domingo, 16 de noviembre de 2008

Marco Aurelio, el filósofo que gobernó un imperio

El pasado mes de agosto todos los periódicos, radios y televisiones del mundo, se hicieron eco de un hallazgo arqueológico y artístico de gran interés. Durante unas excavaciones llevadas a cabo por arqueólogos belgas de la Universidad de Lovaina, en la ciudad romana de Salagassos, al oeste de la actual Turquía, aparecieron los restos de una estatua colosal del emperador Marco Aurelio. Concretamente aparecieron restos de un brazo, de un pié y la cabeza, que reproducimos a la izquierda de estas líneas. Sólo la cabeza mide unos 80 centímetros y pesa 350 kg. La estatua completa era de un tamaño colosal, y se estima que debía medir unos 4,50 metros y que debía formar parte de un conjunto de grandes esculturas que se encontraban en el frigidarium de las termas de esta importante ciudad imperial.




Marco Aurelio fue uno de los emperadores de la dinastía de los Antoninos, y gobernó Roma entre los años 161 y 180. Aunque nació en Roma, en muchas de sus biografías se alude a su origen hispánico. En realidad éste se remontaba a su abuelo paterno, originario del municipio de Ucubi, en la Bética (actualmente el pueblo de Espejo, en la provincia de Córdoba), de donde salió unos cincuenta años antes del nacimiento de su nieto, el futuro emperador. Su gobierno estuvo lleno de dificultades, ya que hubo de combatir contra los partos en Asia y contra los bárbaros en Germania, las Galias y en el Danubio. A pesar de ello, fue un emperador culto e interesado en la lectura desde su juventud. Esa afición le llevaría a escribir, en griego, sus Meditaciones, una de las obras más representativas de la filosofía estoica (si pinchas en el enlace puedes leerlo).

Retrato del emperador Marco Aurelio, Gliptoteca de Munich


De Marco Aurelio se conservan una buena cantidad de retratos, en los que, como en este recién descubierto, siempre se nos muestra con un aspecto melancólico. Sus representaciones se ajustan a los cánones habituales en la retratística de la época de los Antoninos. En este período, la tendencia helenizante que se había iniciado con anterioridad, se acrecienta todavía más. Los retratos barbados eran la moda, y en ellos se hace gala del manejo en la técnica del trépano, que consigue unos extraordinarios efectos de claroscuro, tanto en la barba como en el cabello, que como puede apreciarse, se peinaba en crecidos rizos. Otra novedad del período es la prolongación del busto, que ahora incluye todo el pecho y el arranque del antebrazo, pero sin llegar al codo.


Pero el más famoso y singular de todos los retratos del emperador Marco Aurelio es su retrato ecuestre. Singular porque, aunque el tipo no era nuevo, como se demuestra de uno anterior hallado en las excavaciones de Pompeya, es la única estatua ecuestre de un emperador romano que ha sobrevivido. Parece que los cristianos utilizaban el bronce de las mismas para fundirlo y fabricar imágenes de culto para sus iglesias. La de Marco Aurelio se salvó al confundirlo con Constantino, el emperador que dictó el Edicto de Milán concediendo la libertad de culto para los cristianos.


Estatua ecuestre de Marco Aurelio, Museos Capitolinos, Roma


Durante la Edad Media estuvo en el Palacio de Letrán, en Roma, pero tras la remodelación del Campidoglio por Miguel Ángel, en 1538, se trasladó al centro de la plaza, y para ello, el artista florentino diseñó un pedestal. En ese lugar permaneció hasta el año 1981, tras comprobarse los estragos que el tiempo (el cronológico y el atmosférico) había causado sobre el bronce. Se decidió su restauración, que duró nueve años, y su traslado en 2005 al emplazamiento que ocupa actualmente, en los Museos Capitolinos de la capital italiana. En el Campidoglio, lo que se ve actualmente es una réplica del original.

Réplica en la Plaza del Campidoglio, Roma

Caballo y jinete están fundidos en bronce, en dos piezas separadas. El caballo apoya sólo tres patas, lanzando la otra hacia adelante, quizá porque, como se explica en algún relato medieval, pisaba a un bárbaro vencido, y que hoy ha desaparecido. El emperador monta en el caballo sin estribos (que entonces no se conocían), va sin armas y vestido con botas de patricio y una túnica corta. Sobre ella se cubre con el padulamentum, la capa púrpura que vestían los generales en el campo de batalla y con la que se representan a muchos emperadores. Ponérselo era un acto ceremonial preciso para salir a la guerra y tenía una doble finalidad, ya que aparte de prenda de abrigo, servía para identificarlo durante el combate en el campo de batalla. El brazo izquierdo está extendido hacia el frente, la mirada es directa y todo el movimiento adopta un aire pausado y con la misma orientación. Su belleza explica que fuera tomada como modelo de las estatuas ecuestres labradas en el Renacimiento.

En el video podeis ver imágenes de la plaza del Campidoglio, donde está la réplica de la estatua de Marco Aurelio



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