde se desarrolla el primitivo combate entre la vida y la muerte.

Aunque Rousseau nunca salió de Francia, llama la atención su capacidad para recrear aquellos ambientes lejanos y exóticos. Se suele decir, aunque sin fundamento según sus biógrafos, que el conocimiento de aquel medio le pudo venir por su supuesta participación en la aventura mexicana de Napoleón III, que tuvo lugar durante los años en que el pintor prestaba su servicio militar. Esto es algo que forma parte de una biografía legendaria elaborada por sus admiradores. Lo que es seguro es que Rousseau pasó mucho tiempo en el Jardín Botánico de París reproduciendo aquellas hojas, plantas y árboles.


HENRI ROUSSEAU. Paisaje exótico. Lucha entre un gorila y un indio (1910). Museo de Bellas Artes, Richmond


Rousseau ha pasado a la historia como uno de los más importantes y genuinos representantes de la pintura naif, es decir, primitivos. En aquellos tiempos solían emplear el término despectivo de "pintor de los domingos" para referirse a los que se consideraban pintores aficionados. Pero la pintura de Rousseau no es la pintura de un aficionado, sino mucho más. Autodidacta, quizás ingenuo, pero un pintor honesto, laborioso y enamorado de la pintura. Tras la aparente sencillez de su obra, se revelan composiciones laboriosamente trabajadas, ensayadas y corregidas, por lo que, su apariencia superficial, fácil o infantil, es tan sólo eso, apariencia.

N. Comalrena resume acertadamente el papel y el significado de la pintura de Rousseau con estas palabras:

"Rousseau representa la reacción contra el impresionismo y el naturalismo del siglo XIX, una reacción solitaria y personal, sin base teórica, intuitiva e inconsciente, que marca el precubismo e invita al surrealismo.

Rousseau es el triunfo del entusiasmo y el trabajo; de la sincera e íntima pasión de un pintor por ser artista. Y Rousseau lo consiguió en silencio dedicado a sus colores y a sus cuadros, unos cuadros que no le condujeron al éxito en vida, pero le permitieron pintar como él realmente sentía".

(N. Comalrena. ROUSSEAU el Aduanero: pintor de sueños inexistentes", Rev. Album y Letras, nº 11)

HENRI ROUSSEAU. El sueño (1910). Museo de Arte Moderno, Nueva York

Probablemente las página más completas sobre Rousseau en internet sean El sueño de Henri Rousseau, llamado el Aduanero, cuya versión más amplia y completa es la francesa, pero también se puede visitar en español e inglés; y Henri Rousseau. The Complete works (en inglés), ambas con abundantes datos biográficos, imágenes y numerosos enlaces. En Ciudad de la Pintura y en la galería de wikipedia podeis encontrar buenas colecciones de sus obras. Y para terminar, os dejo aquí una colección de videos sobre Rousseau, algunos con imágenes de sus cuadros y una pequeña información sobre el pintor y otros con interesantes animaciones que nos permiten jugar con sus imágenes, como seguro le habría gustado al Aduanero de haber podido.


2 comentarios:

José Manuel Benítez Ariza dijo...

La alegría y también la voluntad de pintar, porque lo que llama la atención de este hombre es que intentaba hacerlo a la manera de los clásicos, sin conseguirlo. Y su suerte (al menos, póstuma) fue que su pintura llegó cuando otros pintores huían conscientemente de esa pintura clásica que él no lograba hacer. Cosas de la historia del arte, tan curiosa a veces.

Gonzalo Durán dijo...

Efectivamente, la voluntad de pintar, contra viento y marea, y contra las burlas de quienes ridiculizaban su pintura. Un honor y una alegría verte por esta página.

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